29. Número desconocido (primera parte)

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Después de dejar la inspectoría, Solae no se dirigió a mí ni una sola vez. Creí que ahora que la habían absuelto del castigo estaría más comunicativa conmigo, pero no. Al parecer el solo hecho de que la llamaran ya había empeorado nuestra situación.

Al regresar a nuestra sala, nuevamente todas las miradas se detuvieron en nosotros. La clase de Big Alicia aún no había concluido y volver a interrumpirla nos significó varias maldiciones silenciosas. Una vez en mi puesto, saqué mi cuaderno sin hacer caso a las notificaciones que vibraban en mi bolsillo. Big Alicia me tenía bajo especial vigilancia, así que no podía arriesgarme a leerlas, mientras que Joto me levantaba las cejas, exigiéndome que lo pusiera al corriente de todo.

Ya comenzando el primer recreo se formó un grupo de curiosos alrededor de Solae y Anton, y juntos bajaron al patio, no sin antes mirarme de reojo, mientras cuchicheaban sobre lo ocurrido.

Por mi parte, salí junto a Joto y Ame y los actualicé respecto a todo (o casi todo), ya que por razones obvias, omití la verdad de la que tanto se había reído Miss Alba. Me trataban como a un héroe, a pesar de que mi comportamiento había sido por lo bajo estúpido. Y aunque sabía que todo este asunto iba a dejar una pequeña huella en mi expediente, al menos me sentía tranquilo de que Solae hubiese salido impune.

Pasé el segundo recreo y el almuerzo también junto a ellos, mientras que el resto de las clases transcurrieron con normalidad. Solae seguía sin hablarme (ni mirarme) y con Anton parecían aún más compenetrados de lo normal (si es que aquello era posible).

Ya en el penúltimo módulo de la tarde, sentí mi celular vibrar de nuevo, apareciendo una notificación en la pantalla bloqueada.

—"Necesito hablar contigo."

Sin esperarlo, aquel mensaje me emocionó, pero apenas me di cuenta que el remitente era un número desconocido y que Solae no parecía tener su celular a mano, quedé confundido. Anton tampoco daba señales de haber sido el autor. Podía ser cualquiera. Hice una inspección rápida del salón y sin conseguir ninguna pista, intenté volver mi atención a la clase.

—"¿Quién eres?" —escribí, sin obtener respuesta y escondí el móvil, ya que nuestro profesor de lenguaje comenzaba a hacernos preguntas. Cuando por fin se volteó a anotar un esquema en la pizarra, volví a revisar mi celular, que tenía un nuevo mensaje.

—"Juntémonos en el patio de los naranjos, en la banca frente a la fuente de agua."

¿Quién quería hablar conmigo? Tamara fue la primera persona que me vino a la cabeza, pero yo ya tenía registrado su contacto. En un nuevo intento por averiguar más, presioné sobre el número y sobre el avatar se actualizó la foto de una chica con pechos enormes a la que apenas se le distinguía la cara. Cerré la foto por instinto y escondí el celular bajo mi mesa.

Por el ángulo y el prismado de la imagen resultaba difícil distinguir de quién se trataba. Se apreciaba su boca haciendo el gesto de lanzar un beso, pero su cabello o era muy corto o lo llevaba recogido, porque no se veía en la imagen. Claramente era una chica bastante atrevida (y atractiva) ¿Pero quién? ¿Era alguien de mi clase? Barrí el salón nuevamente con mi mirada, para ver si alguna de mis compañeras se atribuía el mensaje, pero ninguna se daba por aludida.

Repasé una lista mental de mis compañeras de curso, para ver si alguna de ellas podía ser la poseedora de semejante escote y que además tuviese el interés de conversar conmigo. Mi primer reflejo fue mirar hacia Solae y me ruboricé de solo pensar en ella sacándose una foto de ese tipo.

—"Idiota. No soy Solae." —recibí como mensaje mientras la miraba, por lo que quedó de inmediato descartada. OK, de todas formas parecía que la que me escribía tampoco tenía intenciones muy románticas conmigo y a la vez me acababa de confirmar que sí estaba en la sala.

Comencé a descartar. Nunca hablaba ni con Francisca, ni con Daniela, que se sentaban más atrás, así que no tendrían motivos. Mica no podía haber sido, sus pechos eran bastante más pequeños y a Diego, su novio, tampoco le causaría mucha gracia. Trinidad tampoco. Se veía atenta a la pizarra, y luego de nuestra última conversación estaba seguro de que me despreciaba. Miré a Amelia, y me sorprendí al notar que escondía su móvil bajo la mesa. Al mirarme, me sonrió incómoda y, roja, desvió su vista hacia la ventana. No. No podía haber sido Amelia. ¿O sí?

—"Ya deja de mirar hacia acá." —me respondió nuevamente el número desconocido. ¿Pero donde mierda era acá? Volví a pensar en Amelia y volví a descartarla en seguida. Al parecer, la única forma de lograr averiguarlo sería ir al lugar que me habían indicado, ya que la misteriosa remitente por ahora no tenía intenciones de salir de su anonimato.

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