Capítulo 6: la noche anterior

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—Es tu última oportunidad, Bradley —de nueva cuenta, René estaba sirviendo tragos en la barra—. Todo o nada, tienes que entender por ti mismo que ella no es tu Juliette.

—Lo dices con un tono tan irónico —respondí—, ¿a quién tienes esta noche?

—Sam, atiende las mesas; Eleonor, está en la entrada; Jazmín, está interactuando con las parejas. Russel y Crowley, se encargan de la música.

—¿Leah?, ¿no vino?

—Llegará más tarde, ¿para qué la quieres?

—Cuando llegue envíala a que conozca a la pareja.

—¿Para qué? —con un gesto de duda y sarcasmo, René miró con desdén a Céline—, ¿acaso...? Tu nueva amiguita, ¿tiene gustos diferentes?

—Espero que sí —bromeé—. Pero lo hago por ese infeliz. No hay hombre que pueda resistirse Leah.

—¿Por qué?

—Pelirroja, ojos azules, un metro con ochenta centímetros, pecas y es copa doble d.

—¿Doble d?, ¿cómo rayos sabes eso?

—Es una historia muy graciosa, te la contaré en otra ocasión. De momento tienes que hacerlo.

—Bien, «Sherlock», ¿qué más quiere el rey?

—Una botella de tu mejor ginebra, cambiarte el lugar en la barra, y... ¿No tienes hambre?

—¿Algo más, «jefe»? —René me dio un ligero golpe en el hombro y salió de la barra—. No importa que te cambies de lugar, genio. Desde aquí no escucharás nada.

—No necesito escucharlos, quiero ver sus reacciones.

—¿Eso te ayudará a saber si es tu Juliette?

—Posiblemente, ¿ya la investigaste?

—Sí, pero no hay nada. Sea quien sea, sabe cómo ocultar su información. No hay registros en ningún lado. Solo encontré que nació en Rusia.

—Interesante.

—¿Juliette era rusa?

—No, francesa como tú y yo.

—Lo ves, no es tu Juliette.

—Ambos sabemos que es muy fácil falsificar los registros.

—Sí, es fácil, pero ella prácticamente es un fantasma. No hay registros en escuelas, trabajos o gobierno. Te costó algunos miles saber dónde nació.

—Tuvo que aprender en alguna parte, ella sola pudo contra nosotros dos. Prácticamente, nos venció como si fuéramos unos novatos. Es muy inteligente...

—¿Como Juliette? —interrumpió.

—No iba a decir eso. ¿Segura que no tienes hambre?

—Sí, pero no quiero esa basura que están comiendo todos. ¿Qué se te antoja?

—Algo simple, ¿una hamburguesa?

—¿Dónde rayos conseguimos una hamburguesa a esta hora?

—Tengo un contacto... es un tipo misterioso, y envía a todos lados de la ciudad. ¿Quieres la tuya con papas?

Un día antes de que Céline intentara hacer su primera aparición en el club, se hizo una cena en honor a los nuevos prospectos. El lugar era un lujoso restaurante de mi propiedad.

Justo en el corazón de Granada, la ciudad del pecado perpetuo, el restaurante francés florece siempre con invitados de todos tipos, y carteras muy grandes.

Para mí y para René no es más que otro lugar que refleja el hedonismo de la sociedad. Sin embargo, nuestro plan consume demasiado dinero.

—Cuéntame algo, Bradley —sentenció René mientras llevaba una patata a la boca—, ¿por qué me ayudaste?

—Interés.

—Dime la verdad, creo que me he ganado eso.

—Fue interés, cuando menos al comienzo. Me convenía derrumbar la empresa de tus padres. También me convenía quedarme con sus contactos, era la forma más sencilla de atacar a Trickstar.

—¿Y después? Pudiste haberte quedado con todo y dejarme en la calle. ¿Por qué me ayudaste?

—Quizás fue tu sonrisa, o tu piel, o que ambos somos de Francia. No lo sé. ¿Debería arrepentirme?

—Creo que intentas ocultarte. Debajo de esa facha de matón, aún sigues creyendo en lo que te decía tu padre.

—Por favor no lo menciones.

—Tienes que terminar con esto —René dejó su hamburguesa en el plato y limpió sus dedos con una servilleta—, está acabando contigo. Si quieres cobrar venganza, ve y hazlo. Acaba con él. Pero piensa en ti, no puedes sentarte en la mesa de Dios y del diablo.

—No sé qué intentas decirme, pero te aseguro que cobraré mi venganza.

—Pues hazlo. Pero deja esa facha de matón, de vengativo y de malo, porque no eres nada de eso. En el fondo sigues creyendo que debes hacer algo por el mundo. Por eso me ayudaste, no soportaste ser injusto.

—Yo no soy un santo...

—Y no espero que seas uno —interrumpió René—, pero sí espero que seas feliz. Así que deja esa tontería de hacerte el malo. Cobra tu venganza y permítete disfrutar la vida que tienes.

—10 segundos. —Abrí una cerveza y mencioné con un tono frío, sin emociones.

—¿Qué?

—En 10 segundos cambia completamente la vida de un hombre. Tenía a Juliette en mis manos, los guardias intentaron separarnos. Pero ese maldito bastardo mal parido dijo... «10 segundos, dejen que disfrute sus últimos 10 segundos de vida». Cuando... —trastabillé—, Cuando Juliette murió, dijo que era una lástima... que quería a la mujer para él.

—¿Y qué esperas? Ve y cobra tu venganza, o haz justicia... pero ¡hazlo!, Bradley —los dedos de René acariciaron mi mano—; aunque no me lo digas, sé que sufres. Todo esto está acabando contigo... y tú eres muy importante para mí.

—Lo haré... lo haremos —recordar el momento exacto en que murió Juliette, hizo que agachara la cabeza—. Pero aún no. Todavía hay muchos detalles sueltos, y Céline es uno de ellos.

Sauvage (+18) (Pronto En Físico)¡Lee esta historia GRATIS!