-EL CASTILLO NEGRO-

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—Tan bien que estaba en mi botella en lo más profundo del océano, ¿Qué fue lo que hice para merecer el tener que convivir con estos tres genios estúpidos?... Dao si sigues engordando parecerás una morsa, ¿sabes lo incomodo que es ver como se mueve tu panza?—Dao gruñó y cruzó sus brazos.

—Tu Efreet deberías de aprender a ser más humano... sonríe un poco en vez de burlarte cuando alguien hace algo bien y tu Djinn no sé cómo has soportado el viaje con estos dos tontos de pacotilla. —Djinn sonrió orgulloso tras ser el único al que no había regañado Marid y siguieron adelante.

Tenían que caminar con sumo cuidado para no chocar con la basura que volaba a su alrededor, al llegar a la gran puerta de madera Rosael tocó un poco débil.

—Maldita sea ¡Abran! —Gritó desesperada y la puerta se abrió de par en par, una hermosa mujer joven con un vestido de época les sonrió esperando a que hablaran. — he venido al ver al hechicero Liche. —La mujer al oír sus intención miró a los cuatro genios y sonrió aún más, con un simple gesto de su mano la puerta se volvió a cerrar.

—Por favor síganme, el Hechicero estará feliz de verlos. —respondió con una increíble voz seductiva y los cinco avanzaron guiados por la mujer.

—No te confundas Rosael, es una bruja anciana; es un hechizo simple para verse joven... solamente necesitas asesinar a cinco niños recién nacidos... magia negra. —Le susurró Marid y ella tapó su vientre con la capa.

— ¡Mi señor! ¡Mi señor! ¡Están aquí! ¡Los cuatro genios elementales!—La mujer comenzó a buscar entre la basura que había alrededor de un enorme trono de oro, ella aventaba latas vacías, papeles, y hasta huesos humanos. — ¡Mi señor! ¡Cada vez es más complicado encontrarlo! ¡Aquí está! —La mujer levantó a un esqueleto envuelto en una túnica roja, literalmente era un esqueleto vestido, lo sentó en el tronó y sus ojos brillaron destellando un verde fosforescente, poco a poco carne aparecía cubriendo los huesos, pero no aparecía nada más, ahora parecía un zombi. — ¡Mi señor! ¡Han venido! — de repente el esqueleto se paró caminando mientras sus huesos tronaban asquerosamente, miró a las personas que tenían enfrente y después a Rosael.

— ¿Tú los trajiste?— preguntó con voz aterradora y ella de nuevo tapó su nariz al oler su piel podrida.

—Si... a cambio necesito que hagas un conjuro para mí. —respondió segura y el Liche rio haciendo ademanes mirando el techo.

—niña... Llevo milenios buscándolos... haré los hechizos que quieras.

—En realidad solo me interesa uno, uno muy poderoso, necesito que desaparezcas a la mitad de los Protectores de la realidad. —Comentó y miró a los genios que estaban muy serios, cosa que le extrañó, el Liche se giró riendo y volteó para mirar a Rosael.

—Hecho. —respondió con una mirada de odio total y moviendo su esquelético dedo índice le indicó a los genios que se acercaran, Rosael ahora caía en cuenta de que no sabía para que los buscaba y se preocupó.

— ¿No les harás daño verdad?—le cuestionó mientras su respiración se agitaba.

— ¿Yo? Sería incapaz... solo necesito un poco de su energía vital, así mi físico no será tan deplorable linda...—el Liche se sentó en su trono y miró a los genios. —Acércate Marid. —él sin peros avanzó, el Liche tomó su cuello y acercando su boca a él comenzó a quitarle magia que solo los genios poseían, cuando terminó Marid suspiró y regresó al lado de los otros genios.

—Eso no me afectó en nada.

—Ven aquí Dao...—Le ordenó abriendo la jaula con su magia y Dao caminó hasta él, hizo exactamente lo mismo; la energía de Dao era dorada y poco a poco disminuyó su brillo hasta que lo soltó, esta vez Dao se encontraba más visiblemente agotado y un poco mareado regresó a su lugar, con tan solo haberle quitado energía a los dos primeros genios su piel estaba casi restablecida, poco a poco parecía más humano. —Efreet... ya sabes.

—ya... ya... date prisa Liche. —dijo un tanto molesto y se posó frente a él haciendo lo mismo que con los otros dos, Rosael había notado que Marid y Djinn hablaban en voz baja, ninguno discutía, cuando volvió la mirada a Efreet alcanzó a apreciar que cuando el Liche lo soltó él no pudo mantenerse en pie y cayó al suelo respirando con gran dificultad, entonces entendió la extraña actitud de Djinn.

—No... Djinn, dime que no pasará lo que creo que pasará. —le preguntó justo cuando estaba dispuesto a caminar al Liche, Rosa comenzó a caminar deteniéndolo.

—Rosael esto es necesario, tú lo sabes; me encantó conocerte y pasar mis últimos días contigo, eres una mujer encantadora. —respondió tranquilo.

— ¿Por qué no me dijiste desde el principio que esto pasaría? Habría buscado otra manera de buscar al Liche.

—Porque yo sabía que esto tenía que pasar, me motivaste con tu afán de proteger a los seres sobrenaturales, mi muerte valdrá la pena, no llores dulce Rosa... —Limpió las lágrimas de Rosael y avanzó al Liche.

 —Limpió las lágrimas de Rosael y avanzó al Liche

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