Capítulo 14.1- Camaleón

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¡Mis Astros Bonitos! Notición: ¡Piel de Luna ya está en la lista corta de los Wattys!  :) No me cansaré nunca de daros las gracias , es tan hermoso leer cada comentario vuestro...me llegan por todas partes... 


No pensaba tocarla. Aunque la putrefacción le recomiera las entrañas y le saliera por la boca. Era la manzana roja del edén, eso era Gigi. Gigi, Georgiana, hasta su nombre le parecía terriblemente seductor. Ahora compadecía a la pobre Eva y se alegraba de que el demonio no tomara forma de serpiente para tentarlo, aunque no estaba del todo seguro si éste vivía dentro de él. 

Desde la escena de la cocina,  su formidable y entregada esposa,  había incorporado una nueva afición en su larga lista:  cocinar. Después o antes de atender los pacientes, Gigi se encerraba junto a Clarissa y aprendía nuevas recetas o, simplemente, trataba de mejorar las pocas que ya sabía. Debía admitir que había mejorado, sí. Eso era, había mejorado como cocinera, como enfermera aspirante a médico, como Señora Peyton y como mujer.  Todo un prodigio, él como marido, había probado su comida, le había permitido trabajar a su lado y le había permitido cumplir sus funciones como esposa en cuanto a decoración, invitados y ropa. Perfecta. 

Solamente había un pequeño detalle, un detalle que empezaba a exasperarle y que ennegrecía todo lo anterior:  su cuerpo. Su cuerpo inalcanzable, no podía : ni besarla ni yacer con ella. Al principio porqué su perfecta esposa se había permitido la osadía de decidir no compartir el lecho con él , pero ya se había vuelto una cuestión de orgullo masculino. No pensaba arrastrarse por el fango, sí en su interior sabía que era su mascota. Una de esas mascotas con pedigree, pero hasta los mastines tenían cierta dignidad al remover su cola pomposa.

Tortura. Pura tortura. Inquisidora sin compasión. Encima tenía desfachatez de presentarse frente a él con esas batas blancas que tan bien le sentaban o , incluso, de ir a buscarlo engalanada con sus mejores ropas y mostrándole su nueva receta. Su amigo. ¿Eso pensaba qué era él? ¿Su amigo? Si no fuera por el maldito ser que inventó el respeto y la caballerosidad ya le habría demostrado qué clase de amigo era él. Pero no, no podía. No podía tocarla ni demostrarle que ardía con su solo aroma, porqué si lo hacía correría como un ratón asustado a esconderse a su madriguera, otra vez.

"Un hombre tiene necesidades"

"Y seguramente una mujer también, ¡pero Diablos! Qué forma de disimularlo"

"¿Lo haría expresamente? ¿Era su forma de castigarlo? Gigi necesitaba una tesis doctoral para ser investigada y, de seguro ,quedaría estancado. Un caso sin resolver. "

Iba a enloquecer, estaba seguro. Sería uno de esos nobles empobrecidos y encerrados en un manicomio, uno en el que contaría que era médico y todos se reirían.  Esa era otra cuestión, el dinero. La fábrica amenazaba con desplomarse en cualquier instante y su labor como Doctor en un pueblo no daba ni para pagar las cerillas. Por si fuera poco, la mayoría de medicamentos que suministraba a los pacientes corrían por su cuenta...Todo por impresionar a esa joven de la que se había quedado prendado hacía cuatro años. ¡Dios Gigi! 

Sin embargo, cual camaleón al color, Gigi se adaptaba a todas las circunstancias con admirable facilidad. Si se sentía ofuscada por el cambio de vida que había sufrido, al menos no lo demostraba. Y si no fuera un tanto ingenuo, incluso pensaría que le agradaba vivir de ese modo. Era eso o pensar que no confiaba en él. No quería su dinero, no lo necesitaba y antes moriría que pedirle algo a ella. Pero no era muy agradable que escondiera su dote entre los libros. Otra cosa más que pasarle por alto. ¿La vigilaba? ¿La espiaba? No del todo , digamos que se trataba de una obsesión mezclada con psicosis. Como fuera, la había visto escondiendo esa carta y no pudo contener su curiosidad por saber qué era. Al principio por celos, sí era eso. Llegó a pensar que fuera la carta de un antiguo amor pero en cuanto vio las quince mil libras a su nombre, Thomas, no supo si reír o llorar...si aliviarse o sentirse peor. 

Manto del firmamento ( IV Saga de los Devonshire)©¡Lee esta historia GRATIS!