Un delgado y palidecido haz de luz penetró a través del mugriento cristal de aquella ventana empañada por un manto polvoriento de vaho

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Un delgado y palidecido haz de luz penetró a través del mugriento cristal de aquella ventana empañada por un manto polvoriento de vaho. Entretanto logró iluminar con suma dificultad un pequeño rincón de la tenebrosa habitación atestada por un repugnante séquito de arañas peludas, roedores y enormes cucarachas.

-¿Dónde estoy?, ¿Qué sitio es este?- cuestioné en voz baja, mientras pude separar los párpados cuidadosamente, dejando al descubierto mis pupilas dilatadas por una leve conmoción cerebral.

Casi inmediatamente, a los pies de la cama, logré visualizar una espeluznante silueta masculina de apariencia macabra y deforme que se encontraba observándome fijamente, mientras jugaba con el filo de una navaja en sus dedos. Fue allí donde pude examinar con escasa nitidez la obscura tonalidad de su extensa cabellera que descendía como el agua embravecida de una cascada por encima de sus enormes ojos de lechuza que rozaban el estupor endemoniado de una horrenda cicatriz, muy similar a la de una quemadura de tercer grado. ¡Era un monstruo increíblemente aterrador!.

Por una fracción de segundos quedé paralizada ante la terrible atracción de sus profundos ojos negros, tan obscuros como una noche sin luna. Aquello provocaba en mí, una gigantesca ola de temores e inquietudes. A la par que una sonrisa bestial se había esbozado en su rostro infernal.

-¿Quién eres tú?, ¿Qué quieres de ?, ¿Por qué carajos estoy aquí? - una horda de palabras temblorosas causaron que pierda la sonoridad de mi voz. Entretanto, intenté buscar alguna puerta o algún hueco en las paredes para poder escapar de aquel tétrico lugar parecido a un calabozo.
Los esfuerzos por mover mis extremidades se tornaron insignificantes, pues una gran cantidad de nudos y cuerdas entrelazadas me mantenían sujeta a la cama, como si fuese un cadáver embalsamado a punto de ser sepultado.

-¡Déjame ir, te lo ruego!. ¡No me hagas daño!- comencé a gritar desconsolada, suplicando una brizna de compasión, pero mi voz desapareció junto con las lágrimas que no tardaron en humedecer mis mejillas.

La perturbadora silueta de aquel demonio se abalanzó con infrahumana precipitación sobre mi cuerpo inerme. A la par que pegó un brinco tan increíble que logró posarse por encima de mi abdomen, completamente desnudo.

-¡Guarda silencio, niña estúpida!- propinó un gruñido tan tenebroso que paralizó mi circulación sanguínea. En tanto, interpuso aquella fría navaja muy próximo a mi yugular.

-¡Eres una maldita intrusa!, has tenido el descaro de invadir mi propiedad. Soy dueño absoluto de esta tierra conjurada por brujas y demonios. Donde he cometido los más despiadados crímenes en nombre del Príncipe Oscuro, Padre de los siete Infiernos.- su voz poseía un tono grueso y amenazador por la cual trasmitía un sentimiento de pavor tan sofocante que erizaba la piel — ...Por lo tanto debo acabar con tu patética vida y saciar el hambre incontrolable de mi amo que aguarda entre las brasas de sus aposento infernal — finalizó, cuando un destello malévolo se incrustó en sus ojos deseosos de sangre inocente.

Comencé a vociferar con las casi inexistentes energías que me restaba, pero desafortunadamente, mi atormentada voz se perdió en la penumbra de un vacío perverso.
Recuerdo con absoluta claridad el comportamiento bestial de aquel sanguinario psicópata que empezó a recorrer sus ásperos y gélidos dedos por encima de mis labios encarnizados.

-¡Eres mía y de nadie más!.- murmuró con descaro, mientras hizo añicos mi ropa interior.

¡En aquel momento yo no sabía que hacer!. ¡No lograba siquiera experimentar un minúsculo estímulo muscular, puesto que mi cuerpo había caído de cuclillas a su morboso dominio demoníaco!.
Me hallaba acorralada, intimidada e inerme ante la malevolencia de un demente psicópata que pretendía arremeter sus deseos carnales de lujuria contra mí, para luego proceder al sacrificio ritual.

-¡No me hagas daño, te lo imploro!, ¡haré lo que tú quieras, pero por favor, no me mates!, ¡ten misericordia!- rogué, cuando las últimas provisiones de aire en mis pulmones se habían agotado.

-¡Cierra la boca, intrusa!- estalló en ira, cuando me propinó un brusco puñetazo en el hocico. Acto seguido, empecé a jadear y a expulsar gran cantidad de sangre, ya que el duro golpe me había roto los huesos de la mandíbula.

-Mis víctimas favoritas...- pausó para dibujar una sonrisa desbordaba por la crueldad. A la par que crujió sus malolientes y desaliñados dientes cubierto de sarro —  ..Son las que se tragan sus palabras de auxilio por toda la eternidadconcluyó.

Con una velocidad sobrenatural, el sádico secuestrador se aproximó hacia mis senos para acariciarlos con extrema morbosidad. Seguidamente, se dispuso a provocarme dolorosas incisiones con los bordes de la navaja.

-¡Ahora tu sangre será mi preciado alimento!- parafraseó, cuando una sonrisa llena de maldad se inmiscuyó en sus labios.

Y fue así que de pronto solo alcancé a percibir el roce de una brisa mortecina que se había impregnado bajo la delicada textura de mi piel, hasta convertirse en un velo cegador que obscureció mi vista por completo, para luego proceder a desvanecer los últimos recuerdos de aquella traumática experiencia y de ese modo, derrocar cualquier rastro de evidencia latente.

Jeff, mi peor pesadilla©¡Lee esta historia GRATIS!