Capítulo 30-No hay redención

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Agárrense fuerte que vienen curvas. 

Repito  y vuelvo a repetir ve atrás si no has leído los capítulos privados del 25.2-28

Tuvieron que descender una antigua escalinata de piedra polvorienta , enmarcada por una bóveda que se cernía sobre sus cabezas, para poder llegar al túnel subterráneo. Cuando llegaron a la boca del mismo, ayudándose de los candiles, se dieron cuenta que se trataba de toda una red de caminos cruzados y que adentrarse en ellos, sin conocerlos, podía resultar peligroso.

Karen observó el lugar, aún no se habían adentrado en los pasadizos, tan sólo estaban en la entrada de ellos, y parecía que se hallaban en una especie de vestíbulo. El espacio era amplio y tenia diferentes salidas que daban a pasadizos más estrechos. En la pared, estaba grabado el escudo de los Derby como si se tratara de una señal enunciativa. Alrededor del umbral colgaban unas esferas metálicas que seguramente se usaron como soporte para las antorchas. 

-Es impresionante-habló por primera vez tras largos minutos Robert asombrándose del ingenio del ser humano. Si esos señores hubieran querido, habrían podido moverse por toda Inglaterra sin ser vistos. 

-El problema es que no sé por dónde deberíamos continuar- sinceró Lady Stanley mirando hacia las bifurcaciones.

-Aquí hay pisadas- señaló Rodrick a unas huellas casi imperceptibles sobre el polvo que se dirigían a un conducto lateral . Dicho conducto estaba dispuesto por una escalera ascendente y angosta . 

Impulsivamente Karen se adelantó decidida a seguir la pista pero Robert la empujó sutilmente tras de él mientras Rodick se quedaba en la retaguardia, de ese modo,  la esposa del Conde quedó en medio de ambos hombres. 

En cuanto superaron el tramo de las escaleras, avanzaron entre paredes que amenazaban con aplastarlos. La sensación era asfixiante y el aire cada vez más pobre en oxígeno a causa de la gran cantidad de polvo y del hermetismo. Aún con todo eso, Karen no se amedrantó sino que rasgó tres pedazos de su vestido para que pudieran proteger sus fosas nasales. 

Anduvieron por ese tramo los quince minutos más largos de sus vidas hasta llegar a otro claro similar al inicial. El efecto sofocante se aligeró y buscaron alrededor alguna señal que les indicara el camino a seguir. 

-No consigo distinguir ninguna huella aquí, el suelo es demasiado pedregoso - informó Rodrick.

-Creo que no hará falta - indicó la Condesa de Derby apuntando hacía una flecha grabada en la esquina de una de las salidas. 

-Esa flecha parece que fue grabada hace mucho- dudó Robert.

-Cierto, pero estoy segura que es por aquí- sentenció Karen recordando la carta del padre de Asher, su intuición le decía que ese era el camino que habrían hecho esos dos jóvenes enamorados para encontrarse. 

-Está bien- convino el esposo de su hermana tratando de confiar en la intuición de su cuñada-Rodrick, marca con una cruz  las pared para que cuando queramos volver no nos perdamos. 

Debieron andar veinte minutos más tras esas marcas que alguien hizo tiempo atrás, hasta que llegaron a un vestíbulo tan majestuoso como el que habían visto en la propiedad de los Derby. No dejaba de ser un lugar subterráneo pero era amplio y tenía soportes para las antorchas así como un escudo arriba de un arcos abovedado principal.

-¿A quién pertenece ese emblema? -quiso saber Rodrick fijando la vista en el tallo de la pared.

-A los Duques de Rutland...-repuso Karen cada vez más confundida. Henry Manners era el Duque de Rutland, su mejor amigo, y le había confesado haber estado enamorado de su abuela. Sin embargo, ahora había descubierto que el padre de su marido también lo estuvo... ¿Habría sido Henry el que había secuestrado a su hijo? No, no podía creerlo, Henry era un paria y un mezquino pero no había maldad en su corazón. De hecho, ¿qué sentido tendría que la ayudara con la escuela para después dañarla de ese modo?

Ojos del anochecer ( III Saga de los Devonshire)©¡Lee esta historia GRATIS!