La noche anterior (parte 2)

88 27 2

A las doce con cinco minutos llegó Leah. En cuanto entró al club, uno de los chicos de René le dijo que se encargara de la pareja.

—¿Sabes que no tiene ninguna oportunidad con Leah? —El humo del cigarrillo de René se perdía entre la oscuridad, pero sus ojos estaban fijos en mí—, ¿si recuerdas que a ella le gustan las mujeres delgadas?

—Jamás lo olvidaría, pero también tiene una debilidad por cierto tipo de hombres.

—¡Te atreviste a hacerlo! —gritó con gran sorpresa.

—Nunca me acercaría a Leah, pero la otra vez entré al almacén sin tocar... y lo vi todo.

—Tendré que hablar seriamente con ellos... ¿A qué rayos fuiste al almacén?

—Ya no tenías whisky.

Arrojándome todo el humo en la cara, René apretó los dientes y apagó el cigarrillo. Ambos nos tomamos un par de tragos para tranquilizarnos. Teníamos que estar totalmente concentrados porque nuestras víctimas estaban a escasos 12 metros de distancia.

—Bien, ¿qué hacemos? —preguntó René.

—Observar, ¿pediste que cambiaran su botella?

—Sí, les envié lo más barato que tenemos. También pedí que rechazaran su tarjeta.

—Perfecto.

—¿De qué te sirve eso?

—Presión, quiero ver cómo responde Céline ante la presión.

—¿Y ese bastardo?

—A él lo conozco de sobra, pero ella es un completo misterio.

—Ya entiendo...

A lo lejos, vi al mesero llevarles la botella. Como esperaba, ese idiota se molestó y ordeno que hicieran el cambio. A los pocos minutos que regresó el mesero con la nueva botella, declinó su tarjeta. Céline lucía muy tranquila, lo contrario a Andrew.

Por un instante, vi un pequeño gesto que llamó mi atención, Juliette solía jugar con sus dedos cuando estaba nerviosa, y Céline hacía lo mismo: movía su anillo de casada, y acariciaba sus manos.

—¿Qué tanto ves? —preguntó René.

—A Céline, está nerviosa. Presiónalos más.

—¿Cómo?

—Pídele al mesero que tire algo sobre ellos... Quizás la comida, una copa, ¡lo que sea!

René atajó a una de las chicas que estaban atendiendo a las parejas. Le murmuró algo al oído y me dijo sonriendo: —Esa mancha será imposible de quitar.

Después de caminar unos pasos sin sentido, la mujer que habló con René se dirigió directo a la mesa de Céline. Dio algunos pasos antes de fingir que se tropezó con la alfombra. Y, en realidad, el acto fue impecable: trastabilló, golpeó la charola con la palma de su mano y lanzó las copas hacia la feliz pareja.

Lógicamente que la conmoción hizo que todos voltearan. Ninguno de los dos alcanzó a esquivar las copas. Así que —obviamente—, ambos quedaron bañados en vino tinto.

Andrew se levantó con un gesto fúrico, quiso gritar, pero en cuanto se percató que todo mundo lo miraba, volvió a sentarse con un lenguaje corporal que se traducía en indignación, pero no cualquier clase de indignación; su actuación era digna del ego y orgullo más grande que he visto.

—¡Listo! —mencioné—; Céline está furiosa.

—¿Estamos viendo lo mismo? Yo veo que está incomoda, quizás nerviosa. Pero para nada está enojada, hasta sonríe.

Sauvage (+18) (Pronto En Físico)¡Lee esta historia GRATIS!