Prólogo (EDITADO)

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"Estimada Winchester,

¿Cómo está?

Como podrá imaginarlo estuve pensando mucho acerca del asunto y me gustaría comenzar aclarando que creo que contar una historia sin "abarcar ambigüedades y aspectos subjetivos" es muy complicado. A parte de que, ya el hecho de expresar con palabras en un soporte limitado de hojas de papel y tinta azul mis más profundos sentimientos, me parece ridículo e imposible. Pero como casi me rogó sobre esto, cumpliré mi promesa.

De acuerdo, según lo que me dijo, para abarcar cualquier cuestión de forma correcta se debe poder apreciarlo desde toda su inmensidad. Así que a continuación leerá lo que estuvo esperando mucho al parecer.

Como esperará, el personaje principal de esta cuestión soy yo, Lidia Moore. Le aclaro lo anterior ya que es factible que tenga la impresión de que hablo demasiado sobre otro determinado ser, en este caso, como habrá de esperarse: William Marchese.

Lo que diré a continuación solamente consiste de una advertencia para que sus opiniones no se vean desviadas a "lo que aparenta".

Para que entienda, me atreveré a hablar en metáforas. Imagínese al Sol y a la Tierra, la relación que mantienen. La Tierra tan pequeña e insignificante junto al gran y magnífico sol. La cantidad inimaginable de energía y calor del cual la Tierra requiere. La Tierra depende tanto de él, que ha medido en base a él lo único que limita a su mortal vida: el tiempo.

Piense un segundo en el milagro que es la vida terrenal: se halla en una perfecta distancia para que la vida se desarrolle apropiadamente. Un poco más cerca, muerte por incineración, otro poco más hacia afuera, muerte por hipotermia.

Personalmente esa metáfora empleada no es de mi agrado, en lo absoluto. No me agrada el considerarlo como mi Sol, porque me posiciona directamente en un lugar de inferioridad aunque en parte es cierto. A parte de que creo que mi existencia no depende de ningún otro ser humano específico, porque perfectamente él puede morir antes que el yo y no planeo desaparecer como la Tierra cuando el Sol se vuelva un agujero negro.

Entonces, me inclino más hacia la metáfora de la luna y la Tierra, siendo lógicamente yo la luna y el la Tierra. No se si es solo mi percepción pero esta relación no me resulta tan violenta y de subordinación. Es decir, aunque esta gire a su alrededor, consiste simplemente de un satélite natural que se ve atraída más que por dependencia hacia la tierra por una fuerza de gravedad.

Todavía no comprendo por qué insistió tanto en que le escriba sobre mi infancia. Honestamente no creo que la razón de mis problemas se esconda en mis primeros años de vida, y espero que con esta carta usted tampoco lo crea.

Aun así, espero que disfrute.

Para comenzar con la interesante vida que le está por conocer, me gustaría poder hablarle sobre el primer recuerdo vívido que tengo de él. Desgraciadamente la memoria del cerebro humano no es selectiva así que deberé explicar mi problema como pueda.

Hágame un favor y trate de recordar con todas sus fuerzas la primera vez que vio a algún hermano o primo. La misma frustración que uno tiene al no poder encontrar ese primer contacto con sus familiares tan cercanos, la tengo yo con William. Así que al no poder encontrar un inicio exacto como me gustaría, abordaré lo que encuentro sustancial para poder entender de una forma un poco más general mi infancia.

Nací en Filadelfia, Pensilvania el 16 de Mayo de 1995 y al igual que la mayor parte de mi familia viví en una pequeña ciudad llamada Jim Thorpe a una hora y media al norte de Filadelfia.

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