Capítulo 7: Céline Bisset

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Media botella de whisky y tres cervezas no lograrían ni marearme. Pero aquella noche, quizás lo que me embriagó fue el recuerdo de Juliette, que por más que evitaba, se me presentaba en Céline.

Cambié de mesa para estar más cerca. También, le pedí a Leah que llevara un micrófono. La conversación fue un poco más que tediosa. Ese par de idiotas —el que se hacía pasar por mí y Andrew— solo sabían presumir sus «grandes fortunas». En cierta forma, compadecí a la pobre Leah.

Su hablantina era tan aburrida, que ni ebrio encontraba el gusto por oírlos. Sin embargo, una emoción dentro de mí despertó cuando Céline pronunció un par de palabras.

Tal vez haya sido el alcohol, o una vaga esperanza por recuperar la vida que tuve, pero esa era la voz de Juliette. Era un poco diferente, un timbre de voz un poco más juvenil. Sin embargo, mi corazón latió muy fuerte cuando la escuché.

No había duda de que René estaba consiente de mi reacción. Mi sobresalto fue tan obvio que hasta ella misma sonrió.

—Es ella, ¿verdad? —preguntó René con una sonrisa que rebozaba en carisma.

—No lo sé —respondí—, no puede ser ella... no quiero que sea ella.

Los minutos pasaron, y la conversación seguía girando entorno a estupideces banales que a nadie le interesan. Pero Céline se limitaba a responder de manera corta. Era imposible entenderla cuando todo se lo guardaba.

Quise gritarle que hablara —en medio de mi desesperación—, pero casi cuando estuve a punto de levantarme de la silla y preguntarle si de alguna forma impensable ella era Juliette, Céline comenzó a soltar sus labios.

Habló con una soltura que solamente era posible por el alcohol. Comenzó por cosas básicas, como su lugar de nacimiento y su paso por diversas escuelas privadas; el apellido de su familia, mismo que conservaba de casada; también mencionó un poco de su trabajo, y su estadía en Marsella.

—Ahí conocí a Andrew —mencionó Céline—, trabajé para su padre casi toda mi vida. En realidad, prácticamente nos criamos juntos.

—Tuvimos a los mismos profesores —aseguró Andrew—; desde que éramos pequeños, compartimos nuestra formación académica. Mi padre estaba tan orgulloso de esta mujer que casi creí que me dejaría en la calle.

Céline carcajeó un poco y después pidió que hicieran un brindis. Uno por el hombre que los unió.

—Si no fuera por el padre de Andrew, jamás hubiera conocido a este gran hombre. Hagamos un brindis por él, y por su descanso.

Leah interrumpió la conversación cuando acabaron el brindis. Ella es muy inteligente, sabe dónde presionar, y la forma correcta de hacerlo.

—¿Lo querías mucho?, ¿verdad? —sentenció Leah con un tono de voz claro y humilde.

—¿A quién? —respondió Céline.

—Al padre de Andrew, parece que fue un gran mentor. No quiero ser impertinente, pero parece que lo admirabas.

—No solamente lo admiraba, era mi modelo a seguir. Él me enseñó todo lo que sé sobre los negocios. No diría que fue un padre, pero sí el mejor amigo que he tenido.

—Me hubiera agradado conocerlo.

—Sin duda, aunque era un poco asocial. No le gustaba mucho convivir con nadie. Pero cuando lo entendías, era muy bueno. Es una pena que haya muerto... Tenía muchos proyectos.

—Imagino que los están haciendo realidad. Por lo que me cuentan, su empresa es muy fuerte en el mercado americano. No debes sentirte triste, algún día lo lograrán.

Sauvage (+18) (Pronto En Físico)¡Lee esta historia GRATIS!