Capítulo XVIII: LLANTOS

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El llanto pertenecía a una pequeña niña. Glen le calculó unos seis o siete años. Por un instante viajó en el tiempo, a la época en que tuvo esa misma edad y había perdido a su madre. La niña tenía manchas de sangre en su blusa marrón. Su cabello era castaño, y su piel canela, debía ser una niña Tierra, una que acababa de perder a sus padres, pues cerca de ella encontraron el cadáver de una mujer.

Bastiaan armó una teoría. Presumió que la mujer había huido con la niña hacia las zonas desoladas, pero estaba herida. Fue desangrándose en el camino hasta que no pudo más. La niña lloraba con fuerza, sentada abrazando sus piernas y con la carita enterrada entre las rodillas.

—Esto es peligroso —dijo Bastiaan tras Glen, que se inclinaba frente a la niña e intentaba hacer que la chiquita confiara en ella—. Si nosotros la escuchamos alguien más pudo hacerlo. Debemos irnos de aquí, ya.

—Sí, dame un segundo. Bastiaan, por favor. —Glen lo miró con ojos suplicantes y él accedió, pero se veía preocupación en su rostro. Ian por el contrario no parecía tener opinión al respecto. Estaba de brazos cruzados más allá de Bastiaan viendo la escena como si no le importara—. Hola cariño, necesito pedirte un favorcito. Sé que es difícil, pero es importante. Tu mamá te salvó y estoy segura de que no le gustaría que te pusieras en peligro. —Aquello pareció funcionar, pues el llanto se redujo a gemidos, Glen se sintió en la confianza de hacer un avance físico, tocando el cabello marrón de la niña con cariño—. Bien, escucha. Me llamo Glen, este chico de aquí atrás se llama Bastiaan, es un soldado Fuego, nos va a ayudar a llegar a un lugar seguro. —Hubo más avance. Ahora la carita de la niña comenzaba a elevarse. Glen la observó con aprensión, le apartó el cabello de la cara y le maravilló ver un par de hermosos ojos azules en la carita sucia y congestionada de la niña—. Te llevaremos con nosotros, ¿bien? ¿Confías en mí? —Le tendió una mano y la niña se secó el llanto, aceptando la mano. Glen la puso de pie y le preguntó el nombre, pero la niña no contestó.

Por el momento no importaba, según Bastiaan lo único que importaba era poner distancia. Así lo hicieron, pero la niña les hacía llevar un ritmo más lento, así que luego de diez minutos Bastiaan se quitó su mochila y se le tendió a Glen, tomó a la niña y la subió a su espalda. Al principio todos parecían contrariados, pero luego entendieron y lo siguieron. La niña ya no lloraba, de hecho se aferraba a la espalda de Bastiaan como si le conociera de toda la vida, aunque a cada instante lanzaba miradas atrás, como comprobando que Glen iba tras ella. Glen le sonreía y eso tranquilizaba a la niña.

Anduvieron por largo rato. Hasta que Bastiaan juzgó necesario detenerse. Consiguieron un rio. Bastiaan dejó a la niña en el suelo, que de inmediato corrió hacia Glen, esta le pasó la mochila a Bastiaan, que sacó unas botellas con agua de adentro. Bebieron. Excepto Ian, que bebió del rio.

—Así que... ¿vas a todas la fiestas lleno de provisiones? —Ian tenía el cabello rubio pegado a la frente. Se había mojado la cara con el agua del rio, había bebido también, y luego de pasar mucho tiempo en silencio, volvía a ser el mismo odioso de siempre. Glen le dirigió una mirada de odio. Ian sonreía y jugaba con una burbuja mientras contemplaba a Bastiaan.

—¿Qué es lo que en realidad quieres decir?

—Oh nada —dijo, la niña lo estaba viendo al parecer maravillada por lo que podía hacer con el agua, estaba al lado de Glen que tenía una mano sobre su hombro—. Solo que es un poco extraño. ¿No?

—Soy un soldado. En la red-base estábamos preparados para enfrentarnos a algo así tarde o temprano.

—Esa explicación no me convence.

—Me importa un carajo convencerte. De aquí en adelante puedes seguir tu propio camino, Macorne. De hecho, ni siquiera sé que sigues haciendo aquí.

Voluntad de Tierra [Razas #1]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora