Capítulo 32

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Louis sonrió grande mientras recibía a su pequeño en brazos y entraba por la puerta principal de su hogar. El día estaba llegando a su fin y gracias al cielo había vuelto a casa una vez más. Ethan olía a frutas y Louis se permitió besarlo muchísimas veces haciéndole cariños.

Harry les observaba con amor sintiendo un profundo sentimiento de agradecimiento hacia Louis por permitirle formar parte de esa pequeña burbuja familiar.

Finalmente Louis levantó su vista encontrando los ojos verdes de Harry quien también le sonreía. Se acercó al mayor y lo abrazó con suavidad dejando un suave beso en su cuello. Harry le besó la coronilla y soltó un suave suspiro.

—¿Cómo estuvo el trabajo hoy? —le preguntó en un murmullo alejándose para encontrar una vez más los ojos azules brillantes de Louis.

—Estuvo bien, no hubo demasiada gente que atender —respondió—. ¿Cómo la pasaron ustedes? —le dio un besó a Ethan nuevamente en la mejilla haciendo que soltara una leve risilla. Louis sonrió y comenzó a caminar hasta llegar al sofá de la sala para sentarse. Harry cerró la puerta y caminó hasta ellos sentándose también.

—Ethan durmió todo el día —habló llevando uno de sus brazos hasta los hombros de Louis para abrazarlo—. Y cocinamos sopa de verduras para la cena.

Louis alzó su cabeza mirando a Harry a los ojos—. Sabes que me encanta esa sopa —murmuró.

El mayor asintió—. Es por eso que la he hecho.

Louis sonrió y se acercó para besar suavemente los labios de Harry—. Gracias.

—No hay de qué cariño...

Los meses sin duda habían pasado con rapidez, unos días más y se terminaría el mes de octubre.

Definitivamente los días malos para Louis habían terminado en su mayoría. Ya no estaba estresado por no tener un trabajo, no cuando Hillary le llamó tres días después de su entrevista para que se presentara en Banco Sabadell a laborar. No podía tener días malos cuando tenía un horario muy cómodo y a Ethan no le faltaba absolutamente nada. No cuando su ambiente de trabajo era agradable rodeado de personas amables que le saludaban y le ofrecían un café, que a pesar de tener solo diecinueve años lo trataban con la importancia que merecía.

Sus días malos dejaron de importar cuando comenzó a ser totalmente independiente, cuando obtuvo su primera paga, cuando hizo su primera alacena, con ayuda de Harry claro, ya que Louis no tenía ni idea de qué era un sazonador o para qué servía, contaba con el apoyo incondicional de Harry, quien estaba todo el tiempo que podía a lado suyo y de Ethan.
Ambos se habían adaptado muy bien a la rutina diaria del otro. Con el tiempo Louis y Harry comenzaron a actuar más como una pareja, no como una pareja que se conocía de un par de meses, gracias a la confianza que por alguna razón había nacido en ambos, podían entenderse con facilidad. Cada día descubrían algo nuevo del otro, y se sentía bien, ambos estaban totalmente cómodos con la vida que trataban de formar juntos. Harry era más de lo que Louis podía pedir, y Harry simplemente estaba maravillado con Louis y Ethan, tan igual como el primer día que los vio.

Aunque aún no se mudaban juntos, y la verdad es que no tenían planeado hacerlo pronto ya que Louis estaba disfrutando el estar fuera del ala familiar de su madre, disfrutando de su hijo y su libertad, pasaban demasiado tiempo juntos. La razón era porque Harry cuidaba de Ethan cuando podía. Louis iba al trabajo y Harry lo esperaba en su departamento junto a Ethan. El rizado amaba sentirse parte de esa pequeña burbuja, donde Louis le tomaba en cuenta para todo, le preguntaba qué opinaba sobre esto o aquello, le pedía que le enseñara a cocinar algún platillo, donde Ethan a veces necesitaba de los brazos de Harry para poder dormirse, amaba ver la imagen del pequeño yendo de aquí allá en su andadera, que claro había sido un regalo de cumpleaños por parte de Harry. Las piernitas de Ethan cada día estaban más fuertes y cada que Harry lo recordaba a Louis, el castaño hacía un pequeño puchero porque le ponía nostálgico saber que su pequeño día con día estaba creciendo más y más. 

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