CAPITULO: 56

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MIKA

Tres semanas después...

Después de mi habitual jornada de trabajó, emprendo mi recorrido al departamento no si antes de pasar a comprar algo para la cena. Sinceramente no tenía ánimos de preparar la comida y Gail con su malestar dudó que quiera hacerlo. Una vez compró lo necesario llegó a mi hogar dejando las cosas en la cocina, para luego dirigirme a la habitación donde encuentro a la morena tendida boca abajo. Hace un par de días no se siente bien por lo que no ha podido ir al trabajo. Me acercó a ella sentándome en el borde de la cama por lo que ella se gira observándome.

—Pensé que estabas dormida.— le comenté dejándole un beso en su frente y ella niega en respuesta. —¿Cómo sigues?— inquiero saber.

—Ma-al... To... Todo es tu culpa.— responde con voz ronca arrastrando las palabras.

—¿Qué?— fingí no escuchar.

—Tu cu... Culpa.— repite sin evitarlo me hecho a reír por lo que me ve de mala gana mientras toma asiento recostándose en el espaldar de la cama.

—¿Ahora me vas a culpar a mí?— inquiero indignado.

—Sí.— afirma. —Me contagiaste... Tu gripe.— contesta y se tapada la boca con un pañuelo para toser. Era cierto antes de ella enfermara, el que estaba enfermó era yo.

—Yo no te obligué que me besaras.— bromeó y de nuevo me ve de mala gana golpeando mi hombro.

—Idiota.— dice asiendo una mueca. —Me duele... Me duele la garganta.— manifiesta.

—La debes tener inflamadas.— le digo mientras le hago un ademán a que me esperé un momento. Me adentró en el baño y buscó el botiquín donde guardo los medicamentos y tomó una tableta de antibióticos. De vuelta a la habitación retomó mi asiento al lado de Gail. —Toma esto.— le entregó una pastilla, luego un vaso de agua que yacía en la mesa de noche.

—¿Qué es?— inquiere saber.

—Son antibióticos.— respondí y ella procede a tomarse la pastilla. —Son las que misma que yo tomé. Debe ser una cada doce horas. En unos días verás que estas mejor.— agrego por lo que ella asiente.

—Ahora... Eres médico._ bromea riendo un poco.

—No esta difícil.— declaré retirando el vaso de sus manos y lo vuelvo a colocar en la mesa de noche. —Cuando vivía solo muchas veces me enfermé, aprendí para que es cada medicamento y todas esas cosas.— añadí y ella sonríe.

—Gracias.— musita.

—¿Vas a cenar?— inquiero saber por lo que ella asiente en repuesta al tiempo que se levanta de la cama, vistiendo su pijama de «Holk» y juntó vamos al comedor donde dejé la cena, y sin demora tomamos asiento uno frente al otro.

—¿Por qué siempre que...— comienza hablar pero su tos la interrumpe. —... siempre que enfermó me das sopa?— logra preguntar asiendo una mueva de desagradó. La sopa es una de sus comidas menos preferidas. —Sabes que... No me gusta.— añade.

—Porque es lo más recomendable en estos caso.— respondí mientras le entregó su comida y vuelve hacer una mueca de asco, por lo que niego. —No pongas esa cara, ya verás que en unos días estarás mejor.— añado convincente.

—Pero no me gusta.— rezonga al tiempo que vuelve a taparse la boca con el pañuelo para toser.

—Por favor Abigail.— insistí tomando una cucharilla para tomar un poco de sopa llevándola a su boca, pero se resistía a no abrirla apretando los labios. —¿Sabes? Cuando te enferma pareces una niña malcriada.— bromeó un poco por lo que ella me fulmina con la mirada.

Jugando A Ser Esposos: Gail & Mika ©¡Lee esta historia GRATIS!