Capítulo 33

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Chase.

No sé qué decir. Sus ojos me miran de forma fija y yo lo único que logro hacer es soltar algún balbuceo inteligible. Trago saliva y siento como se atora en el nudo de mi garganta.

- ¿Por qué? - Digo después de un rato en silencio.

Giselle suelta un suspiro y luego se encoge de hombros. - Hay mejores oportunidades de estudio allá, aparte, extraño mucho a mi mamá... así que decidí volver.

De alguna forma me alegra que el motivo de su partida no sea yo, no obstante, sus palabras queman y duele en mi pecho. Sin dejar de mirarla asiento y luego le sonrío... o por lo menos hago el intento.

- Espero que te vaya bien - digo con gran sinceridad - ¿A qué hora te marchas? - Necesito saber.

- El avión despega a la cinco de la tarde - dice -. Pero tengo que volver a casa a la una de la tarde, ya sabes, para pasar tiempo con los chicos, y con papá y Sophie - la veo morderse el labio inferior, como si estuviera vacilando en decir algo más. -. Yo sólo quería despedirme y pasa un rato contigo...

Sus palabras hacen que mi corazón se detenga una fracción de segundo y luego reanuda su marcha a una velocidad increíble. Nos quedamos en silencio y no resisto el impulso de abrazarla. Su rostro se hunde en el hueco de mi cuello y se queda ahí.

- ¿Y qué piensas estudiar? - Pregunto para deshacerme del silencio que se ha instalado entre nosotros.

- Me gusta la literatura - dice y su aliento choca en mi cuello, eso me eriza la piel -. Me gustaría trabajar en una Editorial, quizás hasta escribir un libro, no sé.

Después de hablar un poco más, Giselle y yo nos colocamos de pie y empezamos a guardar la comida que quedó de sobra y la manta en la canasta antes de empezar nuestro camino hacia el vehículo. Una vez ahí, subimos y lo pongo en marcha. Giselle coloca música y no puedo evitar reír cuando la escucho cantar, trato de no pensar en que se va, pero es difícil.

Una vez que estaciono el auto, el lugar se sume en un silencio sofocante. La escucho soltar un suspiro y luego apaga la música, no obstante, no la veo... no puedo hacerlo, siento que si la miro corro el riesgo de llevarmela lejos.

- Así qué... - masculla, sonando un tanto confundida.

- Así qué... - imito su tono de voz, sin saber qué hacer. Se siente erróneo despedirme de la chica que amo, no puedo hacerlo - ¿Cómo se supone que lo haga? - Digo y la miro, sus ojos se clavan en los míos -, ¿cómo se supone que mire a la mujer que amo y me despida de ella?, ¿cómo?

Giselle sonríe de lado, sin embargo, la sonrisa parece una mueca adolorida. - No lo hagas - responde y se encoje de hombros -, nunca es fácil decir adiós - su mano se estira para buscar la mía y la entrelazamos -, por eso cuando era pequeña nunca lo hacía; siempre dije hola. Esa era mi despedida.

Suelto un suspiro y hago una seña para que venga hacia mí y ella, sin dudarlo me obedece. Me acomodo en mi asiento para que ella pueda ubicarse sobre mí, sus manos se colocan en mis hombros y su rostro queda a centímetros del mío.

- De todas formas eso nunca va a pasar - declara -. El adiós para mí no significa una despedida, porque si amas a una persona ella nunca se irá - sonríe un poco -, ella siempre estará aquí en tus pensamientos - señala mi sien - y aquí, en tu corazón - luego coloca su mano sobre mi pecho y paso por alto el hecho de que exista la posibilidad de que pueda sentir mi corazón acelerado.

Con los nudillos de mis manos acaricio su mejilla derecha, mirando cada una de esas pequeñas -casi invisibles- pecas. Sus labios de pronto se vuelven más tentadores y no puedo evitar sentir deseo de besarla, y le obedezco. Nuestros labios se chocan, se tocan y se acarician. Mis ojos se cierran con fuerza y me permito absorber todo lo que ella me causa, me permito disfrutar de nuestro último beso.

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