Ocaso. Mark y Robbie

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El siguiente fragmento es mencionado en el capítulo «Bailando en la oscuridad» del primer volumen de la Saga. Ocurrió aproximadamente cuatro años antes.

Dos años después de haber abandonado Estados Unidos para trasladarse junto a su nueva familia a Londres, pues el cabeza de familia tenía un trabajo nuevo en la capital, las cosas no les iban mal: sacaban buenas notas, tenían amigos y la relación con su nueva familia era buena.

—¡Eh, chicos! —los llamaron.

Unos compañeros del equipo estaban en la zona de los bancos que había tras la verja del campo de fútbol donde entrenaban. Con ellos había un grupo de chicas que no era del instituto.

—Éstas son Clare, Jodie, Rebecca y Jem. —Fue señalándolas uno de sus compañeros a medida que decía el nombre de cada una.

Las dos primeras eran rubias, y no quitaban sus ojos de Mark y Robbie. La tercera era morena y no dejaba de tontear con Ben, el chico que les habló, y la cuarta lo llevaba teñido de rojo y era algo más tímida que sus amigas.

—Estamos pensando en salir esta noche a tomar algo con ellas para celebrar que se por fin se han acabado los exámenes. ¿Os animáis? —les preguntó Ben, que ya tenía su brazo encima de los hombros de su chica.

—¿Y cómo pretendéis que nos dejen entrar en algún lado? —quiso saber Mark.

—El portero de la discoteca es mi primo. Nos dejará pasar —dijo Clare, que se levantó y le cogió de la mano, lo que sorprendió al chico.

Mark miró a su hermano buscando su opinión, y este se encogió de hombros haciendo una mueca conforme.

Habían quedado con el resto dos calles más abajo del local. Se habían puesto vaqueros, botas náuticas, camisa y encima un jersey, aunque apenas sentían frío. Saludaron a sus amigos estrechándoles la mano, y le dieron dos besos a cada chica. Clare cogió la mano de Mark y tiró de él para que lideraran la marcha, y Jodie se cogió del brazo de Robbie. Ninguno de los dos recordaba haber tenido tanto éxito con las chicas de forma tan repentina, pero lo cierto es que aquella noche se sentían mejor que nunca, como si fueran capaces de hacer cualquier cosa.

Entraron sin problemas, aunque no tenían la edad, y bailaron, bebieron y se divirtieron durante un buen rato. Sentados en uno de los sillones que había repartidos por la sala, Robbie y Jodie se besaban como si les fuera la vida en ello. Robbie se fue excitando cada vez más, y sentó a la chica sobre él, lo que a ella pareció encantar. Robbie empezó a notar como todo su cuerpo se activaba, y fue como si una oscuridad los rodeara para dejarlos a solas en el local. La deseaba como nunca había deseado a alguien, y era algo más que un deseo carnal.

Mark estaba enfrente de los sillones, bailando con Clare, que no se separaba de él. Ella puso las manos detrás de su cuello para acercarse, y Mark la cogió por la cintura. Pese a todo, no se sentía demasiado cómodo.

—¿Nunca has estado con una chica? —le preguntó ella al oído debido a la fuerte música que sonaba, aunque él la había escuchado con claridad.

—Claro que sí. ¿Por qué me lo preguntas?

—Porque todavía no has intentado besarme —dijo la chica con picaresca.

Mark sonrió, de esa forma tan encantadora que tenía, y la besó con delicadeza y respeto. Giraron mientras lo hacían, disfrutando del momento, y Mark notó un escozor en los ojos. Los abrió, y tras el rostro embelesado de ella, vio a dos chicos que no conocía frente a su hermano. Sin saber cómo, logró aislar la música de su cabeza y se centró en lo que se hablaba a lo lejos, escuchando como Robbie discutía con ellos. Clare notó que no le prestaba atención y se giró para seguir la mirada de Mark. Él no dejó que ella dijera nada, pues enseguida se dirigió hacia la posición de su hermano.

—¿Algún problema? —preguntó al llegar.

—¿Y tú quién eres? —le espetó el chico que se encontraba más cerca de él.

Mark sonrió sin enseñar los dientes, y contestó:

—¿Y quién eres tú?

Tras unos minutos de una discusión que no parecía tener fin sobre por qué la chica acompañaba a Robbie, decidieron salir a la parte trasera de la discoteca para solucionarlo, aunque no fue una iniciativa de los mellizos. Jodie y Clare insistieron a los que resultó ser sus compañeros de clase que se fueran, pero ellos estaban obcecados en solucionarlo como hombres, tal y como lo definieron ellos.

Los dos amigos salieron en primer lugar seguidos de Mark y Robbie. A continuación, lo hicieron las chicas, y detrás de ellas otros dos chicos, por lo que se encontraban en inferioridad numérica. No sabían dónde se encontraba el resto de su grupo. Los mellizos se intercambiaron una mirada de complicidad y se pusieron espalda con espalda siguiendo su instinto. Era la primera vez que estaban implicados en una pelea, sin embargo, tenían la sensación de saber exactamente qué hacer. Sintieron la tensión de los músculos y la aceleración de su corazón. Apretaron los puños al mismo tiempo y se pusieron en guardia. Tres de los chicos se echaron a reír al verlos, pero lo cierto era que ni los mellizos sabían por qué se comportaban así.

Antes de que se dieran cuenta ya se encontraban envueltos en la pelea. Dos contra dos. Esquivando, recibiendo y asestando golpes a diestro y siniestro. Con los puños, el codo, los pies y hasta con la cabeza. Mark y Robbie no habían dado clases de defensa personal o de algún otro tipo de arte marcial en su vida, o al menos no lo recordaban, pero actuaban como si llevaran años entrenándose. En cuanto la primera herida se abrió y la sangre se dejó ver, los mellizos pasaron a un estado de éxtasis involuntario. Atacaron con más ferocidad y golpearon con más fuerza, sin piedad. El ruido de los gritos de dolor de los chicos y de histeria de las chicas se hicieron mudos a oídos de los hermanos. Al mismo tiempo, los mellizos se deshicieron de un golpe y un empujón de dos de los chicos e inmovilizaron a los otros. Robbie cogió a uno por la espalda, sujetándolo por las axilas y le mordió el cuello a la altura de la yugular totalmente fuera de control. Por su parte, Mark le rompió primero los dos hombros al suyo tirando hacia atrás de los brazos y luego mordió su cuello. La sangre les inundó la boca y les llenó de frescura el cuerpo.

Seguían sin ser conscientes de lo que hacían y de lo que pasaba a su alrededor, como si una fuerza superior a su racionalidad humana los controlara. Cuando quedaron satisfechos de sus víctimas, Clare y Jodie, junto con los otros dos chicos, habían desaparecido.

Los cuerpos sin vida de los dos jóvenes ensangrentados se desplomaron contra el suelo cuando Mark y Robbie los dejaron caer. Se miraron entre sí atónitos, observando que los ojos del otro estaban teñidos en su totalidad de negro, y salieron corriendo. No sabían qué impulso les había llevado a ello.

Los Guardianes: lo que no se contóDonde viven las historias. Descúbrelo ahora