El fin del hijo único

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Tensei siempre había soñado con tener un hermano menor. No lo veía imposible en su niñez; cuando aprendió de dónde venían los hijos, se dio cuenta de que sus padres eran bastante jóvenes, por lo que incluso podrían darle más de uno. Sin embargo, ya con catorce años y una madre acercándose a los cuarenta, sus esperanzas estaban a punto de ser sepultadas.

Por eso, cuando ella llamó la atención de todos los presentes —la familia entera— en la reunión de fin de año, lo menos que esperaba era que anunciara un embarazo. Le tomó tan de sorpresa que, entre los demás que caminaban hacia la mujer llenos de júbilo, él fue el único que se paralizó en su asiento, aún procesando lo que había escuchado. Los adultos estaban en medio de un abrazo grupal cuando por fin elevó una mirada destellante y murmuró:

—¿Voy a ser un hermano mayor?

Su voz separó al grupo, pues todos voltearon hacia él entre enternecidos y risueños.

—Sí, Tensei. Serás un hermano mayor —confirmó su madre.

Sus manos enfrentadas cubrieron su sonrisa abierta al instante. Su vista se nubló, mas eso no le impidió levantarse e ir directo hacia ella para abrazarla. Los aw de sus abuelos quedaron en segundo plano cuando un par de lágrimas de felicidad se deslizaron hasta el hombro de su abrigo. Justo cuando se estaba convenciendo de que la familia no crecería hasta que él mismo fuese padre, le dieron la mejor noticia con la que ha despedido a un año. Ni siquiera protestó por qué tardaron tanto, solo podía festejar.

—¡Seré un hermano mayor! —exclamó al alejarse del contacto, brazos en lo alto. Entre risas, comentaron que Tensei era el más emocionado de todos por mucho.

Sus propósitos de Año Nuevo cambiaron gracias a eso. Su nueva meta sería convertirse en un hermano digno de admirar para el bebé que venía en camino.

Durante los siguientes dos meses, la emoción de Tensei fue un globo que se inflaba hasta el borde de reventar y que liberaba casi todo su contenido de golpe para volver a acumular el aire que soltaría en cuanto tuviera una oportunidad

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Durante los siguientes dos meses, la emoción de Tensei fue un globo que se inflaba hasta el borde de reventar y que liberaba casi todo su contenido de golpe para volver a acumular el aire que soltaría en cuanto tuviera una oportunidad. Decir que estaba hartando a sus amigos era quedarse en la primera velocidad pudiendo correr con toda potencia. Temía que no acabaría pronto, porque el próximo anuncio importante estaba a punto de hacerse.

Fue un error contarle qué descubrirían en la cita con el médico de hoy, pues sus ansias apenas le dejaron concentrarse en sus clases. ¡Solo quería regresar a casa para saber si ya sabían cómo llamarle!

Escuchó murmullos sobre cómo parecía que era él el padre en espera. Solo se encogió de hombros.

Varias veces le preguntaron qué preferiría, mas no tenía una respuesta clara. Después de tanto tiempo, su género era lo de menos. Todo sería más como un cuento de hadas si resultaba ser una niña, pues podrían jugar a la princesa y al caballero, también aprendería a hacerle desde el peinado más sencillo hasta el más elaborado y le dejaría probar en él el cosmético o accesorio que quisiera; pero a cualquiera le amaría por igual y le enseñaría cómo usar su don a su favor —y del resto, porque un Iida era un héroe casi seguro—.

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