Capitulo 14. Llegó la noche.

Entré en mi habitación y estaba Sandra ya casi para acostarse. Fui hasta su cama y la abrace.

- Te quiero Sandra- dije entre su cuello mientras aguantaba las ganas de derramar más lágrimas.

- Y yo a ti nena, ¿ qué te pasa?- preguntó preocupada.

-No.. solo estoy en mis días y estoy emocionada- mentí

-Bueno ahora descansas y verás que estarás mejor, hasta mañana.

-¡hasta mañana!- besé su mejilla antes de apagar las luces y esperar a oírla hablar en sueños.

Miré mi reloj que estaba en la mesilla de noche y eran las 3:00 de la madrugada, ya Sandra estaba profundamente dormida y encendí la luz de la mesilla, estaba placidamente dormida.

Me cambié de ropa y me puse mis jeans ajustados rotos  y una camisa básica sin mangas con unas zapatillas negras. Coloqué la llave de mi diario debajo de la ropa que usaría Sandra mañana por la mañana por si acaso no volvería más recibiría mi carta.

Quien sabe Dios que me podría pasar.

Tenía mucho miedo esa noche y estaba muy oscura, solo la luz de la luna iluminaba todo el centro salvo alguna farola que había por los jardines.

Y salir por una de las pocas salidas secretas que habían, la cual descubrí junto a Manuel meses antes para poder salir por las noches al césped, toqué su colgante y miré al pasillo oscuro.

No tenía alternativa sino quería que nadie saliese herido.

Llegué hasta la entrada del jardín. Estaba llena de raíces de las plantas que se criaban en ella, se nota que hace mucho que no entran ni lo cuidan, es espeluznante.

Trepé las rejas de la entrada ,ya que estaba forjada y salté sin miedo. Caminé intentando no tropezar y con una simple luz.

La luna.

Hasta que...

-Shh.. como grites o me hagas algo tendré que atacarte- dijo una voz grave y ronca, era una persona mayor se notaba por su voz.

Me agarró los brazos hacia a tras y tapó mi boca con una de las suyas ya notaba cómo las lágrimas caían por mi cara.

Estaba más que asustada, ya pensaba que había acabado todo pero empezaba el juego.

Me llevó por otro camino hasta llegar a una de las estatuas que me acuerdo muy bien que se veían desde la ventana donde dábamos Matemáticas.

Era Afrodita quien estaba representada la diosa del amor y en sus pies estaba una especie de tumba de piedra un poco ya rota de lo deteriorada que estaba. Quizás esto antes era algún cementerio, tiene pinta por lo poco que pude ver, ya que habían cruces y este estilo de tumbas, pero... ¿que haría un cementerio detrás de un centro?.

El hombre me soltó chequeándome a ver si llevaba algún arma o objeto con el que me pudiese defender, pero sabía que no encontraría nada.

Me limpié las lagrimas y mi vista volvió a ser la que era.

Estaba rodeada por muchas personas, las cuales no podía identificar bien por la oscuridad y estaban vestidos de negro, pero sí que podía visualizar sus armas, me apuntaban a todas las partes de mi cuerpo. Pero no me temí ya nada, estaba aquí y es hora de saber qué es todo esto de una vez.

Oí unos pasos que se aproximaban a mí y entonces encendieron  una luz muy leve para que pudiera ver tanto uno como otro. Me cegué los ojos.

-Hola Suri Mcfloy, ¿porque te llamas así no?- empezó a hablar un hombre alto, con bastante mosculatura se le notaba que se trabajaba bien, iba con ropa oscura, unos pantalones vaqueros negros y una camisa con forma de" V "negra también de manga corta, pero éste no tenía ningún arma encima.- ¡Respóndeme imbécil!- me gritó.

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