CAPÍTULO 4: La Pluma de Oro

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Me desperté sobresaltada, un ruido muy fuerte sacándome de un sueño horrible

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Me desperté sobresaltada, un ruido muy fuerte sacándome de un sueño horrible. Soñaba que mami estaba herida, su cara ensangrentada mientras descansaba en el suelo. No era la primera vez que tenía esta pesadilla. Me perseguía desde aquella noche cuando volví a casa y la encontré en esas mismas condiciones. Desde entonces, mi misión había sido castigar al novio de mami por lo que le hizo y protegerla para que no le vuelva a pasar. Probablemente a lo único que le temía era a volver a encontrarla así. Me aterraba, de hecho. Muchas situaciones no había podido detenerlas, pero al menos no habían sido tan fatales como en aquella ocasión. Y había logrado alejarlo de mi hermano, con quien parecía estar obsesionado.

No podía entender porqué mami seguía con él. Ya se lo había preguntado varias veces, sugiriéndole que debíamos marcharnos, o mejor dicho, echarlo de casa. Pero mami siempre me contestaba que era complicado y que yo era muy pequeña para entenderlo. A mí me parecía que era bastante fácil y que me estaba ocultando algo más.

Una luz blanca iluminó la habitación. Miré la ventana y noté que estaba lloviendo. Un trueno probablemente había sido lo que había interrumpido mi sueño. Debería estar agradecida por ello.

Me levanté de mi cama y me acerqué de puntitas a la ventana para observar la tormenta. Muchos niños se asustaban por los rayos, pero a mí me fascinaban. Me quedaba hipnotizada mirando las luces que se veían tan bonitas y mágicas.

Incapaz de contenerme, abrí la ventana y me subí al techo de mi casa, escalando como había hecho muchas veces antes. Sentada con los pies colgando y la lluvia cayendo con furia sobre mi cabeza, me relajé por fin, dejando esfumarse completamente las sensaciones que me habían quedado de la pesadilla.

Alcé el rostro sonriendo, sacando la lengua para capturar una gota de lluvia. O varias. Realmente estaba diluviando. Pero a pesar de ser invierno, no tenía ni un poco de frío. La lluvia me encantaba y podía pasar horas mojándome y pisando charcos en el suelo.

Sentía el pelo pegándose a mi cara y a mi cuerpo, el agua escurriéndose por mi pijama. Moví las piernas y los deditos, fascinada por las salpicaduras en mis pies. Pensé en ir a buscar a mi hermano, pero Lux odiaba la lluvia.

De pronto, una mano se asomó en el techo, seguida por una cabeza llena de rulos negros que ahora estaban completamente alisados por la lluvia. Morfeo estaba aquí y no me miró con mucho cariño.

¿Qué estás haciendo aquí? le pregunté.

Sabía que estarías en el techo me contestó mi mejor amigo—. Aún no entiendo porqué te gustan tanto las tormentas. ¡Estoy empapado de pies a cabeza!

Me comencé a reír muy fuerte, sosteniéndome la panza que ya me había empezado a doler por la risa.

¡No es gracioso! Si tuviese alas, no podría utilizarlas porque estarían todas mojadas.

La Prisión de los SueñosDonde viven las historias. Descúbrelo ahora