XXIII

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—Scott, abre la puerta —ordenó Malia, su voz delatando su nerviosismo—. Eres un hombre lobo.

—Eso intento —dijo Scott, moviendo la manija de la fuerza intentando abrirla.

—Hazte a un lado —exclamó Hannah, tomando impulso y pateando la puerta. Nada. No pasó absolutamente nada.

—Esto es estúpido —gruñó Malia, haciendo a un lado la cortina de una de las ventanas y estrellando su puño contra el cristal. Nada—. ¿Qué demonios ocurre en este lugar? —murmuró la chica, rindiéndose y volviendo con Scott y Hannah.

Hannah abrió la boca para decirle a la señora con lujo de detalle lo que le pasaría si no los dejaba salir, pero Lydia la detuvo haciéndole una seña con la mano.

—¿Lenore? —Musitó tranquilamente—. ¿Podrías abrirnos la puerta?

—Ahora que están aquí, deben de quedarse —dijo sombríamente.

—No voy a quedarme aquí —exclamó Hannah, sus garras amenazando con salir—. Mi novio necesita que lo encuentre y no voy a dejar que nadie me detenga, así que quítese de mi camino o usted no solo dejará Canaan, sino este planeta cuando la asesine.

La mujer casi sonrió, mirando fijamente a Hannah de una manera que le erizó la piel.

—A Caleb le agradan —dijo.

—Déjame —insistió Lydia a Hannah, dando un paso al frente, acercándose más a la mujer. La rodeó, de tal manera que la mujer le daba ahora la espalda a la puerta y Lydia estaba más lejos de la salida. A Hannah le tomó su control no ir por ella y arrastrarla de nuevo a su lado, a salvo—. Y él nos agrada —continuó diciendo Lydia—. Pero tenemos que ayudar a nuestra ciudad. La gente está desapareciendo. Es decir, marchándose. Realmente podrías ayudarnos.

—Nadie puede ayudarlos. Si quieren irse, se irán. Se marcharán y se marcharán, y no hay nada que puedan hacer al respecto.

Después de decir esto, la señora los ignoró por completo, comenzando a recoger la mesa.

—Vengan conmigo —Hannah se sobresaltó al escuchar la voz de un niño diciendo esto. Volteó a verlo, y en el marco de la puerta estaba un niño, el que habían visto antes.

Hannah miró a Scott, e inmediatamente negó con la cabeza.

—Oh, no. No vamos a seguir al niño poseído escalofriante. No. No va a pasar.

—Puede que encontremos una salida —dijo Malia, haciendo una mueca.

—Aun así, no vamos a dejar a Lydia aquí sola —insistió Hannah.

—Vayan —dijo Lydia, tomándola por sorpresa.

Hannah parecía renuente a dejarla sola ahí pero cuando se dio cuenta Scott ya había comenzado a seguir al niño y no le quedó más remedio que seguirlo.

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El niño se había adentrado en una habitación completamente escalofriante. En el fondo había una mesa de metal con un par de juguetes de madera regados, una televisión extremadamente antigua con estática reproduciéndose y un viejo mueble de madera. Las paredes también parecían ser de madera antigua, cubiertas por un par de dibujos.

El niño los esperaba al fondo, mirándolos con los ojos vacíos.

Bajaron los escalones de madera a lo que era una especie de sótano, pero Scott se detuvo justo al tocar el suelo, dándose cuenta por primera vez de que estaba mojado, como si estuviera comenzando a inundarse.

Missing /teen wolf |running #6|¡Lee esta historia GRATIS!