epílogo (ii)

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Todas las cosas que ella dijo están corriendo por la cabeza de Rosé y es entonces que se da cuenta de que nada fue suficiente.

Allí, frente a ella, estaba Jennie.

Había pasado un año desde que Rosé le había contado sobre sus sentimientos y Jennie no pudo compartirlos. Ahora, mientras agarraba la mano de su novio por debajo de la mesa de la cafetería, sentía que su cuerpo había dejado de ser consciente de sí mismo.

Jennie también se había dado cuenta de su presencia, lo sabía porque nada más encontrarse sus miradas la mayor apartó sus ojos mucho más rápido de lo que a Rosé le hubiera gustado. Aquella mirada fue como un disparo a su pecho, como si todo por lo que había luchado y había logrado durante aquel año se volviese débil y ya no valiera nada.

Porque así fue como Rosé descubrió lo que se sentía al reencontrarse con la persona que te había roto el corazón.

Mientras su novio estaba hablando con el camarero y tenía su mano entrelazada con la suya, Rosé dejó de pensar y se limitó a observar a la persona con quien hace tiempo mantuvo una relación de amistad, pero nada más.

Y eso le dolía.

Le dolía haber hecho lo correcto, haber dejado espacio a Jennie para que se encontrase a sí misma a cambio de que ella volviese a perderse. Porque fue junto a Jennie que Rosé consiguió sobrellevar un momento en su vida donde fue egoísta con Lisa y se encerró en su propia burbuja para huir de la realidad, sin darse cuenta de que quien debería estar sintiendo miedo no era ella sino su mejor amiga. Con Jennie ella sintió que podía conectar con otras personas igual de bien que con amigos de toda la vida, le hizo darse cuenta de que habían personas ahí fuera que al igual que ella esperaban a alguien con quien compartir sus vidas. Y siendo sincera consigo misma, Rosé sabía que el dolor era solo una cicatriz que amenazaba con abrirse, pero ella no la dejaría. Porque sabía que al igual que ella había seguido con su vida, Jennie también lo había hecho.

A veces parece que Rosé quería convencerse a sí misma de que no la echaba de menos, pero lo cierto es que había veces donde tuvo ganas de llamarla o de ir a verla a su casa. Hubo una vez donde ella no fue tan fuerte como quiso y en esa ocasión, no mucho después de su última conversación con Jennie, fue a su casa, pero no estaba.

Ni ella ni nada.

La casa tenía un gran cartel de "Se vende" con un número de teléfono apuntado con trazos gruesos y visibles. Fue entonces cuando Rosé se fijó en que el número no era el mismo que ella tenía guardado en su teléfono y entendió que aquello estaba sucediendo de verdad.

Jennie y ella se habían separado por completo.

Por eso, mientras miraba a Jennie salir del local con su café en la mano, no quiso ir a por ella. No quiso perseguirla, pararla en medio de la calle y preguntarle qué había hecho en todo ese tiempo. Porque Rosé tenía miedo de las palabras de Jennie, tenía miedo de la verdad al igual que lo había tenido siempre. Miedo de que Jennie estuviera perfectamente sin ella cuando a Rosé le había costado tanto seguir adelante sin su compañía.

Por que al fin y al cabo, eso solo eran inseguridades de ella que le harían daño a ambas. Lo mejor fue separarse y lo mejor será seguir separadas.

Rosé ahora sentía un gran peso en el pecho mientras miraba a través del cristal como Jennie caminaba en la calle a su lado, a menos de un metro y con una fina ventana separandolas. La vio alejarse hasta un banco donde estaban sentadas dos chicas y observó cómo hablaban y reían entre ellas mientras compartían el café. Parecían amigas y Rosé se sintió feliz por ello.

Porque vio cómo a pesar de no estar juntas, ambas habían encontrado personas que las hacían felices y para Rosé era más importante verla sonreír con alguien más que llorando a su lado.

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𝐆𝐈𝐑𝐋𝐅𝐑𝐈𝐄𝐍𝐃 𝐆𝐀𝐌𝐄 ── LISOO + CHAENNIE 《BLACKPINK》Donde viven las historias. Descúbrelo ahora