Capitulo 32: Mi sicaria

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𝓝𝓪𝓻𝓻𝓪 𝓔𝓻𝓲𝓴𝓪

Me aprisioné en mi cuarto. Cerré tanto la puerta como la ventana con llave y corrí las persianas, sumiendo mi habitación en la oscuridad.

Me derrumbé en el suelo y abracé mis piernas contra mi pecho.

¿Que acabo de hacer?

No paraba de cuestionarme. Pero ya sabía la amarga respuesta.

En este infernal juego, estaba sola. Nadie podía ayudarme y a la par, todo el mundo estaba contra mi. Me sentía una sucia traidora. Era la marioneta preferida de Ashkore.

Tenía el corazón muy, muy roto. No me perdonaba ninguna de las lágrimas de Valkyon por mi, ni siquiera las merecía.

— ¿Por que me pasa esto a mi? —solloce.

Tocaron a la puerta. Lo ignore. Volvieron a llamar, con más insistencia. Ignore de nuevo pero la voz de Leiftan me sobresaltó;

— Abre.

Quede en silencio y negué con la cabeza.

— Déjame en paz.

Bufo desde el otro lado de la puerta.

— No me hagas enfadar. —susurró, amenazador.

Más enfadada que temerosa, me levante con cuidado y fui abrirle sin siquiera haberme dado tiempo a secarme las lagrimas. Al verme, no puedo evitar una leve expresión de impresión.

— Dime que coño quieres. Y rápido. —dije con voz monotorizada.

— Entremos. —susurró mirando de reojo el pasillo—. Aquí hay mucho cotilla.

Le dijo la sartén al cazo.

Deje que entrase lo suficiente para cerrar la puerta, pero quede frente a él sin dejarle más espacio para adentrarse. Le observaba con los brazos cruzados, mientras las lágrimas seguían cayendo por mi cara.

— Quería felicitarte. —dijo—. Lo has echo muy bien a pesar de...

Le crucé la cara. Mi mano automáticamente había salido disparada a su mejilla en una velocidad sobrehumana. Se quedó con la cara cruzada unos instantes.

— ¡Te he dicho que me dejases en paz, Leiftan! ¡No lo he echo bien, lo he echo mal! —grite y le hice una mueca de odio—. ¿¡No te parece suficiente que me hayáis obligado a hacerle daño a Valkyon, que ahora vienes a vacilarme!?

Fue girando lentamente el rostro y sus ojos color esmeralda comenzaron a brillar en la oscuridad. Comencé a temblar, pero aún así me mantuve firme.

Me daba igual lo que podía hacerme ese demonio de pacotilla.

— Que-te-fo-llen. —susurre lentamente.

Se abalanzó sobre mi, estrangulándome la garganta en el suelo. Con mis uñas, arañé sus brazos para defenderme.

— ¡NO TE PERMITO QUE ME HABLES ASÍ! —rugió—. ¡A la única que le gusta que la follen es a ti, prostituta barata!

— ¡CÁLLATE LA BOCA!

Pero esas palabras me habían dolido demasiado. Deje de luchar y comencé a llorar de nuevo... Y Leiftan se detuvo. Me miro con una expresión mezcla de la rabia y la tristeza.

Estúpida Faelienne [ELDARYA] Donde viven las historias. Descúbrelo ahora