cinco;

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Cuando se levantó, la casa estaba vacía. Tardó poco en acordarse que aquellos días sus amigos entraban antes a clase. Lo que le llevó a esta conclusión era el haber estado de pie cinco minutos frente la puerta de sus habitaciones y que nadie le abriera ni le gritara. Por eso decidió no perder más tiempo ahí plantada, arreglarse y salir corriendo a la universidad antes de que fuera más tarde.

Se sorprendió al llegar a la puerta de su sede y ver con un montón de personas se aglomeraban en la puerta de aquel sitio. No podía ver mucho más allá, ya que su altura no se lo permitía, pero todo aquel pasillo de grandes losas grises estaba completamente lleno de gente que iban y venían de aquel edificio.

Temía por su vida ya que, siendo tan delgada y teniendo tan poca fuera, podían llevársela por delante con el mínimo esfuerzo. Mas eso no le achantó: eran o unos golpes o no poder entrar a clase. Así que agarró el maletín, respiró hondo y casi corrió dirección a la multitud, rezando por no ser atropellada.

— ¡Eh, Jirou! ¡Espera!

La chica se giró al escuchar su nombre, pero no vio a nadie entre aquella masa de personas que peleaban por entrar y salir de clase. Era un peligro quedarse quieta en mitad de la entrada, pero con suerte solo se llevaría un par de golpes y, como mucho, un pequeño moratón a causa de un maletín con cremalleras cargadas por el demonio.

Todoroki y Shinsou aparecieron detrás de un gran grupo de personas, metiéndose entre ellos sin que una disculpa salga de sus labios hasta alcanzar a la chica, a la cual casi se llevan por delante para salir de aquella situación. Sabía que ambos estarían agobiados entre tantas personas y que solo querían sentarse en su sitio, lejos de gente indeseada, pero nunca los había visto tan apurados. Últimamente estaban tan raros que comenzaban a preocupar a Jirou.

Consiguió seguirles a duras penas hasta su clase, la cual estaba completamente vacía. Los dos habían corrido como si no hubiera un mañana y esperaban que ella hiciera lo mismo.

— ¿Pe-Pero que os pasa? —dijo intentando recuperar el aire, sentándose en su sitio.

—Demasiada gente. —murmuró el de cabellos bicolores.

—Hoy hay jornadas de puertas abiertas, ¿no?

—Eso parece. —Se cruzó de brazos, mirando por el ventanal que había a la derecha—. O puede que expongan algún trabajo de la rama de bellas artes.

—Deberá ser una exposición única para que venga tanta gente

— ¿Qué tal ayer? ¿Bakugou ha decidido sacar tu cama al rellano?

—No, no. —Apoyó la barbilla en su mano.

— ¿Y hablaste con ellos?

—Que va. Llegue muy tarde a casa y estaban durmiendo; y hoy ellos entran antes que nosotros, así que tampoco les he visto.

— ¿Y debes hablar con ellos? Creo que debería ser al revés. Tú no has hecho nada malo. —Intervino Todoroki, mirándole de reojo.

—Tiene razón.

—Igualmente actué mal. Me puse nerviosa e hice una montaña de un grano de arena. —Puso los ojos en blanco, recordando las palabras de Kaminari—. Y ayer entré a mi habitación y había una bolsa con una nota.

— ¿Suya?

—Sí. Me pedían perdón y dentro de la bolsa habían dulces y un vestido —murmuró.

—Que fácil eres, Jirou.

— ¡No! Ha sido un detalle que pensarán en mí. No hacía falta tanto, pero no puedo decirles que no.

Conectados; KamijirouDonde viven las historias. Descúbrelo ahora