31. Sorpresa

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La semana había pasado sumamente larga para Gerard o eso según él. Estudiaba en línea y tenía que ir a las terapias, era algo pesado pero le gustaba. Sentía un gran cambio en él e incluso había vuelto al cabello negro. Entendió que a Frank él le gustaba como fuera y que un color no debía darle más seguridad que otro. Al principio cuando llegó a las terapias se sintió sumamente nervioso, tímido e inseguro. Esperaba una mala reacción de los chicos al verlo vestido como normalmente lo hacía, sentía que lo juzgarían y hasta dirían cosas malas. Pero eso no pasó, todos fueron muy amables con él e incluso se disculparon cuando lo confundieron con una chica. Algunas chicas rápidamente quedaron encantadas con su cabello y forma de vestir. Todo había sido demasiado bueno que ya se sentía incluso entre amigos cada vez que llegaba. Sus padres le estaban apoyando al 100% en todo. Como siempre lo hacían. Todo estaba bien solo necesitaba a Frank con él.

El día sábado llegó siendo algo cálido por lo que Gerard había optado por ponerse una camiseta que era de Frank, la cual el mismo castaño le había regalado. Era color blanca y le quedaba algo holgada. También se colocó un par de shorts de mezclilla algo cortos por lo que su padre le había prohibido salir a la calle con ellos. Su padre era a veces muy protector, pero le amaba demasiado como para arriesgar a su pequeño hijo de alguna forma. Pero al fin y al cabo con eso y sus converse Gerard estuvo listo con su atuendo en casa.

Tenía algunas tareas pendientes del instituto así que se sentó en la mesa para poder hacerlas. Algo aburrido buscó algunas frituras y un jugo para comer mientras. Su cabello terminó siendo una coleta mal hecha y se comió toda la bolsa de frituras.
Estaba por terminar aquel informe en la computadora pero estaba recostado sobre su brazo apoyado en la mesa logrando casi quedarse dormido.
El timbre de la casa sonó haciéndole reaccionar y volver a la realidad. Se talló los ojos un poco y caminó hasta la puerta para ver quién era. Sus padres no estaban en casa habían salido a un almuerzo y regresaría hasta la noche. Y Michael, él estaba dormido en su habitación temporal.

Abrió la puerta con pereza y dio un pequeño salto al ver hacia afuera. Un peluche de cerdo podría decirse que mas grande que la persona que lo traía estaba frente a él. Poco a poco detrás de aquel peluche como pudo se asomó una cabellera castaña y unos ojos avellana lo veían con felicidad. Una sonrisa enorme se forma en su rostro al instante y Frank tuvo que votar el peluche cuando Gerard se abalanzó a sus brazos casi chillando de felicidad.

—Wow princesa ¿Qué comiste? —bromeó sosteniéndolo en sus brazos mientras el pelinegro se aferraba a él.
—¡Frankie estás aquí! —exclamó con total felicidad Gerard.
—Si eso creo. Joder bebé no sabes cuando te extrañaba —suspiró Frank con satisfacción apretando mas el cuerpo dé Gerard hacia el suyo.
—Viniste hasta aquí por mí...
—Iría a donde fuera por ti.
—No es cierto, pagué la mitad de su pasaje y también su padre. —La otra voz detrás de ellos hizo a Gerard soltarse rápidamente de Frank volviendo al suelo y yendo rápido hasta el dueño de esa voz.
—¡Dallon! —Gerard lo abrazó rápidamente haciendo al otro castaño reír mas sin embargo corresponderle rápidamente.
—Hola Gee, también te extrañé mucho.
—Sabía que era mala idea traerte, ya me estás quitando a mi princesa. Hasta me dejó por abrazarte a ti. —Gerard y Dallon rieron.
—Celoso —dijeron los dos al unísono riendo de nuevo.
—Malos —Gerard volvió a reír separándose de Dallon para quedar parado entra ambos chicos. Tomando aquel peluche del suelo y mirándolo con reproche y ternura a la vez.
—Pasen chicos. —Gerard fue el primero en entrar siendo seguido por los dos.

Se sentaron en el sofá y se pusieron a hablar. Gerard buscó los brazos de Frank inmediatamente. Acurrucándose en ellos sintiéndose totalmente cómodo y en paz. Él castaño el acariciaba el cabello de vez en cuando mientras hablaban. Había extrañado tenerlo así
Frank había estado tan desesperado e irritante que los chicos decidieron hablar con su padre para que le pagara un boleto a su hijo y dejara de molestar. Su padre accedió a pagar la mitad la otra corría por cuenta de Frank. Pero Frank no tenía el dinero y no podía esperar para ahorrar así que se encargó de molestar a Dallon durante una semana entera hasta que este accedió a prestarle el dinero además de que él también quería ir a ver a Gerard. Y por eso ahí estaban. Por la noche Dallon tuvo que irse, Gerard le había ofrecido quedarse en la casa pero él insistió en que no era necesario porque se quedaría donde su tía.
Frank por su parte aceptó casi de inmediato la propuesta del pelinegro.
Y cuando Dallon se fue al fin pudieron estar a solas para abrazarse y besarse siendo tan cursis como solo ellos.

—Te amo princesa, no sabes lo mucho que te extraño. Odio que Nina sea la capitana de nuevo, en los partidos su cara es lo único que veo. A ninguna chica le queda ese uniforme como a ti y ya ni quiero jugar.
—Eso es bueno para mí porque al menos se que no estás viendo mas chicas.
—Nunca vería mas chicas, solo tengo ojos para ti. Solo puedo pensar en ti. Puede que no me creas pero es la
verdad. Desde que te conozco no puedo ver a nadie más, solo a ti Gerard Way eres él único al que quiero.
—¿Lo prometes?
—Lo prometo bebé . —Como Gerard se encontraba recostado en sus piernas con el cuerpo en el sofá, simplemente se inclinó a besarlo.
—¿Me amas?
—Por supuesto que si.
—¿Cuanto?
—Muchísimo —Gerard sonrió arrugando la nariz tiernamente siendo besado por Frank de nuevo. Pero esta vez el beso duró mucho más—. Gee, ¿quieres tener otra cita conmigo?
—Por supuesto que si Frankie.
—Bueno, mañana tendremos nuestra tercera cita. Ahora solo déjame besarte. —Gerard asintió y el castaño le volvió a besar.

Cheerleader (Frerard) ¡Lee esta historia GRATIS!