CAPITULO: 32

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GAIL

—No puedo más. Creo que voy a explotar.— me quejo a casi lloriqueo. Me encontraba tendida boca arriba en la cama con los ojos cerrados, ya era un poco más de las cinco de la tarde.

—Ahora te aguantas.— brama Mika quien estaba tendido a mi lado derecho.

—Todo esto es tu culpa.— le grito a la vez que vuelvo abrir los ojos y me quedo observando el techo a lo que él solo se ríe.

No le veo la gracia.

—Yo no te obligue a nada.— se excusa.

—Pero fue idea tuya.— le reclamó.

—Te dije que te detuvieras y me gritaste que no.— contra dice.

—Pero es que me gusta.— murmuró entre dientes.

—Entonces no te quejes.— me reprocha.

—No voy poder dormir en la noche.— me vuelvo a quejar. —Me duele...— antes de culminar mi oración me interrumpe.

—¿No y qué aguantabas otra ronda?— réplica burlón.

—Pero ya no.— espeto. —No vuelvo a comer en mínimos tres días. — agregó.

Me duele el estómago, hasta creo que voy a vomitar.

—Eso no te lo crees ni tú.— sisea. —No se cómo a una tabla tan pequeña le cabe tanta comida.— se burla soltando una carcajada. —Te comiste más de la mitad del pastel y una pizza entera, hasta tuve que pedir otra para yo poder comer y como si no fuera poco, te comiste el helado de maní que tenía en el refrigerador.— añade.

—Tenía mucha hambre.— me defiendo.

No había comido nada, desde el desayuno del día anterior.

Y así nos quedamos el resto del día encerrados en la habitación, tendidos en la cama, viendo un maratón de películas, como solíamos hacer antes y conversando cualquier cosa. Por otra parte solo quería que mi malestar pasara, la verdad me sentía mal.

Lo juro, no vuelvo a comer tanto en mi vida. Es como dice: Después de un gusto, queda el disgusto. Si vuelvo a ver otra pizza vomito.

Finalmente cayo la noche, ya muy tarde y decidimos apagar todo dejando la habitación en completa oscuridad, ya listos para dormir, yo me encontraba recostada en su pecho y podía escuchar los latidos de su corazón, que bombeaban con prisa, hasta que una nube de sueño me invadió quedando profundamente dormida.

• • • • • •

El día siguiente trascurrió de igual manera, encerrados en el departamento, la verdad es que quería salir a conocer la cuidad, pero Hannah aun se negaba a traerme mi ropa, así que no tenía más opción que quedarnos ahí, esta vez optamos por preparar nosotros mismo la comida y me asegure de no pasarme, para que no me regresara el malestar estomacal del día anterior nada agradable. Ya por la tarde decidimos realizar una vídeo llamada triple, contactadonos con mi madre Alicia y la señora Rachael. Quien ante todo le pedí una disculpa enorme por lo que había ocurrido, por un momento pensé que se molestaría conmigo, pero todo lo contrario, ahora estaba más que feliz al igual que mi madre de que por fin nosotros comenzáramos una relación de verdad. Por según ellas desde que Mika y yo nos hicimos amigos, estaban más que segura que este momento llegaría, que estábamos hechos uno para el otro.

Nosotros solo nos reíamos de sus comentarios, y no falto que la señora Johnson nos mencionara de nuevo a los preparativos de la boda, y que tanto ella como mi madre morían de ganas por ser abuelas y que pronto nos vendría a visitar. Por lo que nos apresuramos a decir que aun no estábamos en planes de casarnos, por lo menos no ahora, que apenas estábamos comenzando en esta nueva etapa y que por lo pronto, yo quería terminar mi carrera y conseguir un buen trabajo, para tener más estabilidad, aun estamos muy jóvenes para pensar en tener una familia, eso conlleva a una gran responsabilidad, así conversamos por horas hasta que se hizo de noche y culminamos la llamada. Preparamos la cena y luego nos quedamos un rato sentados en el sofá de la sala viendo televisor.

Jugando A Ser Esposos: Gail & Mika ©¡Lee esta historia GRATIS!