Capitulo dos: 13 de abril

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Mi pecado no es la lujuria, sino la ira. Podrán decir que soy la persona más paciente del mundo, pero el verdadero odio sabe esperar. La venganza debe tomar su tiempo y trabajar sin que nadie se dé cuenta.

Toda esta historia empezó mucho antes de que Céline entrara al bar.

El 13 de abril comencé a ejecutar mi venganza. Las compras de las acciones de la compañía japonesa no significaban nada para mí. Pero para el penúltimo dueño de la compañía, sí. Creí que nadie podría predecir mis movimientos, sobre todo porque la compra había sido hecha por René. Quizás ese fue mi gran acierto y error.

Andrew McGonagall cometió muchos errores desde que asumió la presidencia de la compañía de su padre, hace 20 años. Nadie esperaba que el niño mimado de papá hiciera un buen trabajo, pero su osadía era nefasta: incumplía los tratos, peleaba con los clientes y hasta dañaba la imagen de su empresa con sus múltiples amantes.

Hay tantas razones para odiar a ese tipo que, sobre su cabeza, existen muchas amenazas de muerte. Lógicamente que la gran fortuna que heredó de sus padres le provee seguridad. Pero todo se acaba, y el tiempo de McGonagall está siendo contado por los dedos de la muerte.

Mi plan fue ejecutado con precisión quirúrgica, poco a poco fui consiguiendo dilapidar su empresa sin que se diera cuenta. En menos de 3 meses ya había perdido la mayoría de las acciones. Prácticamente, estaba a un paso de la banca rota, pero jamás pude predecir que su esposa, Céline, sería tan inteligente.

Si no fuera por ella, él estaría en la calle. Céline pudo mirar por encima de mi plan. Al principio no conocía su nombre o su rostro, en realidad, únicamente sabía que ella era mi principal obstáculo para vencer a McGonagall.

Debo admitir que esa mujer tiene hielo en las venas, porque sus decisiones son ejecutadas con tanta precisión que asusta. La primera pelea la perdí en junio. Casi cuando estaba por adquirir la mayoría de las acciones a través de una empresa fantasma, ella reanimó las finanzas de la empresa creando un nuevo modelo de negocio.

No me sorprendería que alguien hiciera eso, pero quedé atónito cuando me enteré que lo hizo en 2 días. Su capacidad intelectual estaba demostrada de sobra.

La segunda pelea, la que nos puso a partes iguales, la perdí dos meses después, cuando ella sola consiguió una inversión de 5 millones de dólares para abrir nuevas sucursales en América.

Tuve que mantener un perfil bajo porque ella es un digno rival. Sin embargo, la esperanza de triunfar llegó de nuevo a principios de noviembre, cuando, en un descuido de Céline, se pactó una alianza con una de mis compañías.

Para mí esa fue una movida que ponía todas las cartas a mi favor, porque por fin sabría quién había obstruido mi plan.

Mi otro gran pecado es la perfección. No puedo evitar buscar los detalles en todas partes. Y aunque he tenido diversos problemas por esa costumbre, también me ha dado muchas satisfacciones. Una de ellas fue percatarme de ese trato.

Cualquiera hubiera mandado a su mejor negociador para cerrarle las puertas. Sin embargo, yo decidí enviar al peor de todos. Hasta René se extrañó de que hiciera esa movida; pero si quieres conocer a alguien, tienes que verlo cuando está en su mayor momento de poder. Los humanos solo muestran su verdadera naturaleza cuando se sienten con la capacidad de un dios.

Pese a que utilicé un movimiento arriesgado, no dejé ningún detalle suelto. Incluso, yo mismo acudí al restaurante donde celebraron el trato.

Durante mis años que estuve en prisión aprendí la ventaja del anonimato. Si eres un donnadie puedes atacar en el momento que quieras. Por eso es que René —mi amiga entrañable— siempre queda como la dueña de mis compañías. Ella se encarga de socializar mientras que yo muevo los hilos.

Sauvage (+18) (Pronto En Físico)¡Lee esta historia GRATIS!