Capítulo XVII: INQUIETUDES

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La llama se extinguió de las manos de Bastiaan. Glen había tomado su mochila para usarla como almohada. La muchacha debía tener un sueño inquieto, porque murmuraba y se movía de vez en cuando. No podía culparla, acababa de presenciar algo horrible, una invasión a su planeta y estaba separada de las personas que le importaban. Aunque por la forma en que su rostro se había iluminado cuando le habló de los refugios, pudo deducir que se había llenado de esperanzas.

La contempló un rato. La chica era bella, pero eso no era lo que lo fascinaba. Lo que le fascinaba era los ligeros mechones rojos de su cabello, la calidez de su piel, las vetas naranjas que brillaban en sus ojos. Apartó la vista, jamás pensó que pudiera conseguir a una persona como ella en la Tierra. Mucho menos que la arrastraría con él. Pero allí estaba, y estaba dispuesto a cuidarla. Aunque por el momento debía contactarse.

Se levantó y se alejó todo lo que pudo. Estaban muy lejos de la plaza y de Talamh. Habían caminado por varias horas, si sus cálculos eran correctos debía ser cerca de la madrugada y estaba seguro de que por ahí no había amenaza de Eidans. Sacó una tabla electrónica de su bolsillo y llamó. Le contestaron casi de inmediato. Dio su ubicación e informó que estaba en compañía de un civil. No se esperó la respuesta que le dieron: «Deshazte del civil.»

Glen se levantó de golpe

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Glen se levantó de golpe. Había soñado que un Eidan se acercaba mientras dormía y le disparaba con un arma de electricidad. Su corazón latía con fuerza y el pánico del sueño fue creciendo al comprobar que estaba sola. Miró en derredor, Bastiaan no se veía por ningún lado. Tragó saliva y se incorporó. Le daba miedo gritar, porque a pesar de que Bastiaan le había asegurado que se habían alejado mucho de la ciudad, le atemorizaba que hubiera Eidans por las zonas desoladas de la tierra, aun así se arriesgó a probar suerte, aunque lo que salió de su boca fue solo un susurro.

-¿Bastiaan? -llamó, tan bajo que quizás ni estando a su lado el muchacho hubiera podido oírla.

Apretó los labios consiente de esa realidad. Estaba pensando en ir a buscarlo, cuando escuchó un ruido. Se alegró, pensando que de seguro era Bastiaan, pero no lo era. Era un hombre albino, Glen lo vio caminar entre los árboles. Le dio tiempo de agacharse, con el corazón bamboleante en el pecho, se arrimó hacia el árbol e intentó esconderse tras de este.

El Eidan se acercó más y luego se detuvo, miró en derredor y luego Glen le vio sacar una tabla eléctrica. Le estaban llamando.

-Hola, Carl -saludó, pero no veía a la pantalla, Glen supo que no tenía una video llamada, pero el tipo tenía el aparato en altavoz porque escuchó la respuesta del otro.

-Virgil, dime que no estoy en altavoz.

-Lo estas, no te preocupes. Recuerda que me dejaron en la tierra de nadie. Llevo horas por aquí y no ha aparecido nadie. El jefe se equivocó.

-Uh, no estaría tan seguro. Estamos atareados aquí. -Glen tragó y su corazón dio un salto. La mochila de Bastiaan estaba en el suelo delante del árbol en que se ocultaba. Rogó porque la vista del Eidan no descendiera.

Voluntad de Tierra [Razas #1]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora