Capítulo 9

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Terminé enfundando unos vaqueros, una camiseta de tirilla y una chaqueta de cuero. Damian había decidido comprármela, porque, según él, yo estaba fuera de moda si no tenía una, y también porque el aire estaba más frío de lo normal ya que por la noche habían empezado a caer leves indicios de nieve. El invierno se avecinaba y con él nuevos problemas.

Luego de tomar nuestras cosas, guardarlas en una mochila que llevaba yo, y salir del motel, caminamos unas cuantas cuadras en silencio —yo unos cuantos pasos detrás de él—, hasta que en cierto punto Damian se volvió de golpe hacia mí. Trastabillé, pero Damian me ayudó a mantener el equilibrio posando una mano sobre mi espalda.

—Lo siento —murmuró.

Solté un respiro.

—¿Qué sucede?

—Bueno, es que... tenemos que ir a casa de un amigo primero —dijo—. Ya no tengo mi coche y viajar en autobús me aburre, así que necesito algo con lo que transportarme.

—Podemos usar mi coche —apunté, pero arrugué la nariz de inmediato cuando recordé que la placa estaba deshabilitada.

Sus cejas se elevaron.

—¿Tienes coche? —preguntó, sorprendido.

—Sí, Dra... Amos me lo compró —corregí rápidamente.

Damian me examinó unos segundos, luego sacudió la cabeza.

—Sí... no voy a usar ese coche.

Puse los ojos en blanco.

—No seas desconfiado.

—No lo soy —aseguró, reanudando la marcha—. Solo no voy a montar un coche donde probablemente ya hayas tenido sexo con mi hermano.

Me detuve de golpe con la boca abierta, ofendida por sus palabras. Damian giró rápidamente con los ojos abiertos a tope por su gran desliz.

—No quise...

—Detente —espeté—. ¿Insinúas que soy una zorra que se revuelca con el hermano de su amorío anterior solo para olvidarlo? —Sonaba feo, y por un segundo sentí que así era. No lo de revolcarse, pero si lo de olvidar.

—¿Amorío anterior?

—Jódete —escupí, y comencé a caminar a paso rápido, dejándolo atrás.

Solo le bastó un parpadeo para igualar mi ritmo.

—Pequeña...

—No, está bien. No usaremos mi coche, porque me revolqué con Drake en el maletero, y sería funesto y bastante hipócrita invitarte a subir. A lo mejor y me abalanzo sobre ti, y entonces me convertiría en una completa zorra por estar con dos chicos al mismo tiempo, y por revolcarme con ellos en el mismo co...

Su mano tomó mi brazo, y me obligó a detenerme.

—Alto. No dije eso.

—¡¿Ah, no?! Porque a eso sonó. —La rabia se empezaba a apoderar de mí. Mi pecho ya estaba subiendo y bajando más rápido de lo normal.

Damian echó una mirada a mi alrededor y sonrió, desconcertándome.

—¡¿Qué diablos te da gracia?! —exclamé, colérica.

—Tu aura —dijo y estuve a punto de golpearle la cara.

Sacudí su mano fuera de mí y seguí caminando cuesta arriba por la acera echa una furia. Otra vez volvió a tomarme por el brazo, pero esta vez en vez de detenerme tiró de mi hacia un angostillo a nuestra derecha. Me arrinconó contra la pared, robándome una inhalación.

Caelum ©Donde viven las historias. Descúbrelo ahora