—¡Hija mía, abre tus ojitos por el amor de Dios!— logré percibir la temblorosa voz de mi madrastra, quién se hallaba sumergida en un estado de shock producto de la desesperación.— ¡Despierta, por favor— sollozaba sin consuelo.

Por más que intenté recuperar la movilidad de mis articulaciones, resultó un completo fracaso, pues la descalcificación provocó que mis huesos se volvieran tan frágiles como el cristal de un espejo.
Entretanto, la sangre que no paraba de brotar de mis hondas heridas, se tornó lo bastante incontrolable como para crear una laguna escarlata a mi alrededor.
Y por si todo esto fuera poco, comencé a recibir una ráfaga de ensordecedores bramidos que se dispersaron al impactar mis tímpanos. Indudablemente se trataba del carácter histérico de Jane, quien procuraba despertarme inútilmente de aquella larga y horrenda pesadilla.

—¡Necesito un doctor!, ¡Es una urgencia!. Mi hija se está desangrando, necesito un médico, una ambulancia, ¡lo que sea!, pero ayúdeme vociferó al teléfono, bastante alarmada.

Recuerdo con mucha dificultad la imagen de mi madrastra exhausta, cargándome en sus  brazos para luego trasladarme hacia el interior de una recámara. Allí dentro, acomodó mi cabeza contra la suave contextura de una almohada, mientras tanto limpió la sangre coagulada en mis mejillas.
Repentinamente una seguidilla de fortísimos golpes del aldaba, llamaron a la gran puerta de níquel fundido.

Jane se encontraba notablemente paranoica, pero de todas maneras se armó de coraje y se dirigió rumbo a la entrada.

—¡Llegó el doctor!— gritó con alivio desde lejos.

—Buenos días Señorita Jane Ryder— le estrechó su diestra— ¿Qué ocurrió con su niña?— preguntó con una seriedad electrizante.

—¡Primeramente escuché un grito desgarrador!. Yo me encontraba ocupada tratando de abrir la puerta hasta que de pronto, oí su voz implorando auxilio. Me pegué un gran susto que corrí despavorida a su petición, pero al aproximarme al carro solo me encontré con una escena abominable, puesto que su cuerpo estaba cubierto con sangre, arrojada sobre la nieve teñida en rojo.— relató Jane, al tiempo que se echó a llorar sin consuelo.

—No se preocupe señora Ryder, evaluaré a la niña pero necesito que usted se retire de aquí.— ordenó el médico.

El incómodo jolgorio se esfumó del lugar, dejando en su lugar un silencio preponderante.
Repentinamente, a lo lejos pude oír la misteriosa conversación que llevaba a cabo Jane junto con el médico.

—¿Doctor, qué le ha ocurrido a mi hija?, ¿Por qué reaccionó de una manera tan violenta?— cuestionó mi madrastra con voz baja, tratando de disimular su intenso nerviosismo.

Giré la cabeza hacia un costado para ver su rostro enmarcado por un semblante desconcertante.

—Señorita Ryder, le informo que acabo de suministrar una dosis entera de morfina a su hija, puesto que sufrió una grave crisis de esquizofrenia. A juzgar por sus múltiples flagelaciones, puedo deducir que fue atacada por algo o alguien...— se vio interrumpido ante las exasperadas preguntas de Jane.

—¡Espere!, ¿ha dicho por algo o alguien?. No comprendo. ¿A qué se refiere?— inquirió.

El médico ocultó su rostro de hombre escéptico detrás de una máscara de profunda incomodidad la cual dejó entrever la seriedad del asunto.

Correcto, Señorita Ryder, su hija fue atacada por un ente desconocido. Quizás se trate de algún animal ya que posee innumerables rasguños por cada centímetro de piel, o tal vez ella misma se esté provocando esas heridas.— pausó repentinamente para tomar coraje y continuar— Escuchadme con atención, en el brazo izquierdo de la niña hay dos pequeñas letras hechas con algún material punzante, ya sea navajas, vidrios o alfileres.— concluyó.

El corazón me comenzó a latir descontrolado luego de recordar aquella extraña silueta masculina que advirtió: ¡TU SANGRE SERÁ MI ALIMENTO!.

—¿Existe alguna relación de estas letras escritas sobre mi piel?— pensé en mis adentros.

Todo este enigma me llevó a cuestionar mil cosas. Quizás la paranoia era la causante de mis pesadillas, pero tenía la certeza de que aquel misterioso chico era real y por alguna insólita razón fue él quién me provocó estas heridas, cuyas iniciales están tatuadas sobre la escuálida textura de mi brazo: J.W.

Jeff, mi peor pesadilla©¡Lee esta historia GRATIS!