La noche anterior (parte 2)

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—Todo mundo los está viendo —aseguré—, deja de fingir y míralos directamente. La sonrisa de Céline no puede estar más forzada; la comisura de sus labios está muy tensa. Mira cómo se mueve su pecho, está muy agitada. Y si continúa apretando más su falange, se la romperá.

—Tienes razón, casi entierra sus propias uñas en su dedo. ¿No le dolerá?

—No, le duele más la humillación pública. Pídele a Leah que controle la situación. También pídele que les diga que está ahí por órdenes del jefe, pero que no revele tu identidad. Quiero que sigan creyendo que Cooper es el dueño.

—¿Para qué? Ya ni trabaja aquí.

—Porque necesitamos eso; si creen que Cooper es el dueño, podemos cambiarles el juego las veces que queramos.

Como esperaba, Leah calmó los ánimos en unos segundos. La cena siguió de una forma tranquila. Incluso, ofrecimos pagar la tintorería, cambiar los atuendos e invitar una mejor botella. La mejor de la casa.

A media noche, Joanne pidió un minuto para hacer un brindis. De nueva cuenta, su vestimenta era atrevida, encantadora e incitaba a la lujuria.

—Un momento —interrumpió Joanne la cena—, quiero que hagamos un brindis.

Las parejas, apostadas alrededor del salón, dirigieron sus miradas a Joanne. Todos escudriñaban con cuidado las curvas de esa mujer madura.

—Quiero brindar por todos ustedes —espetó Joanne— que están por unirse a nuestra comunidad. Somos una sociedad muy exclusiva, y tenemos un código entre nosotros. Ustedes que están por entrar, pronto conocerán las reglas. Sus «supervisores» se las harán saber. Para mí es un gran honor darles sus primeras tres indicaciones: bajo ninguna circunstancia —Joanne, levantó su copa y miró a todas las parejas nuevas— pueden revelar o pedir la identidad de alguien. No pueden poner en peligro la seguridad física, psicológica o emocional de ningún miembro. Y no pueden acercarse a ningún miembro con mayor rango que ustedes. Si rompen alguna de estas tres reglas, serán expulsados inmediatamente, y sus acciones tendrán consecuencias en la vida real. Pero si ustedes actúan con diligencia y humildad serán premiados enormemente. Esta noble casa siempre regresa lo que recibe.

Todos se levantaron para aplaudir el discurso de Joanne. Después, el equipo encargado de servir la «comida principal» entró al cuarto y colocó algunos de los platillos sobre la mesa de bienvenida. Los dispusieron a los costados dejando 5 grandes espacios en el centro.

Aunque he visto este acto varias docenas de veces, aún me sorprenden las reacciones de las parejas. Es increíble su expresión cuando las 5 personas entran desnudas. Aquella ocasión fueron tres mujeres y dos hombres; ellos entraron desnudos caminando con naturalidad.

La primera mujer, de facciones delicadas y estatura corta, se posó en el centro. La segunda posición, la ocupó un hombre atlético, caucásico, de ojos azules, semblante delicado y muy alto. La tercera, la ocupó un hombre afroamericano, su robusta figura contrastaba con los demás; era alto, musculoso y de un aspecto feroz, pero con un rostro estéticamente perfecto. Las dos mujeres restantes, ocuparon los últimos dos lugares; una se colocó con delicadeza sobre el extremo izquierdo, sus pecas y cabellos rojos hacían sintonía con los colores de la comida; la última, ocupó el extremo derecho, su piel morena y ojos verdes daban un aspecto exótico.

Cuando ellos estuvieron en sus lugares, los encargados colocaron con cuidado la comida sobre sus cuerpos. Los pezones rosados de la chica pelirroja fueron bañados con una salsa de pétalos de flores. También, colocaron frutos, verduras y comida sobre su cuerpo.

La chica del centro, de facciones orientales, fue adornada con una cubierta de flores y frutos rojos. La última chica fue bañada en chocolate blanco. Los hombres fueron cubiertos con carnes de diferentes animales. Todo fue colocando con un detalle exquisito: la perfección de la piel de esas personas jugaba con los colores, sabores y olores de la comida.

—¿De dónde sacaste a los «power rangers»? —cuestionó, entre risas, René.

—¿A los qué? —respondí.

—Todos son de diferente nacionalidad, con rasgos muy marcados. Sin duda el chico es afroamericano, la mujer del centro es oriental, el otro tipo me parece inglés por su cabello rubio. Por sus caderas y rasgos, la última chica es latina. Y la pelirroja, no estoy segura, pero apostaría que es australiana.

—Ni me había dado cuenta, pero no fui yo.

—Fui yo —interrumpió Joanne—, yo misma los escogí.

—¿De dónde los sacaste? —pregunté.

—Son singles que están aspirando a entrar; sino pueden pasar esta primera prueba, se van.

—¿Y cuál es esa prueba? —preguntó René.

—Castidad —respondió Joanne—. Pueden ser tocados, mordidos, besados y acariciados, pero bajo ninguna circunstancia deben responder.

—Pobres —contesté—, definitivamente con tanta estimulación están excitados. Desde que iniciaron han lamido a ese tipo hasta en su conciencia.

—Definitivamente es una tortura para esos 5, y para todas las parejas —mencionó René.

—Les irá muy bien si pasan —contestó Joanne—. Por cierto, ¿qué hacen aquí? También estuvieron en la reunión pasada, ¿verdad?

—Simple curiosidad —respondí.

—Jamás los había visto en estos eventos, y ahora acuden a dos seguidos.

—Joanne —René tomó una de las papas de su plato, clavó su mirada en esa mujer y respondió con gran seguridad—, la jefa soy yo. No tienes que cuestionarme. Además, es bueno que conozca a los nuevos, siempre nos has pedido que nos involucremos más.

—Es simple curiosidad —respondió Joanne.

—Me alegra —interrumpí—... que escogieras frutas y postres dulces, no imagino qué hubiera pasado si hubieras elegido alguna temática con comida mexicana extra picante.

—Hubiera sido divertido —aseguró René.

—La verdad es que pensé en algo así. Pero no quise ser tan cruel —respondió Joanne.

—Eres el diablo, mujer —contesté.

—Gracias, querido —mencionó Joanne—, ya abrí cursos los viernes.

—Ni hablar —respondí—. Por cierto, ¿qué opinas de esa pareja?

—¿La del vino tinto? Hay rumores de que están aquí por los contactos, creo que no podrán entrar. Hasta ahora se han comportado, quizás puedan ser invitados en algunos eventos. Pero dudo mucho que los miembros los acepten.

—Interesante —respondí—, ¿quién será su supervisor?

—La mujer es muy hermosa —aseguró Joanne—, hay 7 parejas que se han ofrecido. Pero creo que los pondré con los Jones.

—¿Por qué con ellos? —preguntó René.

—Son lo más indicados, «jefa». Ellos pueden encargarse muy bien de saber qué quieren aquí. Si encuentran algo sospechoso, los sacarán.

—Pon a Leah —interrumpí de manera tajante.

—Bradley —Joanne robó una de las papas en mi plato y me miró fijamente—, ella está ocupada atendiendo otras cosas. No puedo cambiar todo.

—Quiero que Leah trabaje con ellos —aseguré—, no puedes cambiarla. Nosotros ya habíamos decidido que fuera así.

—Bien —Joanne respondió con un gesto de molestia—, pero te robaré otra papa. ¿Algo más «jefes»?

—¿A qué hora empezaras las entrevistas? —pregunté.

—En este momento —respondióJoanne—, le pediré a Leah que se quede con ellos, y yo me encargaré de sutrabajo.    

Sauvage (+18) (Pronto En Físico)¡Lee esta historia GRATIS!