Granada, la ciudad del pecado (parte 2)

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Ese bastardo sacudió todos nuestros planes; volteó todo de cabeza, hasta el problema con Céline parecía pequeño. Tuvimos que salir del restaurante a toda prisa y dirigirnos a nuestro último recurso: una vieja casa abandonada en las afueras de la isla.

—¿¡Cómo carajos los obtuvo?! —René estaba en un estado crítico entre la ansiedad, la desesperación y el miedo—; ¡ese maldito...!

—Calma —mencioné—, no podemos dudar. Debemos hacer lo que pide y movernos con cautela. Detén todos los movimientos en los barcos, Joanne; y pide a los agentes que se comuniquen. Yo mismo les diré que detendremos la operación.

—¿¡Qué?! —gritó Joanne—, no podemos... ¿Sabes lo que nos harán? Si creen que los traicionamos, no podremos salir de aquí.

—Lo sé —agaché un poco la cabeza, me sentía frustrado, pero no me permití flaquear—, yo arreglaré eso. Tengo algo, no lo pensaba usar hasta que fuera necesario... pero no tenemos alternativa.

—Suponiendo —René resopló con tristeza— que tienes algo que quieran, ¿qué garantía tendremos de que respetarán el trato?

—Lo tenemos, te lo puedo asegurar por mi vida —respondí—; no se negarán. Pero debemos hacer todo al pie de la letra. Joanne, ¿recuerdas la lista que te di el mes pasado?

—Sí, ¿qué tiene?

—Son los encriptados que encontramos en el barco pesquero. Necesito que me los entregues.

—¿Qué rayos harás?

—Ofrecerles una fortuna...

—Es muy arriesgado. —René seguía con un semblante de preocupación.

—Lo es... pero no tenemos alternativa. También necesito que suspendan todas las actividades en el club. No importa que tengan que crear una distracción.

—¿Qué pasará con lo de esta noche? —preguntó Joanne.

—Mueve el evento un par de semanas. Necesitamos quitarnos de encima a ese bastardo. Con él mirándonos, no podemos hacer nada.

Me tomé un momento cuando ellas dos salieron. Necesitaba pensar qué haría. Los agentes del gobierno son corruptos; a ellos no les importa salvar vidas, simplemente quieren poder y dinero. Por ello, no dejarían pasar mi oferta.

Joanne tardó un par de horas en hacer el encargo; los agentes, llamaron a mi celular.

—¿Bradley? —respondió el agente «K».

—Agente.

—De todos los malnacidos con los que trato, jamás creí que Bradley me llamaría. ¿Qué carajos quieres?

—Un plazo.

—Recuerdas el trato, ¿no?

—Sí, por eso te estoy hablando.

—Tienes que hacer nuestro trabajo desmantelando las operaciones de trata. Si fallas un solo mes, habrá órdenes de arresto por todo el mundo.

—Empezamos hace 7 años, ¿cuántas veces he fallado?

—A mí no me vengas con esa tontería. Yo no te daré una concesión, o haces el envío o no lo haces. Se acabó.

—Todavía está en pie el acuerdo. Simplemente debo informarte de una nueva operación.

—¡No seas el héroe! Ese trabajo déjalo para nosotros. Tú únicamente debes dedicarte a cumplir tu objetivo; tienes que hacerme lucir bien ante la prensa internacional, debes continuar salvando a las pobres víctimas de Arata, y permanecer en ese agujero, ¡hasta que yo diga!

Sauvage (+18) (Pronto En Físico)¡Lee esta historia GRATIS!