CAPITULO 30: UN NUEVO COMIENZO

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Al inicio de la carrera, Yoichi y Yuu no se encontraron tan entusiasmados al saber que tendrían una biblioteca las 24 horas del día para todo estudiante que deseara un espacio tranquilo.
Solo al inicio. Una semana después de su integración, los dos chicos -junto con los otros cientos que cursaban los demás años- se encontraron amando fielmente a esa biblioteca.

No sería la primera vez en que sentiría las horas escurrirse como el agua por una noche de estudio, pero si sería la primera noche en que irían a buscarlo.


Mikaela encontró a Yuu encorvado sobre un libro, tenía un cuaderno a su lado lleno de garabatos que no logró descifrar por la distancia que poco a poco iba recortando con cada silencioso paso. El ojiverde tironeaba de su cabello cuando parecía frustrarse por información deficiente en los libros y tomaba otro de la pila que tenía en su lado izquierdo.
El rubio se impresionó por la cantidad de libros sobre la mesa: en la pila de la izquierda solo quedaban dos tomos anchos, a su derecha se encontraban tres pilas que rebasaban la altura de Yuu. Sobre la mesa tenía hojas engrapadas que parecían haber tenido mucho uso por la presentación casi amarillenta que daban.

Su pecho bajó al suspirar y tomó un segundo para poder apreciar la imagen de Yuu: Más que ver al chico que amaba, también lograba ver a un médico que deseaba desesperadamente salvar una vida que acababa de dar su primer respiro.

Yuichiro no se percató de su presencia hasta que se hizo notar deslizando sus manos desde sus hombros hacia su pecho, el pelinegro dio un respingo por la caricia y se relajó cuando se dio cuenta de que era Mikaela quien lo abrazaba por detrás.

―No llegaste a casa― Murmuró el rubio en tono bajo para no molestar a los demás estudiantes.

Yuu parpadeo varias veces, saliendo de la ensoñación y del aturdimiento de tanta información para poder revisar el reloj en la pared de la biblioteca. Se sorprendió al notar la hora.

―Lo siento― Respondió con voz ronca. ¿Cuánto tiempo llevaba ahí? Se había brincado la comida, la cena... tras abrir su boca para pronunciar palabra se dio cuenta de que también estaba sediento. 

Una mezcla de sensaciones batallaba en su cuerpo: el deseo de dormir y llenarse de Mikaela, relajarse para olvidar de toda preocupación... y el fuego que lo mantenía despierto, que lo impulsaba a no darse por vencido a pesar de no encontrar información suficiente que le diera un buen pronóstico.

―Vamos, Yuu-chan. ― Pidió Mikaela. Estiró sus brazos para poder cerrar el libro que Yuu tenía y comenzó a juntar las hojas sobre el cuaderno; con ello, logró leer un poco de la información que estaba escrita. Yuu dejó que su novio recogiera sus pertenencias, únicamente observó con desaliento los libros que antes pudo leer.

Se levantó de la silla, su cuerpo tenso y adolorido por tanto tiempo en la misma posición. Se estiró e hizo una mueca por el molesto dolor en su cabeza, incluso la iluminación del lugar parecía afectar un poco a sus ojos.
Mikaela se echó la mochila de Yuu al hombro y con su mano libre tomó la del azabache. Cerró sus ojos y recargó su frente contra el hombro de Mikaela, agradeciendo en su mente y muy en secreto que su pareja fuera un par de centímetros más alto que él.

Tomó el aliento y se separó.

―Lo siento, Mika. No puedo irme. ― Hablo alzando su voz para creer en su propio valor. ―Aún no sé lo suficiente y quiero quedarme un poco más.

―Yuu-chan...― comenzó el rubio pero fue detenido por un coro de "shhh" por parte de los demás estudiantes. Se encogió un poco y rascó su mejilla.
Bueno, nadie dijo que tratar con Yuu era sencillo. Él lo sabía mejor que nadie. ―...Vamos afuera, hablaremos mejor. ― pidió bajando nuevamente su voz.

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