Capítulo 33.2-Culpabilidad

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Karen vio a través del resquicio de la puerta como Liza parecía desahogarse en brazos de Edwin; sabía que no era la curación definitiva a su desdicha y que tardaría mucho tiempo en sanar esa herida,  pero al menos era un alivio para todos que expresara su frustración y conmoción, en lugar de enajenarse de la realidad.  Con la intención de no interrumpir el momento, decidió dar media vuelta y suspirar profundamente ; como si toda la tensión que había vivido a lo largo del día se fuera disipando de la misma manera que la luz del sol lo había hecho. 

Anduvo con pasos cansados hasta la alcoba de William y comprobó que, efectivamente, estaba durmiendo bajo la protección del hogar. Había entrado en pánico con la sola idea de perder-lo otra vez y es que sintió que su vida desaparecía al lado de la suya cuando lo encontró en manos de la desquiciada de Ivonne. Nunca olvidaría el consuelo que halló al verlo sano y salvo en brazos de su cuñado después de una caída que podría haber sido mortal para el bebé.  Afortunadamente, William, a penas mostraba algunas contusiones que con el tiempo desaparecerían.   

Tras unos minutos  , Asher también entró en la alcoba del heredero del Condado y se posicionó al lado de su esposa en silencio. Se sentía culpable, en cierto modo, por todo lo ocurrido. No sólo por lo que habían sufrido Karen y William sino también por la violación de la más pequeña de las Cavendish, Liza. Había ocurrido en su propia casa, no había sido capaz de proteger a los suyos. Y ese era un peso que arrastraba y arrastraría por mucho tiempo el Conde. 

Como si Karen le leyera la mente, le cogió la mano y lo miró significativamente. 

-Lo siento- susurró Asher .

-No ha sido tu culpa.

-Yo creo que sí...No he sabido protegeros. 

En el mutismo, Karen estiró de su esposo hacia la recámara conyugal dejando que William tomara un merecido descanso.  

-¿Por que crees que ha sido tu culpa?-  preguntó Lady Stanley en la intimidad de su estancia. 

-Creo que no quise ver como era mi madre en realidad. Me aferré a la idea de que tan sólo se trataba de una mujer preocupada por su hijo... cuando en realidad se trataba de una persona totalmente desequilibrada - confesó Asher sentándose en una de las butacas azules que reposaban en una esquina. 

-Deja de torturarte, no podemos cargar con los actos de nuestros padres  - trató de consolar la Condesa mientras ella misma se desvestía. 

-¿Quieres que llame a la doncella para que te ayude?

-No deseo ver a nadie ahora mismo...- removió sus ojos oscuros y agotados. 

-Al menos déjame que yo te ayude...- se ofreció Asher, incorporándose para desatar el corsé de su esposa con habilidad , sin mediar palabra. No les hacía falta hablar, con saberse uno al lado del otro era suficiente- Creo que ninguno de los dos hemos tenido una madre común - recordó el Almirante pasando los dedos sobre las cicatrices que Karen tenía en la espalda. 

-Asher, hay algo que debo contarte...- inició la joven cubriéndose con un camisón tras ser liberada de la cotilla -  mi madre no nos amaba, nos odiaba a mis hermanas y a mí por ser mujeres- continuó mientras el Conde volvía a sentarse y ella se quedaba de pie - pero lo peor de todo es que tampoco amó a mi padre, lo engañó al principio de su relación y...y...ella también mató a mi padre- era la primera vez que lo decía en voz alta y se truncó, se quebró cayendo sobre sus rodillas y rompiendo a llorar provocando que Asher se incorporara de nuevo y la levantara sobre sus brazos para depositar-la sobre la cama- lo mató Asher, pero no fue por celos ni por obsesión sino por avaricia...tu madre al menos decía estar perdidamente enamorada de tu padre pero la mía no, la mía sólo quería poder y dominar sobre nosotras...urdió un plan para asesinarlo- relataba sentada en la cama mientas Asher se sentaba a su lado y la escuchaba atentamente - entonces yo...ella estaba a punto de matar a Audrey, aunque creo que al final recapacitó y no le iba a hacer, pero de todas formas yo necesitaba vengar a mi padre. Lo necesitaba... y la asesiné, asesiné a mi propia madre - sus lágrimas corrieron brillantes sobre sus mejillas limpiando esa oscuridad que había permanecido por tanto tiempo en sus órbitas. 

El Conde la abrazó y la meció mientras acariciaba su pelo y así pasaron largos minutos hasta que Karen pareció haber terminado con toda el agua que había en su interior. 

-Mira- mostró la huérfana desatando el medallón que había cogido del escritorio de su suegro y entregándoselo a su esposo. 

Asher lo abrió y vio en él a una mujer muy hermosa de pelo oscuro muy parecida a Karen y a su padre en el otro extremo, también muy similar a él. 

-No me había atrevido a entrar en su despacho des de su muerte, ¿hay más cosas como ésta?

-¿Vamos? - propuso la pelinegra con un centelleo en sus ojos que animaron a su esposo a aceptar. 

A altas horas de la noche, y en ropa de dormir ambos se introdujeron en ese despacho repleto de telarañas con la ayuda de candiles,  como si de dos niños se tratara. Leyeron cartas que nunca fueron enviadas y descubrieron retratos que fueron contemplados por muchos años. 

-Mira esto- alertó Asher a Karen , mientras ésta leía una de esas notas de amor que Edward, el papá de su esposo, dedicó a su abuela.  La joven se acercó a él mientras éste sostenía una cajita dorada. 

-¿Es un anillo?

-Es el anillo dirás. Es el anillo del que habló mi madre, el que mi padre compró para Georgiana...

-Abre la caja, quiero verlo - suplicó curiosa ella a lo que él obedeció y quedaron maravillados con la pieza de joyería. Se trataba de un diamante negro de dimensiones considerables rodeado de pequeños diamantes blancos sujetos a una esfera de oro grueso. Asher lo sacó de esa cajita en la que debió estar muchos años y leyó la inscripción de su interior: " A mi noche estrellada".E.S. 

-No puedo creerlo- quedó atónito Asher al ver que su padre se refirió a esa mujer de la misma forma en la que él veía a Karen. 

-Ni yo, es impresionante, Dios no ha juntado en respuesta a los planes malévolos de Ivonne; piensa que hubieran sido un matrimonio si no fuera porqué ella le dijo a mi abuela que no aceptara a tu padre- repuso Karen leyendo también aquél escrito de hacía lustros. 

-Creo que es hora de que mi Condesa tenga un anillo de compromiso acorde a su rango - miró Asher el antiguo anillo que compró a una pescadera y que Karen aún portaba en su dedo índice. 

- Ah no, este anillo es mío y lo quiero llevar; mejor aquí - señaló el otro dedo sacándose la alianza de matrimonio para dejar lugar a ese anillo de compromiso que debería haber portado su antecesora. 

-¿En el dedo del anillo matrimonial?

-Exacto, en honor a ellos.

-En honor a ellos- repitió Asher al mismo tiempo que deslizaba esa cara joya por el dedo de Karen en el que encajaba perfectamente. 

-Hay algo que quiero hacer...¿te atreves?- miró Karen hacia la pantera que daba a los pasadizos. 

-¿Así? ¿Tú con un camisón blanco y yo con una bata? 

-Así- rió Karen empujando a su esposo mientras presionaba la cabeza de la estatua y se adentraban en aquellos pasadizos secretos. 

-Vamos, cógeme- instó Karen corriendo por el lugar al mismo tiempo que su pelo negro se mezclaba con la tela blanca de su camisón . 

Asher sonrió y con la ayuda del candil iba siguiendo  a ese ser místico que era su esposa hasta que ambos se detuvieron en seco. 

-¿Los has oído?-preguntó Karen sin dejar de sonreír y ojiplática. 

-Sí, y también los veo- contestó sin más Asher mirando a su alrededor, viendo sin ver nada. 

Ojos del anochecer ( III Saga de los Devonshire)©¡Lee esta historia GRATIS!