—No lo harás, porque me amas amorcito.— contestó burlo y me guiña un ojos, por lo que achicó los ojos.

—Pero que engreído.— replico.

—Además, tú siempre empiezas.— me acusa y yo abro mi boca en una en una especie de o indignada.

—No mientas.— demando. —Si recuerdo quien se metió al baño anoche fue otro.— le recriminó logrando soltarme de él y pozo mis manos a cada lado de mi cadera.

—Claro, y tú te negaste. ¿No?— ironiza burlón soltando una carcajada.

—¡Ay, ya cállate!— le grito/susurro propinándole un golpe en en el hombro sintiendo de nuevo la vergüenza al pensar que alguien no este escuchando.

—De igual manera te voy a meter en el agua.— declaró inclinándose y paso sus manos por detrás de mis rodillas cargándome una vez más como un sacó de papas.

—No.— grito pataleando pero no me hace caso más bien comienza avanzar hasta la orilla. —Michael no.— insisto. —Por fa...

—Quédate quieta.— me regaña antes de que culmine dándome un azote por lo que suelto un grito de dolor, o más bien de sorpresa.

—¿Me pegaste en la nalga?— bramo incrédula aun contra su espalda.

Si, dije nalga. Para que llamarlos cachetes. Si esos están en la cara.

—Y si sigues pataleando lo voy a volver hacer.— me amenaza.

—Estas abusando. Ahora vas a dormir en sofá.— replico y el muy idiota solo se ríe mientras sigue avanzando.

—No lo creo amorcito.— contradice burló.

Aveces se pone insoportable.

—¡Ya, Michael!— grito de nuevo exasperada cuando me doy cuanta que ya estamos dentro del agua y el pánico aumenta. —Saca...— y antes de poder concluir me a bajado se sus hombro por lo que tengo medio cuerpo dentro del agua y empiezo a temblar.

—Vez que no pasa nada.— musita aun sosteniéndome con sus manos a cada lado de mi cadera. Pero es imposible mantener la calma, mi cuerpo no solo tiembla, si no que mi ritmo cardíaco aumenta y mi respiración se hace pesada.

—N-no. Sa-saca-me de a-quí. No pu-edo...— balbuceó tartamuda y labio inferior tiembla.

—Trata de calmarte.— me pide en un tono de voz baja, pero yo solo niego cerrando mis ojos con fuerza. —Respira...

—No... No pue-do.— repito y siento que mis ojos pican, pero no quiero llorar.

—No te va a pasar nada porque yo estoy aquí.— lo escucho susurrar y tomando algo de valor abro mis ojos para encontrarme con los de él a pocos centímetros. —Además, el agua solo te llega hasta la cintura.— añade y era verdad, aun así me cuesta.

—Pero igual.— murmuro.

—Confía en mí.— dice con una sonrisa ladina y me da un beso en la frente ese simple gesto hace que mi mente se traslade a viejos recuerdos...

° ° °

—Gail. ¿Estás bien?— escuche la voz de preocupación de Mika quien ya estaba agachado frente a mí, yo solo negué aun sin poder verlo a la cara. Mis lágrimas caían por mis mejillas. —Por favor tienes que calmarte, yo no voy a dejar te ahogues, ni que nada malo te pase.— aseguró y yo volví a negar.

Sé que lo que dice es cierto, pero el miedo es más grande que yo.

—Tienes que confiar en mí.— añadió a la vez que me daba un abrazo, yo aun estaba atada a la silla. Por lo que se dio cuanta se aparto de mí, para ir atrás y desatarlas, cuando lo logro de manera muy rápida, tomo el banderín y volvió a colocarse frente a mí a la vez tomo mi mano derecha. —¿Estás lista?— preguntó y yo no dije nada. —Tenemos que salir de aquí, para ir a la tercera etapa.— murmuró.

Jugando A Ser Esposos: Gail & Mika © (LIBRO 1)¡Lee esta historia GRATIS!