CAPITULO 30: UN NUEVO COMIENZO

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Tomó la mano de Yuu una vez más antes de que pudiera negarse y lo sacó del lugar.

Mikaela admiró el cambio de Yuichiro tras salir. Cuando el viento frío de la noche revolvió su cabello, Yuu pareció rejuvenecer. Ni siquiera encontró el antiguo cansancio que distinguió al verlo frente a los libros.

Él sabía por noticia de Shinya lo que estaba ocurriendo, pero deseaba que Yuu se lo dijera. Notó entonces que era la primera vez que se veían en el día, puesto que ambos tuvieron que salir en momentos alternos del departamento.

No le parecía el momento más apropiado para ponerse romántico, pero Yuu se veía muy bien con su uniforme de hospital.

Quería besarlo.

Deseaba hacerlo.

¿Qué pasaba con esa pasión abrumadora que ocasionalmente le cegaba la cabeza? Parecía que desde su primer encuentro íntimo, se abrió un mundo completamente nuevo y diferente de sensaciones.
¿Esa sería la razón por la cual las personas se volvían adictas al sexo? No tenía idea, tal vez podría investigarlo para después.

―No recuerdo que mencionaras algún examen cerca, Yuu-chan. ― comenzó. Caminó a su lado hasta que ambos tomaron asiento en los primeros escalones de la entrada a la biblioteca. ―Sigues con tu uniforme y no llegaste a casa, tampoco me avisaste. ¿Ocurre algo?

Yuu juntó sus rodillas y observó la calle vacía. El lugar estaba tan solo que el silencio casi competía con el interior de la biblioteca, la diferencia se encontraba en el canto de los grillos, el sonido del viento y el leve zumbido que hacían los faros que iluminaban la calle.

―Quiero ayudar a un paciente, es todo. ― respondió el azabache, agachando su cuerpo para abrazar sus rodillas y para recargar su barbilla sobre ellas.

Mika ladeo su cuerpo y tocó la espalda de Yuu, acariciándola como un gesto de apoyo ante la extraña desolación que parecía agobiarlo.

―Todos los días vemos pacientes, Yuu-chan. ¿Qué hace a este tan especial?

El pelinegro se tomó un momento para rememorar la escena de esa tarde. Le pareció confuso pues su memoria aún trataba de retener toda la información que había leído.

―Llego una mujer embarazada a urgencias, se llamaba Kazumi. Ella tenía cáncer y estaba en etapa terminal. ― El rubio mantuvo sus obres azules sobre Yuu. ―Pero aguantaba por su bebé, Mika. ¿Puedes creerlo? ―Durante unos instantes, las luces de la calle se reflejaron en los ojos verdes de Yuichiro; la frase había sido pronunciada con una orgullosa alegría. ―No es la primera vez que escucho sobre personas que se aferran a la vida solo para... hacer algo, solo para cumplir un último deseo. Es inexplicable, es... asombroso.

Mikaela se acercó un poco más y recargó su frente sobre la sien de Yuichiro. Ambos se buscaron inconscientemente, deseando sentirse más.

―¿Que ocurrió después?― preguntó el rubio, incitándolo a que continuara hablando. 

―El bebé nació. Yo no estuve ahí porque fui con la trabajadora social. Quería saber lo que sucedería con él cuando su madre no estuviera, porque... bueno no lo sabía. Cuando volví para decírselo a Kazumi ella ya no estaba, no podrá saber lo que pasará con él. ― Yuu cerró sus ojos. Todo parecía más sencillo cuando se encontraba con Mika.
Antes la incertidumbre y la inquietud le molestaban mientras trataba de encontrar algo que sirviera entre tantos libros, pero con el rubio a su lado, parecía que podía encontrar las respuestas con mayor facilidad. ―Fui a revisarlo, Shinya no me dijo nada, ni la doctora pelirroja que... eh... olvidé su nombre.

Mikaela ladeó sus labios en una pequeña sonrisa.

―El bebé heredó la enfermedad de su madre. ― terminó Yuu. La unión de los datos: las manchas en su piel, los medicamentos, el espacio alejado, todo tuvo un sentido cuando unió los puntos. ―Parecen signos tempranos de leucemia.

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