25. Día Cero

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Solae


Tres semanas atrás



Todo acerca de Alex me cabrea, me emputece, ¡Es que ya no lo soporto! Que siempre se haga el sordo cuando le hablo, que sea tan cuadrado y apegado a las reglas; que nunca se arriesgue a nada.

Siempre se estresa si nos atrasamos, como si llegar un día tarde al colegio fuera el fin del mundo. Y ni hablar de pedirle hacer algo que llame un poco la atención. Eso sería como exigirle que se tire de un puente, desnudo y cantando k-pop.

No sé qué mierda veía en él, ni cómo es que lo he aguantado tanto tiempo como mi amigo; pero ahora estoy más convencida que nunca que él no es para mí, que no somos compatibles. Ya me aburrí de ser la única interesada en mantener nuestra amistad en pie. O quizás, decepcionada es la palabra.

Hace unos días, por fin me atreví a confesarle mis sentimientos, pero el muy imbécil ¿qué fue lo que hizo? Obvio, hacerse el idiota. Y se alejó como si no hubiese entendido lo que le estaba proponiendo, y desde entonces se comporta como si aquello nunca hubiese ocurrido.

Está bien. Quizás no fui tan, taaan directa. Y quizás él sí es medio lerdo con estos temas; pero es que él tampoco ha hecho nunca nada por mí que me dé a entender lo contrario.

«Ya acéptalo Solae, él no te quiere y no hay vuelta atrás.»

A pesar de que he tratado mil veces de convencerme de lo contrario, de creer que podré cambiarlo y hacerlo feliz, me di cuenta que él no quiere serlo. Al menos no a mi lado. Es por eso que ya me decidí y hoy le daré una última oportunidad. Aunque no se la merece, será en honor a los años que llevamos juntos de "amistad".

Es viernes y vamos caminando juntos de vuelta del colegio. Como de costumbre, voy aferrada a su brazo, tragándome mis sentimientos y fingiendo que todo está bien. Sé que no debería, que no es algo que merezca tolerar y es por eso mismo que ésta será la última vez que lo haga.

-¿En qué piensas? -le pregunto algo sobre actuada y noto como mi consulta lo irrita. Mantener mi máscara positiva en estas condiciones me está resultando mucho más difícil que de costumbre.

No me responde y no insisto. Avanzamos en silencio otro tramo, mientras pienso en que quizás sea la última vez que caminaré abrazada a él. Respiro profundo y dejando ir su brazo, con determinación me pongo frente a él para que esta vez no se atreva a ignorarme. Ahora es cuando me dispongo a darle esa última oportunidad.

-¿Vas a hacer algo hoy? -le pregunto intentando sonar animada. No quiero que aún se de cuenta que nuestra amistad depende de lo que me responda a continuación.

-No creo, estoy bastante cansado. -me responde evasivo.

-OK, pero el domingo, sí, ¿Verdad? Recuerda que tenemos que estudiar para el examen del próximo viernes.

-¡No Solae, el domingo tampoco puedo! -me responde cortante y siento como se empieza a formar un nudo en mi garganta. Él sabe que el domingo es mi cumpleaños. Se lo estuve recordando toda la semana (aunque un amigo que te conoce desde que aprendiste a escribir esa palabra, debería recordarlo). Pero no. Él no lo recuerda y está claro que no lo recordará. Ni hoy, ni el domingo, ni nunca más. Y ya no sé qué ocurre conmigo. No soy de llorar, pero estoy a punto de hacerlo.

Me detengo y Alex sigue avanzando sin mí. Por un momento deseo que no se dé cuenta que no sigo junto a él, pero se voltea a mirarme. Antes que me diga nada, tomo yo la palabra.

No me conoces, pero soy tu mejor amigo¡Lee esta historia GRATIS!