Ocaso. John

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El siguiente fragmento es mencionado en el capítulo «Bailando en la oscuridad» del primer volumen de la Saga. Ocurrió aproximadamente un año antes.

El café recién hecho todavía desprendía humo. Siguiendo su ritual mañanero, John leía la sección de sucesos del periódico local y de todos los nacionales en busca de algún hecho fuera de lo normal o acontecido bajo extrañas circunstancias. A pesar de que Jimmy había aceptado quedarse bajo su cuidado, y de que habían pasado ya siete años desde que lo acogiera, seguía yendo mucho por libre. John sabía que eran pocas las noches en las que su hijo adoptivo pasaba entre los muros de Wayback, pero también le prometió que no lo seguiría mientras él regresase cada mañana. Y así había sido. Ambos habían cumplido su palabra, pero eso no significaba que John vigilase de algún modo sus actividades nocturnas. A veces los periódicos alertaban de la presencia de osos o lobos que atacaban a manadas de ciervos, dejando restos de lo que había sido una salvaje masacre, pero John sabía que aquellos sucesos no eran ataques entre animales, sino las consecuencias del hambre insaciable de Jimmy.

Se recostó en el sofá, tranquilo de no encontrar nada que pudiera poner en peligro a Jimmy, con el último periódico a la altura de los ojos, ocupando todo su campo de visión. Cuando se inclinó a coger la taza de café de su mesa, una mujer lo observaba desde el otro lado. John dio un respingo, sorprendido y asustado por no haberse dado cuenta de su presencia allí y por no saber cómo había entrado.

—Hola, John —saludó ella.

John la observó. Tenía una larga cabellera lisa y oscura del color del azabache. Su piel pálida estaba cubierta de tatuajes con distintos tribales y runas característicos de los Hijos de Lilith. John trató de aparentar seguridad y hablar con firmeza, pues su condición la hacía ser muy poderosa, pero no tuvo mucho éxito.

—¿Quién eres? —preguntó.

—Eso no importa, nefilim. Sé que uno de los chicos Owen vive contigo y, para mi sorpresa, no lo has entregado a los tuyos.

¬¬—Yo no tengo míos —protestó John.

—Ya... Reconozco que lo has hecho bastante bien. Pero no es suficiente. Tú ya no puedes ayudarlo más. Necesita a sus hermanos —habló la mujer con firmeza.

—¿Sabes dónde están? —preguntó él sorprendido.

—Sí. —Le tendió una carpeta y John comenzó a ojearla mientras ella hablaba—. Yo me encargué de ellos tras la muerte de Áthena. Son tan listos como era de esperar. Alguno ha estado buscando al resto y me ha puesto muy difícil ocultar determinadas cosas.

—¿Por qué te presentas aquí para darme esto? —quiso saber John, levantando la vista de los papeles que había en el interior de la carpeta.

—No te hagas el sorprendido conmigo, nefilim. Sé lo de tu hermano Howard. Su investigación sobre Áthena, Dante y Los Guardianes. Pero por algún motivo, Jaden —se refirió a Jimmy— sigue vivo y libre y eso es gracias a ti. Ha llegado la hora de que vuelvan a estar juntos o será demasiado tarde. Depende de ti.

Los Guardianes: lo que no se contóDonde viven las historias. Descúbrelo ahora