Capítulo 37

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Giselle.

Se ve cansado y ojeroso, tiene una fina capa de vellos que forma una barba de algunos días. El intenso azul en sus ojos ha perdido intensidad. Una vez que entramos a la habitación colocamos las bolsas sobre la cama matrimonial de sábanas blancas y yo me quito la chaqueta y la arrojo con todo lo demás. Escucho a Chase soltar un suspiro y me doy vuelta para verlo, está colocando las tres enormes bolsas de hielo en el suelo y luego toma él asiento junto a ella antes de atrapar su cabeza entre sus manos. Me quedo un segundo observándolo y luego me armo de valor para caminar hacia él y tomar asiento a su lado.

— Te ves muy mal — digo y él alza la mirada para enfocarme.

— Es el calor — informa en un suspiro —, solo necesito darme un buen baño con hielo para recobrar un poco de fuerzas — pasa una de sus manos por los cabellos adheridos a su frente perlada por la fina capa de sudor.

— Hubiera preferido que no hubiera venido, no me gusta verte así — declaro, reemplazando su mano con la mía y sintiendo el calor de su piel.

Chase me mira de forma fija por unos segundos y luego se coloca de pie, regalándome un encogimiento de hombros como un acto indiferente, eso me hace bufar. Lo veo quitarse la camisa por encima de la cabeza y luego la lanza sobre la cama antes de agarra las bolsas de hielo. Lleva puesta la misma ropa que estaba usando en nuestro picnic en el bosque de Hemsworth, eso me da a entender que desde entonces todo se le salió de las manos y la mejor idea que tuvo fue ir a un bar a ahogarse en alcohol. Ese pensamiento me hace enojar.

Lo sigo con la mirada y lo veo perderse en la entrada que da hacia el baño individual de la habitación. Se escucha un ruido extraño de su interior y eso me hace fruncir el gesto. Con curiosidad me levanto y camino hacia el baño, pego mi hombro del marco de la puerta y frunzo los labios al verlo depositar el hielo en la enorme bañera que hay en el lugar.

— No me pareció buena idea que te dijera las cosas que te dije por teléfono. Quería verte a los ojos para decirte lo mucho que te amo — retoma nuestra conversación, girando sobre su eje para mirarme una vez que deja de echar el hielo en la bañera.

— Te conozco, Chase — suspiro —, sé lo que eres y las cosas que te dañan. Yo hubiera entendido perfectamente si sólo me llamabas y ya — suspiro una vez más —. Esto — hago una seña como si quisiera abarcar toda las estancia — te hace daño. Entiendo que me quieras, pero no puedes ponerte en peligro por mí, no es bueno para ti.

De pronto, y como una mala pasada de mi mente, recuerdo que eso es exactamente lo mismo que estoy haciendo yo al haber aceptado el trato que me planteó Seam. Decidí renunciar a mi vida por la de Chase y me pregunto cómo es posible que alguien llegue a amar con tanta intensidad. Me imagino que de la misma forma en la que se puede odiar hasta la muerte. Como por ejemplo Seam y Chase… según lo que tengo entendido ellos eran los mejores amigos y ahora el hechicero solo quiere ver su sufrir a la persona que debería querer. Otro ejemplo es Hazely y Graham, ellos se amaban y… se juraron muerte eterna. Recordar eso me causa escalofríos, pero no lo hago notar.

— Lo sé — me da la razón mientras quita el botón del pantalón y se baja la cremallera —, es sólo que actué sin pensarlo, fue un impulso, lo lamento… — se inclina hacia delante para empezar a quitarse los zapatos.

— No puedes dejarte llevar sólo por los impulsos, Chase — le susurro —. No quiero verte mal — mi voz se quiebra apenas un poco, los recuerdos de todo lo que pasamos en Las Tortugas, todas sus recaídas y lo débil que estaba, me hacen sentir nerviosa y ansiosa —. Te haces daños.

— Lo entiendo — bufa, bajándose los pantalones —. Giselle, yo sólo seguí un impulso, escuché a mi corazón y me dejé…

— ¿Y te dejaste llevar por los consejos que aparecieron en tu mente cuando estabas ahogado en alcohol? — Suelto las palabras con más brusquedad de la necesaria.

MAHDLN: La reencarnación de Hazely Way¡Lee esta historia GRATIS!