Capítulo 4- Pinceladas de decepción

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Mis astros bellos, comunicaros que he sido seleccionada entre más de 67000 participantes para los Wattys 2018. Estoy en la segunda fase del concurso 

Jamás os he hablado de mí porqué me es más difícil eso que escribir, pero lo que sí os puedo asegurar es que  Nada de todo esto sería posible si no fuera por vuestro apoyo. Ya no es el concurso, los votos o los comentarios... es la felicidad que me genera saber que mis escritos os emocionan tanto como a mí. Os quiero...

Gigi retornó a la intimidad de su alcoba tras serpentear entre las sombras. Su respiración estaba agitada y sus piernas temblaban, por lo que decidió despojarse de su vestido para lavarse cuidadosamente. Con un poco de agua que reposaba en una vasija,  empapó aquellas partes que más necesitaban del frescor y se cubrió con un camisón para estirarse sobre la cama.  

A esas alturas de su vida no se arrepentiría por lo que acababa de ocurrir, era evidente que hacerlo no la ayudaría a solventar el problema. Y el problema era que Thomas le ocultaba algún asunto que la inmiscuía a ella directa o, indirectamente. 

Si negaba que estaba perdidamente enamorada de él sería una necia, pero el modo en el que la había tratado sería motivo suficiente para que lo detestara el resto de su vida. Primero, le llenó el corazón de esperanzas y sueños adolescentes cuando tan sólo era una niña para luego desaparecer y quebrarle el alma en cien pedacitos lúgubres; y ahora,  a penas hacía unos instantes, la había manipulado falazmente hasta arrastrarla en el punto que él había deseado.  Y ese punto era el de estar atada a él sin más opciones. Acababa de entregarle aquello por lo que una mujer era cotizada en el mercado y bien podía confesarle a Audrey lo sucedido y, quizás, escapar de Thomas; ¿Pero era lo lógico?¿ Era consecuente con sus actos hacer perder el prestigio de su familia por algo que ella había aceptado? No había sido tomada a la fuerza. Ella había deseado todo cuanto Thomas le había proporcionado. Pero no esperó ese final. 

Estaba claro que Lord Peyton  había hecho uso de sus artimañas engatusadoras, para hacerla caer en medio de su telaraña  y ella lo había consentido, pero ese no era el quid de la cuestión. Lo que la atormentaba, era no saber por qué Thomas había actuado de esa forma.¿ Por qué había querido que ella cayera tan rápidamente en su lecho para luego desposarla en Gretna Green? ¿Por qué su premura? ¿Por qué la clandestinidad?   

Eran cuestiones que en ese preciso instante no podía resolver;  así que decidida a no pasar toda la noche en vela rememorando hechos que no podía ni quería cambiar, llamó a su doncella y mandó que le preparara una infusión para dormir. 

La señorita Maison, la doncella de Gigi, quedó un poco sorprendida por la petición de su Señora a esas horas ; sin embargo,  no era del todo extraño que una joven debutante necesitara de algún incentivo para dormir, debido al ajetreo que sufrían durante el día. Así que la sirvienta, obediente y discreta , obedeció.

-Tienes mal aspecto- convino Karen en cuanto la vio a la mañana siguiente, a pesar de que se había esforzado en cubrir sus prominentes ojos hinchados, nada había sido fructífero. 

- No es nada, tan sólo me dolían tanto los pies debido los bailes ,que no he podido dormir - mintió ella sin que se le notara, era hábil en ocultar sus verdaderos pensamientos y consiguió que su melliza aceptara la explicación y volviera la vista hacía la gran sala del desayuno. 

-Audrey, ¿podemos sentarnos con mis nuevas amigas? - demandó Karen en cuanto vio a Diana, Sophia y Catherine;  sentadas en una mesa dispuesta frente a un gran ventanal. 

-Por supuesto- accedió la tutora, que veía muy conveniente que sus dos hermanas menores entablaran relación y amistad con personas que no fueran de la familia. Nunca se sabía de quien se podría necesitar, por mucho dinero y posición que se ostentase. 

Manto del firmamento ( IV Saga de los Devonshire)©¡Lee esta historia GRATIS!