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—¡Tati! —exclamé a causa de la sorpresa, cuando Helen me dijo que había invitado a alguien jamás imaginé que se tratara de ella

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—¡Tati! —exclamé a causa de la sorpresa, cuando Helen me dijo que había invitado a alguien jamás imaginé que se tratara de ella.

No pude evitar que se me escapara una sonrisa cuando la vi; lucía un vestido corto de estampados de flores, medias negras y zapatos de tacón. Tati colocó su rubia y larga cabellera a un lado de su hombro y me devolvió la sonrisa.

—¿Tom? —llamó, yo estaba con la vista fija en sus pechos, su vestido tenía un escote que los hacía lucir más pronunciados de los que ya eran.

—Mmm —murmuré, mientras humedecía mis labios con la lengua.

—No sé si sabes, pero aquí afuera está haciendo algo de frío —sostuvo—. Así que no estaría mal si me dejas pasar.

—Lo siento —me excusé, negando con la cabeza—. Adelante, estás en tu casa.

Cuando Helen reparó en que era ella quién había llegado, le proporcionó un cálido abrazo y le dio la bienvenida. Luego le presentó a esa pequeña hija de lucifer, es decir, a su hermana.

—Así que tú eres la me estiró la ropa —soltó Hilary, haciendo que aquel pequeño lugar se cargara de tensión.

Vi claramente cuando la pelirroja le propinó un pisotón a la castaña, y como Tati inclinó el rostro, avergonzada.

—Lo siento, lo último que quería era dañarla —se excusó la rubia con un hilo de voz—. Te compraré ropa nueva si quieres.

—¡Aja! —exclamó entre risas Hilary—. Era bromeando, Tati, mi ropa está bien —añadió, dándole una fuerte palmada en el hombro que la hizo tambalear.

En ese momento todos respiramos aliviados, lo último que queríamos era que Tati se sintiera incomoda.

—Bueno, Tati, bienvenida, gracias por aceptar nuestra invitación —comenzó Desmond, una vez ya estábamos reunidos alrededor de la mesa, la rubia se limitó a sonreír—. Helen y yo queremos hacer un anuncio.

—Sí, chicos, verán...—esta vez habló Helen.

—Ay, no me digas que estás embarazada —la interrumpió hermana—, porque eso si es lo último que falta.

—No, no estoy embarazada —replicó Helen.

—¿Desmond es gay? —continuó Hilary. La pelirroja posó sus codos sobre la mesa, juntó sus manos y se le quedó viendo fijamente—. ¿Ya no se casarán? —Helen levantó una ceja, al perecer estaba a punto de perder la paciencia, eso sí que sería bueno verlo—. ¿La tiene pequeña?

—¡Hilary! —exclamó su hermana golpeando la mesa.

—¡¿Qué?! —bramó mi hermano.

—Pues, me doy —finalizó la castaña.

Lo intenté, de verdad que lo hice, pero no pude evitarlo y estallé en una tremenda carcajada.

—Lo siento —me disculpe, intentando contener la risa—. Dios mío, es solo que eso fue muy gracioso. —En ese instante Hilary se me quedó viendo con los ojos entornados, al parecer estaba sorprendida de mi actitud—. Pero continua, cuñadita, ¿qué era lo que nos ibas a decir?

Bajo el cielo de LondresDonde viven las historias. Descúbrelo ahora