Capítulo 7

884 86 14
                                          

No supe cuánto tiempo pasé tirada en el suelo sosteniendo el cuerpo inerte de mi madre. Podrían haber sido tanto horas como minutos, no lo sabía. De lo único que era consciente era de las lágrimas que me empapaban y de los sollozos incontrolables que salían de mi interior, apretando mi garganta e impidiéndome respirar con normalidad. Mi corazón se comprimía cada vez más en mi pecho y me rehusaba a mirarla. Su rostro... ya no destilaba la alegría que siempre la había caracterizado, y la mirada de sus ojos albergaba todavía un crudo miedo. Un miedo que estaba segura se había formado en ellos al momento en que el asesino estuvo de pie frente a ella, dispuesto a acabar con su vida.

¿Qué culpa tenía mamá? Ni siquiera pertenecía a mi mundo, no sabía casi nada sobre él y no tenía nada que ver, tampoco.

Entonces, ¿por qué ella? ¿Por qué no yo?

Cerré los ojos con fuerza, dejando salir un nuevo quejido lleno de sufrimiento. Unas manos me tomaron con delicadeza por los hombros.

—Oye... tenemos que irnos. —La voz se escuchaba lejana, distorsionada, como si no me hallara realmente en ese mundo. Sabía que era él, aún estaba aquí, esperando, observando. Pero no le presté atención. Lo único que podía hacer era llorar. Llorar y esperar que el dolor menguara mientras mis glándulas lagrimales se secaban.

—Brooke. —Drake dijo mi nombre, y la forma en la que salió de él, casi como una advertencia, fue lo que me hizo abrir mis párpados y levantar la cabeza. Respiraba pesadamente, echando un vistazo alrededor—. Brooke —repitió—. Tenemos que irnos de aquí.

No me di cuenta cuando sacudí la cabeza, pero Drake murmuró a lo bajo por mi negación. No podía irme. No iba a dejar a mamá, no otra vez. Había muerto por mi culpa.

Si hubiera estado aquí...

Un ruido llamó nuestra atención, había sonado como alguien tropezando con algo. Drake se dirigió rápidamente a la puerta del despacho y lo vi echar un vistazo afuera. Fui espectadora de cómo los músculos de su espalda se tensaban.

Regresó donde mí rápidamente.

—Realmente hay que irnos de aquí. Ya.

En cualquier otro momento no habría cuestionado la autoridad en su voz, pero justo ahora no sabía si era mejor irme o quedarme. Si me iba no podría llevar a mamá conmigo, puede que jamás la volviera a ver; pero si me quedaba podía unírmele. No sabía que había allá fuera, pero si Drake estaba así no era bueno.

Otro ruido, éste más cerca.

—¡Brooke! —apremió.

Parpadeé con fuerza. Drake soltó un juramento y me tomó por los hombros, elevándome y obligándome a sostenerme sobre mis pies. Estuve a punto de caer, pero él me estabilizó con una mano en mi cintura. El cuerpo de mamá se balanceó en el suelo unos segundos y luego quedó estático. Más lágrimas se agolparon en mis ojos al ver cómo yacía, muerta.

Una figura se apeó en el umbral, obstaculizando la poca luz que entraba al despacho. Drake maldijo por lo bajo y tiró de mi hacia la ventana. El Daín empezó a caminar en mi dirección, pero Drake se interpuso en mi camino, tomando una estatuilla de la mesa de mamá y ejerciendo su agarre en ella. El Daín lo estudió con su mirada lúgubre y un segundo después cargó contra él. Un grito salió de mí cuando otro combate se estableció frente a mis ojos. Las cosas se pusieron un poco feas ahí en el pequeño despacho de mamá.

Logré tomar su cuerpo y desplazarlo a un lugar seguro, debajo de su escritorio. Sí, piensen lo que quieran, pero seguía siendo mi madre y no quería que destruyeran su cuerpo por completo, merecía una sepultura. Regresé a mi posición viendo cómo se golpeaban y sacudían de un lado a otro. Pensé en porqué Drake no le había dado ya un porrazo para volverlo cenizas, y fue en un momento en que el Daín dirigió su mirada a mí, cuando lo pude ver —realmente ver.

Caelum ©Donde viven las historias. Descúbrelo ahora