Crónicas de Sombras I. Los Elegidos

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CRÓNICAS DE SOMBRAS I

LOS ELEGIDOS

LUCÍA GONZÁLEZ LAVADO

INTRODUCCIÓN

17 de noviembre

Estaban cerca. Lo intuía; las sentía moverse a su alrededor, acosándole, haciéndole conocedor de su presencia y pronta manifestación.

El tiempo para Jake Dupree había expirado.

«¡Aún no, aún no!» pensó agitado. Era demasiado pronto; sabía que ese momento llegaría cuando menos lo esperase, pero tenía que avisar a los demás o al menos a Dilan. Su gemela necesitaba alguna explicación. Sabía que ella sería quien más le echase en falta, quien más sufriría tras su marcha.

«¡No puedo dejarla sola! No tan pronto. ¿Cómo se enfrentará a estos entes?» tales dudas fueron percibidas por sus enemigos. Intuyeron su miedo e intenciones. No iba a cumplir el pacto, iba a escapar y ellos no lo consentirían.

Jake percibió más agitación a su alrededor. La habitación era dominada por sombras cada vez menos volubles. Se sacudían con vida propia cual reflejo de personas y extrañas criaturas, como si una débil barrera separase un mundo de otro. Un lugar de luz y tinieblas. Una imperceptible muralla que amenazaba con derribarse.

El número de las brumas aumentaba por segundos, sumergiendo en una espesa negrura la estancia, tragándose todo atisbo de luz.

El joven, nervioso, y sin dejar de mirar el extraño fenómeno que cubría las paredes, tomó papel, bolígrafo y escribió.

Lo siento mucho. He de dejaros. No os puedo hablar de mis razones…, sé que soy un cobarde pero no puedo más. Lamento no haber contado con vosotros para mis problemas; hay asuntos que uno tiene que solucionar solo… o al menos intentarlo.

  Dilan, siento mucho abandonarte. No me odies. Allí donde éste, siempre te protegeré. Por favor, sé feliz y no desfallezcas nunca.

Jake firmó la nota con una simple J y alzó la vista. Las brumas ya cubrían la habitación, incluso ventanas. Ni la efímera luz de la luna lograba filtrarse a través de esa negrura, que cuan vertido de petróleo, lo envolvía todo. Pero el fenómeno no acababa ahí, eso sólo era una demostración del poder de tales presencias.

Las sombras comenzaron a adquirir formas; primero una mano, después otra. Le siguió el brazo y así poco a poco hasta que de la misma pared emergió un hombre. Era tan normal como Jake, aunque el joven sabía que eso sólo era fachada. Pura apariencia. Una amenaza que debía hacer frente.

El muchacho se abalanzó contra su enemigo como cuando jugaba al rugby en el instituto. Ambos rodaron por el suelo. Sin embargo, no estaban solos.

De las mismas paredes, al igual que hizo el desconocido, surgieron otros más. Hombres y mujeres de diferentes edades. A simple vista normales, pero terribles y crueles cuando se les descubría.

Jake forcejeó. Eran demasiados y lograron separarlo del muchacho con el que peleaba. Su nariz sangraba, mas no le importaba. Había llegado el final. Estaba rodeado por al menos una decena de enemigos. Entonces lo supo. No estaba preparado. Esas personas o… esas cosas, le infundían demasiado miedo.

Volvió a forcejear; echó la cabeza hacia atrás golpeando al desconocido que lo apresaba y corrió. Puede que su apartamento estuviera cubierto de esa extraña masa oscura, no obstante conocía ese lugar mejor que nadie y se lanzó contra una pared. Atravesó la bruma, después el cristal de la ventana y se precipitó al pantano sobre el que se levantaba el edificio.

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