Cuando Máximo se despidió de ella Rosael subió a su auto, mientras se alejaba de Secret Valley se sentía como en aquella escena de la película de dinosaurios que la traumó, donde el Rex seguía al automóvil para comerse a la víctima, y aun que no había nadie siguiéndola tenía la sensación de que Catriel le seguiría el rastro, se encontraba confiando transparentemente en Máximo y su capacitad de retenerlo.

No sabía si se encontraba fascinada o espantada, y mientras manejaba por la carretera su celular volvió a sonar...

—Volvo contesta...— ordenó al computador de su auto y una voz muy familiar sonó.

—Fui un imbécil... —Rosael perdió por segundos el control del auto y mejor se estacionó al oír la tenue voz de Catriel.

— ¿Catriel? ¿Estás bien?

—Yo fui el que te hizo daño ¿y me preguntas si estoy bien? ¿Tu estas bien?

—No me hiciste daño, no te culpes por algo que no pasó, estoy bien; tengo algunos planes con mi familia por unos pocos días así que volveré después, no te estreses.

—Es lo mejor, lo nuestro ha ido muy rápido, pero es lo que menos me importa; me gustas mucho, en verdad me pareces una gran mujer, tal vez no pienses lo mismo pero espero que comprendas.

—Ya sabes que también me gustas, es solo que somos un poco complicados en cuanto a nuestras actividades sobrenaturales, tendremos que poner un calendario para marcar las lunas llenas del mes, nada que no pueda arreglarse, y también pienso que vamos rápido... pero siento que es lo correcto.

—Disfruta los días con tu familia Rose, por favor cuídate mucho, procura taparte bien en la noche y por favor... no me cambies tan rápido por otro.

—Eso no pasará, me gusta más el Lobo feroz que el príncipe azul.

—Sin duda te comería mejor, me tengo que ir, te veré en algunos días cariño, cuídate mucho mi gatita. — colgó y Rosael suspiró, la música de Dido volvió a reinar en su auto y volvió a manejar un poco más despejada.

Nadie te explica el cómo sobrellevar una relación con un licántropo, pero... ¿Qué en este mundo es fácil? Y sobre todo cuando apenas comenzaban su relación, ser "su vínculo" era algo atrayente para ella, era un sentimiento de prohibición pero también le parecía un juego un tanto lleno de sensualidad.

Aparcó su auto al llegar a la casa de Kilian y justo cuando salía su hermosa sobrina Norma salió corriendo para abrazarla.

— ¡Tía Rose!— Gritó la hermosa niña morena con el cabello largo y la abrazó sin importarle nada. — ¡La tía Victory me enseñaba un truco... me mostró como sacar monedas de las orejas de las personas!—Rosael la cargó y entró con ella en brazos.

—Mientras no te enseñe como meterlas a los oídos de las personas todo está perfecto linda— Al entrar respiró el delicioso aroma de la comida de Regina y la saludo con un beso en la mejilla.

— ¿Qué tal el viaje? Espero no muy cansado.

—No tan satisfactorio como hubiera querido pero bueno... ¿Qué se le puede hacer? — respondió bajando a Norma y Kilian entró a la estancia, sin duda una hermosa casa blanca con algunos toques Mexicanos con los que Regina había decorado.

—Me alegro de que estés aquí Rose, nuestras queridas hermanas no dejan de hablar sobre hombres... y créeme no hablo de sus esposos, me refiero más a músculos...— La saludó sacudiendo su hermosa cabellera negra y de inmediato se peinó. — Tú tienes prohibido de hablar de hombres, a menos que sea de un hombre gato y que sea yo...— le dijo a Regina abrazándola y la besó mientras cocinaba.

—Te compadezco Regina, tener que vivir toda la vida con Kilian... pobre— Dijo Rosael y Kilian sonrió contagiado por la risa de su esposa.

— ¿Qué tiene de malo mi papi tía? — preguntó Norma y Rosael le sonrió.

—Tiene una gran cabezota... eso tiene... — La pequeña sonrió y Kilian también.

—Ven conmigo corazón, vamos al jardín a jugar, dejemos que tu tía Rose hable con sus hermanas. — Kilian le tendió su mano a la pequeña Norma para que la tomara y ella lo siguió feliz cantando hasta el jardín.

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