PARTE: 02 (JCEE)

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HANNAH

Después de la inesperada visita del imbécil del niño mimado a mi casa, atendí brevemente a mi madre, quien se le ocurrió visitarme a tempranas horas para desayunar juntas. Debido a que yo misma le he dejado una copia de llaves de la casa, puede venir y entrar cuando quiera. Durante el desayuno hablamos de todo excepto de lo que acaba de pasar.

Ni loca le digo que un hombre estaba aquí y mucho menos que me beso, es capaz de armarme hasta una boda.

Ni en mis peores pesadillas me casaría con ese payaso.

Mi madre siempre a tenido la ocurrente idea de que ya debo casarme, y conseguir un hombre que me ayude a salir adelante, tener una familia tal y como ella lo hizo con mi padre, al igual que mis hermanos que ya están casados. Sinceramente yo no me visualizo como una esposa o madre de familia.

Yo no necesito un hombre para salir adelante, yo por mi propios medios lo lograre y ya esto cada vez más cerca de de lograr unas de mis metas me de enfermera en un año.

Un vez culmine mi desayudo junto a mi madre. Me aliste para ir al café como era de costumbre y luego a la universidad a ver mis clases de enfermería correspondientes. Ya por la tarde casi al anochecer invite a mi amiga Gail a mi casa un rato, teníamos muchas cosas por hablar. Le comente todo lo que ha ocurrido con el idiota, desde que comenzó con lo de la bendita demanda, que ha perseguido en la universidad, en el café e incluso que hoy en la mañana había venido a mi casa.

—Entonces me beso.— confese entre dientes. Me encontraba sentada en el sillón que esta en mi habitación mientras que Gail estaba sentada en el borde de la cama frente a mí.

—¿En serio?— pregunta incrédula.

—Si.— afirmo. —Pero fue horrible, en vez de película romántica, parecía película de terror.— añado dramática asiendo una mueca de asco.

—No seas exagerada.— chasquea la morena. —Ni que no hubieras besado antes.— agrega.

—Bueno. Por lo menos he besado a más chicos que tú.— respondo burlona al señalarla.

—No me importa, por lo menos han sido dos.— comenta encogiéndose los hombros.

Si claro, ella nada más cuenta a Ihan, y a David, porque a Christtopher nunca lo beso.

—Creo que se te olvido alguien. ¿O te recuerdo lo qué paso en la playa?— inquiero irónica y ella me fulmina con la mirada.

—Ya no vayas a empezar, estamos hablando de ti no de mí.— réplica arrojándome la almohada que tenía en su regazo por lo que yo la atrapo con mis manos y comienzo a reír. —¿Cómo fue qué paso?— pregunta cambiando de tema.

—Sí, ahora finge demencia.— ataco rodando los ojos. —Bueno. Como te dije él vino esta mañana con el pretexto de que le debo pagar la demanda. Luego me pidió té, cuando se lo fui a entregar me tropecé lo que causo que le quemara el pecho, fui por el botiquín para curarlo y no sé. De un momento a otros nos quedamos viéndonos fijamente a los ojos y me beso.— relato por lo que ella suelta un grito de emoción y se levanta de un salto.

—Te beso. Te beso. Se besaron. La beso. Lo besaste y te beso.— comienza a decir de manera cantarina mientras mueve las caderas de derecha a izquierda.

—Ya cállate Abigail.—le ordeno arrojándole la almohada de vuelta la cual atrapa con sus manos y se tiende de en mi cama boca arriba.

—Amo el karma.— dice mientras ríe.

—¡Ya, Gail!— le pido de nuevo. —Que todavía siento náuseas. Me he lavado la boca miles de veces.— imploro de nuevo asiendo una mueca de desagrado.

Jugando A Ser Esposos: Gail & Mika ©¡Lee esta historia GRATIS!