I

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Han pasado ya dos meses y medio desde la última batalla que tuve junto a los Vengadores, en Sokovia. A pesar del tiempo pasado, soy incapaz de olvidar todo lo que pasó.
Cuando cierro los ojos vuelvo a verlo, la misma escena, los mismos sentimientos, la misma muerte.
He intentado de todas las maneras posibles de no pensar en ello, pues mi vida ha cambiado totalmente, el pequeño Nathaniel ha nacido, lo que conlleva más responsabilidad por mi parte.

─ Cariño, ¿estás despierto? ─ me grita Laura desde la escalera.

─ Sí, estoy en el salón ─ respondo.

Veo a Laura entrar al salón, y sentarse a mi lado en el sofá.

─ ¿Por qué madrugas tanto? ─ me pregunta.

─ Tengo cosas por hacer ─ respondo.

─ Mentiroso ─ dice esbozando una sonrisa.

─ Tú que sabrás, estás durmiendo ─ digo.

─ Yo lo sé todo ─ añade.

─ De acuerdo ─ respondo ─ ¿puedes levantar tú a los niños?

─ Vale, pero prepara tú el desayuno ─ dice mientras se levanta.

─ ¿Acaso has olvidado quién lo prepara siempre? ─ añado.

─ Algún día de estos te tocará levantar a los niños a ti ─ me dice alejándose.

Me levanto del sofá y me dispongo a hacer el desayuno, por lo menos no me llevará más de diez minutos.

─ ¡Papi! ─ grita Lila corriendo hacia mí.

─ Hola pequeña ─ digo cogiéndola entre mis brazos.

─ ¿Qué has hecho para desayunar? ─ me pregunta.

─ Tus tortitas favoritas ─ respondo.

─ Genial ─ dice sonriendo.

Suelto a Lila, y me siento en una de las sillas de la mesa de la cocina, Lila me imita y me observa.

─ ¿Por qué te levantas tan temprano siempre? ─ me pregunta.

─ ¿Qué? ─ pregunto mirando a mi hija, ya que no me esperaba su pregunta.

─ Dice mamá que siempre te levantas a las seis de la mañana, algunos días antes ─ me explica.

─ Tengo cosas que hacer ─ respondo.

─ Dice mamá que mientes, ¿es cierto? ─ dice mirándome.

─  Claro que no, sólo que tengo cosas por hacer, de verdad ─ respondo.

No me gusta nada mentir a Laura, y mucho menos a mi hija, pero no puedo contarles que no puedo dormir, porque cada vez que cierro los ojos recuerdo como Ultrón mató a Pietro, como él me salvó la vida a mí.

─ ¿Mañana te levantarás también pronto? ─ me pregunta.

─ Sí ─ respondo ─ ¿por?

─ Por saber ─ responde.

En ese momento entra Laura con Cooper y Nathaniel en los brazos, Cooper se acerca a mí y me da los buenos días.

Desayunamos mientras Cooper nos cuenta lo que hizo ayer en la escuela, aunque no presto mucha atención, la escena se repite, yo cogiendo al niño entre mis brazos, escuchando los disparos que lanza Ultrón, que cada vez se acercan más a mí, girando, dando la espalda a los balazos, decidido a proteger al niño y dar mi vida, el sentimiento de culpa por abandonar a mi familia, la espera de las balas, las que nunca llegan, mirar a mi lado y ver al hermano Maximoff desplomarse en el suelo.

─ ¿Papá? ─ la voz de Cooper me saca de mis pensamientos.

─ ¿Sí? ─ pregunto desconcertado.

─ ¿Puedo quedar con mis amigos esta tarde? ─ me pregunta-

─ Claro ─ respondo rápidamente.

Me levanto de la mesa y dejo el plato en la encimera, después me subo arriba.

A lo mejor debería haber muerto, no debió morir alguien por mí. Intento no pensar en eso, ya que no puedo cambiar lo sucedido.
Me siento en la cama y me llevo las manos a la cabeza, no puedo seguir viviendo así, no puedo revivir todo el tiempo lo mismo.

Noto una mano en mi espalda y levanto la cabeza.

─ ¿Estás bien? ─ me pregunta Laura.

─ Sí ─ respondo.

─ Has estado raro durante todo el desayuno ─ añade.

─ Estoy bien, solo tengo que hacer cosas ─ digo.

─ Siempre estás haciendo cosas, incluso cuando no hay nada que hacer, ¿estás seguro de que estás bien? ─ pregunta.

─ Sí, no me pasa nada, te lo prometo ─ respondo.

Doble o nada¡Lee esta historia GRATIS!