Capítulo 6- La inmensidad del firmamento

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El día había llegado y con él, el fin de la función. Durante una jornada y media había aparentado ser la dama más disponible de la temporada, bailando con unos y con otros. Sin que nadie supiera que en realidad, ya era propiedad de alguien. Que su cuerpo ya no le pertenecía y que su alma había sido vendida.  

Un pequeño maletín de piel marrón, fue transportado hasta un carruaje que la esperaba al exterior de la mansión de su tía, en un lugar un tanto apartado, lejos de la multitud. Dos vestidos y sus joyas más preciadas, era todo cuanto se llevaba con ella. 

Exhaló aire profundamente hasta que sintió como sus pulmones se llenaban del mismo y, con esa carga, entró en el salón del desayuno. La esplendorosa cabellera oscura de su hermana fue lo primero que vio, Karen. Así que es imagen fue la que la ayudó a concentrarse para llegar hasta ella y rogarle que la siguiera a un lugar apartado.

-¿Qué ocurre?¿Por qué tienes esa cara?- ahí estaba su melliza, haciendo gala de su personalidad fuerte y directa, debía hacerle frente. No podía notar su aflicción, porqué si lo hacía, no la dejaría marchar. 

-Debo marcharme- respondió ella sin más tratando de que no se le notara la pesadez. 

-¿Audrey ya quiere irse? Seguro que Edwin ya debe estar cansado de estar en este teatro...pero eso no es para que pongas esa cara. Asistiremos a otros eventos...

-No es eso Karen, debo irme yo sola...- los ojos oscuros de la pelinegra se clavaron sobre ella. Era el momento de hacer la mejor actuación.

-¿Sola? - zarandeó su faz, desconcertada - ¿ De qué estás hablando? ¿No sabes que Audrey nos prohibió beber?

-No , escúchame, por favor- suplicó ella sin poder contener las lágrimas - he hecho algo Karen,  algo de lo que no estoy orgullosa pero no hay vuelta atrás - su hermana endureció sus facciones, la conocía bien y estaba a punto de remover tierra y cielo para que lo que fuera que la estaba afectando, desapareciera - y si te digo la verdad, no me arrepiento - no era mentira, el arrepentimiento no entraba en su juicio, pero sí que era adornar la verdad para sosegar a su interlocutora. Parecía haberlo conseguido,  puesto que un pequeño destello deambuló más conforme entre los pozos oscuros de Karen. 

- Cuéntamelo, yo te ayudaré, como siempre. Sabes que estoy siempre para ti, no en vano nacimos juntas.

-Esta vez no puedes ayudarme, lo he arruinado todo, y me siento muy mal por Audrey después de todo lo que ha hecho por nosotras...- esa era la verdad- pero es lo que deseo y lo deseo con todas mis fuerzas- y esa la mentira. 

-¡Pero cuéntame de una vez por todas que ocurre! Me estás poniendo nerviosa - se removió inquieta y Gigi entendió que era el momento de soltar el  primer perdigón. 

-Hermana...he perdido mi castidad- Karen cambió el semblante y pareció enfurecerse, no con ella sino con el bastardo que se hubiera aprovechado -  y antes de que empieces con un séquito de amenazas y perjurios debo decirte que ha sido consentido- consiguió frenar el fuego que había empezado a prenderse en el interior de su hermana. 

-No entiendo nada- replicó Karen llevándose las manos a las sienes-entonces ,¿ Por qué no habláis con Audrey y Edwin si todo ha sido deseado por los dos? No te avergüences, si realmente los dos estáis de acuerdo...- ahora venía el otro perdigón.

-Karen, no podemos casarnos...

-Pero, ¿Por qué?

-Él ya está casado...- ni el mejor poema de los tiempos hubiera conseguido describir la faz de Karen en esos instantes. 

-¿Cómo? frunció el ceño la pelinegra mientras abría la boca  -No, Gigi, no te conozco, no puede ser. Esto que me estás contando es una de tus bromas.

Manto del firmamento ( IV Saga de los Devonshire)©¡Lee esta historia GRATIS!