Capítulo 50: Recuerdo

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Había llegado al fin el día viernes

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Había llegado al fin el día viernes. En realidad, él no había esperado con muchas ansias ese día, pues tendría que encontrarse con Sandra para hablar de un asunto que estaba seguro lo iba a poner en una encrucijada. Por un lado tenía la conciencia tranquila, le había contado todo a Anne y ella lo apoyaba. No tenía por qué ocultarle otra cosa, al menos estaba seguro que por ese lado no tendría problemas.

Pero por el otro lado estaba Adriano, este ni sabía lo que pasó hace unos años. Y él fue tonto, debió advertirle a tiempo. Cada día que pasaba se arrepentía más de no haberle dicho nada, de haber callado y haber tenido miedo. Cuando pudo hacerlo ya había sido demasiado tarde.

Así que llegado el día, ella lo llamó y le pidió que vaya a su apartamento. Claro que se opuso, ese era territorio de Sandra y estaba seguro que tendría alguna trampa preparada. Pero ella insistió, si no era en ese lugar no sería en ningún otro y muchos saldrían perjudicados. Aceptó, Anne incluso quiso acompañarlo al menos hasta la puerta del edificio para asegurarse que no había nada raro, pero Cameron pensó que era mejor que enfrente eso solo. Que por favor, confíe en él. Esa vez todo iba a salir bien.

Fue hacia allá de inmediato, sabía que ya no iba a tener ningún sentido retrasar ese encuentro, era mejor que pase de una vez y cerrar el círculo.

Le sorprendió que lo hiciera esperar en el lobby del edificio, como si no le tomara mucha importancia, o quizá lo quería desesperar. Subió al fin por el ascensor y lo hizo esperar un rato más en lo que abría la puerta. Y al fin lo atendió, no exactamente como esperaba, o quizá si debió pensar que ella sería capaz de algo como eso. Estaba con una bata de baño muy corta, apenas unos centímetros le cubrían las piernas y tenía un hombro al descubierto. Lo miró provocativa y él solo suspiró resignado, sabía que eso iba a pasar.

—Disculpa que me haya demorado en atenderte, pero estaba tomando una ducha. Fue necesario, me puse caliente con la sola idea de que venías a verme.

—¿Puedo pasar? —preguntó con frialdad y apenas mirándola.

—Por supuesto, puedes pasar y hacer lo que quieras. La casa y yo somos tuyas.

—Déjate de tonterías, por favor —ella se hizo a un lado con una sonrisa y él entró. Sandra cerró la puerta y se adelantó a sentarse en un sofá. Él la siguió y se sentó al otro extremo para evitar que se le acerque. Pero inmediatamente ella se movió para sentarse muy junto a él.

—¿Qué pasa, Cam? ¿Me tienes miedo? ¿Me vas a evitar como antes?

—A ver, Sandra, no quiero perder mi tiempo. Quiero que me digas de una vez a que me has citado.

—Está bien, seré directa. Estoy embarazada y quiero que firmes a tu hijo.— Por unos segundos Cameron se quedó perplejo, pero luego no pudo resistir las ganas de reír.

—¿En serio, Sandra? ¡Cuéntame un chiste mejor!

—Si, sabía que no iba a ser bueno, ¿verdad? No es muy creíble que tú seas el padre, no se lo traga nadie —dijo pensativa. La loca se estaba tomando muy en serio la estupidez que acababa de decir.

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