Capítulo 3- Manipulación

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Gigi se lo quedó mirando sin saber si reír o llorar. 

-¿A buscarme?- repitió ella incrédula con la boca entre abierta y removiendo sus pupilas sobre él. Buscó algún ápice de burla o de locura en sus ojos pero no había ni de lo uno ni de lo otro, sino que su mirada sombría parecía más serena y sensata de lo que recordaba. 

-Sí, eso he dicho, a buscarla - ladeó sus labios hacia la derecha esbozando una mueca que quería ser una sonrisa pero se había quedado a medio camino; no había rastro de la mirada alegre y del porte jocoso de ese joven que un día conoció, aunque si conservaba su talante insolente y claramente, embaucador. 

-No, no...esto es una locura- alzó los brazos al aire ella, olvidando cualquier norma del decoro y clavando su mirada sobre un pequeño candil abandonado en medio del pasillo y que se esforzaba por cumplir su misión sin éxito.  Gigi cruzó sus brazos por encima de su pecho y trató de serenarse sin mirarlo.

-¿Otra vez tratando de engullir la bilis? -se mofó él dando una calada a su puro mientras colocaba su otra mano en el pequeño bolsillo de su chaleco. 

-¡No juegue conmigo!¡No se lo consiento! - se giró de golpe ella, enervada ,alzando su dedo índice a modo de amenaza- ¿lo comprende? Lo último que necesito es que un caballero de tres al cuarto venga a mofarse de mí. 

-yey, yey - rogó clemencia Thomas alzando sus dos brazos a modo de rendición, pero con cara de estar disfrutando. 

-Váyase usted a reír de quien no lo conozca, yo sé muy bien de qué pie cojea Señor Peyton- alzó ella su mentón decida a volver junto a Audrey. Lo último que deseaba ,era que alguien la encontrase en esa tesitura y se viera obligada a casarse con el hombre más manipulador de Londres. 

-Espere- la detuvo él por el brazo , un inofensivo contacto que causó una tempestiva ola en el interior de Gigi , la cual tuvo que hacer grandes esfuerzos para zafarse de su mano y no demostrar que se fundía con su solo roce. 

Ella lo miró interrogativa. Thomas no era la clase de hombre que se ofendiera rápidamente y no empezaría ahora por esa nimiedad. 

-A las doce en punto frente a la estatua del gorrión.

-¿Usted cree que fumo opio Señor Peyton?- replicó ella muy seriamente provocando una sonora carcajada en el caballero. Hecho que enfureció más a Gigi porqué no había querido sonar graciosa sino cortante. Mal tratando a su pobre tobillo, la joven dama decidió huir del lugar sin mirar atrás. 

-¿Dónde has estado?- la interrogó Audrey nada más verla aparecer en el salón  - te hemos estado buscando por todas partes.

-He salido al jardín para tomar un poco de aire, me sentía mareada - la Duquesa de Somerset la miró de forma exhaustiva, si no fuera por su fría mirada diría que no la había creído, pero no podía saberlo a ciencia cierta . Gigi tenía demasiado respeto hacia Audrey como para preguntarle qué pensaba o contarle sus verdaderos sentimientos, así que debería conformarse con la mueca disimulada de incredulidad que su tutora esbozó. 

-No vuelvas a hacer tal cosa, el jardín no es lugar para jóvenes casaderas, ya deberías saberlo - fue todo lo que dijo la Duquesa dirigiendo su mirada al centro de la pista. -Lord Cromwell te está esperando para la pieza que le hemos prometido, vamos. 

Gigi fue arrastrada , muy sutilmente, hasta ese Lord Cromwell de aspecto larguirucho y poco musculoso pero no había otra opción; debía corresponder a la petición que éste había hecho para con su baile y nada más. 

Lo que ella no imaginó era que durante todas las piezas que bailó con uno y otro caballero,tendría al Señor Peyton mirándola cual vigía nocturno. A pesar de que le había lanzado miradas reprobatorias y hasta le había llegado a hacer alguna que otra seña, no desistió en su empeño por observarla. A cada giro que daba, se encontraba con su mirada. Dichoso Thomas. Maldito desquiciado. 

Manto del firmamento [YA A LA VENTA]¡Lee esta historia GRATIS!