Capítulo 31-Memorias

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Aquí va otro! Os quiero!

Edwin Seymour y Asher Stanley emprendieron el camino hacia los dominios de Derby junto a un grupo de lacayos armados en busca de su heredero y de la protegida de Seymour, lo más probable era que el secuestrador hubiese huido y por eso iban a registrar toda la zona mientras uno de sus hombres iba en busca de las autoridades. Sin embargo, Asher se detuvo. 

-Vuelve a la propiedad y da la orden de que mi esposa no salga del salón, que se quede junto a sus hermanas- pidió a uno de los sirvientes el Conde. Por poco se olvidaba de Karen, conociéndola seguramente habría salido corriendo por toda la propiedad con el arco en la mano, no le preocupaba mucho porqué sabía que dentro de casa no había peligro pero aún así prefería que se quedara junto a las demás damas en lugar de ir sola. 

-Sí, señor- se apresuró en obedecer el mozo espoleando el caballo de vuelta a la mansión.

Reanudando la marcha y tras unos minutos de cabalgar de forma presta y en silencio vieron a una figura masculina montada a caballo acercándose. A medida que iban llegando uno al nivel del otro reconocieron al Duque de Rutland, Henry Manners. 

-¿Y este despliegue militar?- bromeó en su tono habitual el calavera ante dos de los hombres más serios e inflexibles del país. 

-Mi hijo y la pequeña de las Cavendish han desparecido, creemos que han podido ser secuestradas-repuso obstinado Asher que no soportaba a Henry, por mucho que fuera su tío. 

Tanto su padre como su madre se habían mostrado siempre reacios a la presencia de Henry hasta que éste dejó de visitarlos; su padre simplemente no entablaba conversación con él mientras que su madre lo repudiaba por su pésima reputación. Así fue como creció Asher, odiando a ese tío que a penas conocía pero que manchaba el buen nombre de la familia aunque como siempre decía su madre, era un alivio que hubiera cambiado su apellido al casarse con su padre porqué así la gente no los relacionaba. La misma rectitud en la que él fue educado hizo que al encontrarse con Henry en sociedad lo repudiara. En el primer encuentro en público con su tío, éste fue a saludarlo cariñosamente pero él se limitó a hablar-lo de "usted"  como si no lo conociera, por ese motivo a partir de ese momento Henry siempre se había dirigido a él en el mismo tono con cierto sarcasmo.  " Señor Conde", "Usted"...eran los calificativos con los que solía dirigirse a él. 

Sin embargo, ese talante jocoso en el Duque desapareció por completo en cuanto escuchó las malas noticias. 

-¿Y tu madre dónde está?- exigió saber tuteando a su sobrino por primera vez en años dejando un tanto confuso a éste. 

-Está en Sheffield -respondió preguntándose a sí mismo por qué daba explicaciones a ese canalla que además de no ser bienvenido en su familia había intentado arrebatar-le a su esposa en el pasado. 

-No creo que la "gran" Condesa Viuda de Derby haya aceptado su retiro, seguidme - ordenó posicionándose hacia el oeste con su montura. Edwin y Asher se miraron entre ellos , Edwin sí sabía del parentesco entre ambos porqué en el campo de batalla el Almirante le había contado algunos aspectos personales de su vida, por eso no se extrañó que Henry preguntara por la madre de su amigo con familiaridad pero le extrañaba que eso tuviera importancia en ese momento. ¿Quería decir que la respetable Condesa Viuda de Derby había cometido semejante ultranza? Le costaba creer tal cosa y más viniendo de un hombre que pasaba el setenta por ciento de su tiempo embriagado. Sin embargo, si algo había aprendido Edwin Seymour era que las apariencias normalmente eran contradictorias así que hizo una seña con la cabeza a Asher y éste aceptó el consejo mudo de su amigo. 

Asher, Henry y Edwin cabalgaron presto por donde Lord Manners iba dirigiendo hasta llegar a un caserío señorial de aspecto abandonado. 

-¿Esta no era vuestra casa de campo?- preguntó Asher, desconcertado,  a su tío; el cual, respondió con un asentimiento de cabeza sin mirarlo .

Ojos del anochecer ( III Saga de los Devonshire)©¡Lee esta historia GRATIS!