Capítulo XVIII: LLANTOS

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—Tengo curiosidad de ver esos refugios.

—Entonces permanece en silencio. —El agua cayó de sus manos y la niña abrió la boca, como si lamentara que el agua hubiera sido derramada sobre las piedras.

—Como quieras, Bastiaan Clark.

Ian miró hacia la niña y le sonrió. Lo que desconcertó a Glen, porque las únicas veces que había visto a Ian sonreír, era de forma burlesca, petulante o irónica, pero aquella sonrisa que le dirigió a la niñita era diferente, parecía... real. Los ojos de él se apartaron de la niña y fueron a encontrarse con los de Glen que seguía observándolo, la sonrisa desapareció con lentitud pero su mirada se hizo más intensa, como si quisiera decirle que era una tonta por confiar en Bastiaan.

Pues no le importaba. Ella confiaba en él, en quien no confiaba era en Ian, siempre pretendiendo ser más listo y mejor que ella. Que se jodiera y se atuviera a las reglas de Bastiaan si quería seguir con ellos.

El sol estaba alto, así que se alejaron del rio. Encontraron a lo lejos una especie de escombros. Eran rocas enormes y suelo llano. No había arboles cerca, pero las enormes piedras daban sombra. Decidieron descansar un rato. Por fin su cuerpo le pasó factura a Glen. Se tumbó en el suelo con la mochila de Bastiaan como almohada y la niña a su lado y se durmió.

Casi de inmediato fue arrastrada hacia un sueño pacifico, uno en donde volvió a la fiesta de la unión y nada malo pasaba. Podía ver a su tía hablando con los señores Shumek comiendo y riendo. Vio a Kaya bailar con Urien, riendo como solía hacerlo y sintió un brazo rodearle la cintura. Alzó la mirada, Bastiaan se la devolvió. Fue un sueño bonito y se perdió en él. Abrazó al Bastiaan de su sueño, lo dejó besarla y se sintió volar. Se separó de él y abrió los ojos, pero su sueño había cambiado, pues ya no veía hacia unos ojos oscuros, sino que unos ojos azules le devolvían la mirada, en su sueño, no había besado a Bastiaan, sino al cretino de Ian Marcone.

 Se separó de él y abrió los ojos, pero su sueño había cambiado, pues ya no veía hacia unos ojos oscuros, sino que unos ojos azules le devolvían la mirada, en su sueño, no había besado a Bastiaan, sino al cretino de Ian Marcone

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Cuando se despertó con un sobresalto se sentía perdida. No recordaba donde estaba, o qué había pasado. Aquello solo le duró unos segundos, luego de refregarse los ojos todo regresó en oleadas. La fiesta de la unión en la fuente espejo, los Eidans y el ataque. La huida junto con Bastiaan, la aparición de Ian.

Tragó a él pensar en este último: Ian Macorne. Se levantó y miró en derredor, estaba sola. Intentado no pensar en el sueño que la había hecho levantarse angustiada, se sacudió la tierra de la falda de su vestido, que había pasado de un blanco inmaculado a mostrar manchas de mugre. Se sintió sudorosa, hambrienta, y no se dijera de terriblemente asustada.

—¿Bastiaan?

Escuchó risas a lo lejos, así que caminó en esa dirección. Provenían del rio, en cuya orilla Ian estaba sentado, mirando hacia el frente. La niña estaba metida en el agua, pero lo más desconcertante de aquella imagen no era el que Ian estuviera riendo o el que la niña también lo hiciera a pesar de lo que había vivido. Lo desconcertante era que el agua del rio se alzaba alrededor de la niña, a veces caía como lluvia y luego volvía a alzarse y forma burbujas que bailaban a su alrededor. Glen miró a Ian, sus manos descansaban en las rocas, si él no estaba haciendo el agua moverse, entonces ¿cómo era posible?

Voluntad de Tierra [Razas #1]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora