Capítulo 48 | Inevitable

370 43 15

Capítulo laaargo y con mucha explicación.

Capítulo laaargo y con mucha explicación

¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.

Narra April

Me sobresalté en mi lugar al oír un grito, al igual que Noah que abrió sus ojos con brusquedad, mirándome al instante.

—¿Reese?—jadeó frunciendo su ceño.

—Sí—respondí con voz ahogada, parpadeando varias veces con preocupación.

Si Reese había gritado, era señal de que se encontraba en peligro.

Nos levantamos del suelo, yo cabizbaja intentando regular mi respiración para pensar bien, y Noah tapando su boca con una mano como cada vez que se sentía bloqueado mentalmente.

—¿Qué hacemos?

—No lo sé—alcé los ojos hacia él.

Noah negó con la cabeza y dio un golpe en la pared con rabia.

—No podemos estar de brazos cruzados, April. Hay que hacer algo, ahora—dijo con firmeza volviendo a posar sus cansados ojos en mí.

Suspiré y miré hacia la puerta.

—Eso es irrompible, ¿No? El material de este lugar es diferente—comenté sin mirarle.

—Supongo.

—Tenemos que hacer ruido.

—¿Ruido?

—Para llamarles la atención—le miré convencida—, gritar.

Noah se cruzó de brazos frunciendo sus labios para decir algo. Tras un par de minutos en silencio y mirando el suelo, habló:

—¿Vas a gritar a tu manera?

—No—contesté—, vamos a gritar los dos—enfaticé la última palabra—, como lo haría cualquier persona normal, estando enfadada.

Noah arrugó su nariz y movió las manos en el aire como un gesto de su incomprensión mezclada con su nerviosismo.

—¿En serio?

Me crucé de brazos sin decir nada. Suponía que con una mirada de mi parte, él lo entendería.

Y así fue. Noah resopló y dirigiendo su atención a la puerta, se acercó con largas zancadas, para después dar golpes ahí a la vez que gritaba.

—¡Enfermos mentales! ¡Quiero salir! ¡Por el amor a Dios, mi vejiga no da para mucho!

Me mordí el labio inferior intentando no reír con su último comentario. Y en silencio, me uní con él, también golpeando la puerta.

—¡No vamos a quedarnos callados si eso pretendiáis!¡Quiero salir!¡Sacadnos de aquí!

De repente, la puerta se abrió, y ambos, por instinto, nos echamos varios pasos hacia atrás, con la respiración agitada y atentos al sujeto que ingresó al cuarto.

INEFABLE ©Donde viven las historias. Descúbrelo ahora