CAPITULO: 60

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MIKA

Dos meses después...

Un zumbido se cuela por mi oídos aun en lejanía de mi sueño como si pronuncia mi nombre repetidas veces.

—Mika.— vuelo escuchar el llamado tan lejano para mí y me remuevo un poco en la cama. —Michael...

—Mmmm.— murmuro sin ser capaz de abrir los ojos por la pesadez, me siento cansado y sin energía.

Solo quiero dormir.

—¿¡Russell!?— grita más fuerte al tiempo que siento una patada en mi pierna izquierda.

—¿¡Qué!?— grité levantándome de un sobresalto aturdido y mi corazón se dispara en ritmo descontrolado.

—Tengo hambre.— dice Gail y allí soy más consciente.

—¡Dios!— implore llevándome las manos a la cara y luego le doy un vistazo al despertador. —Gail son las dos de la mañana.— me quejo tendiéndome otra vez boca arriba en la cama cerrando los ojos aun tratando de recuperar mi ritmo cardíaco.

Esta mujer me va a matar de un infarto si sigue levantándome así.

—«Tengo hambre.»— repite otra vez en español, pero he escucha tantas veces esa simple oración que ya sé a que se refiere.

—Hace tres horas me levantaste a lo mismo, eso te puede hacer daño...

—«Tengo hambre.»— lloriquea y tira de la manga de mi camisa como si fuera una niña haciendo berrinche y sé que no me va dejar hasta que busque lo que quiere. Tomó algo de aire, enciendo la lampara a mi lado derecho y me giro a la izquierda para verla.

—¿Qué quieres ahora?— pregunté y eso fue como si mencionara las palabras mágicas.

—«Quiero arroz con leche.»— dice sonriente y a cambio frunzo el ceño.

—¿Ah?— expresé confundido.

—«Arroz con leche.»— enfatiza aun en español, pero sigo sin entender.

—Si me hablarás en inglés te entendería.— le reprocho por lo que me da una mirada asesina.

—¿¡Que quiero arroz con leche!?— implora en voz alta taladrando mis oídos ahora si en inglés.

—¡Pero no grites!— le pido.

Desde que supo lo del embarazo ha optado por hablar con más frecuencia su legua natal, según así para que los bebés entiendas ambos idiomas, pero a mí me va a volver loco.

—Solo ve.— rezonga otra vez lloriqueando y patea mi pierna constantemente para que me levante.

—¿Dónde se supone que voy a conseguir eso a esta hora?— pregunto incrédulo.

—Michael.— demandó otra vez y con toda mi paciencia me levanto de la cama para ir a la cocina.

He hecho tanta veces que ya parezco sonámbulo rondando por la casa y solo han pasado dos meses desde que nos enteramos que seríamos padres y ya me siento agotado. Dos o hasta tres veces Gail me levanta a buscarle algo de comer y lo peor es que si no es algo que tengo a la mano me manda ir a la tienda de veinticuatro horas, como si eso fuera tan sencillo a altas horas de la madrugada. Comprendo que ahora tenga que alimentarse por tres pero no creo que le haga bien, a veces que termina expulsando todo a causas de las náuseas. Por lo que dijo la gineco-obstetra es normal en su estado los primeros meses del embarazo que no tolere cierto alimentos, aunque por lo visto ahora come cosas que aborrecía, mayormente las náuseas vienen luego de comer.

Jugando A Ser Esposos: Gail & Mika ©¡Lee esta historia GRATIS!